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Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
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Oh Virgen Santísima,
Madre de Dios,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo fidelis, Virgen fiel, ¡Ruega por nosotros!
Enséñanos a creer como has creído Tú. Haz que
nuestra fe en Dios, en Cristo, en la Iglesia, sea siempre límpida,
serena, valiente, fuerte, generosa.
Mater amábilis, Madre digna de amor. Mater pulchrae dilectiónis,
Madre del Amor Hermoso, ¡Ruega por nosotros!
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos
como les amas Tú; haz que nuestro amor a los demás sea siempre
paciente, benigno, respetuoso.
Causa nostrae laetítiae, Causa de nuestra alegría,
¡Ruega por nosotros!
Enséñanos a saber captar, en la fe, la paradoja
de la alegría cristiana, que nace y florece en el dolor,
en la renuncia, en la unión con Tu Hijo Crucificado:
¡haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena para podérsela comunicar a todos!
Amén.
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Edición 612
¡CAMINEMOS
CON ESPERANZA!
30 de septiembre de
2011


TOTUS TUUS
Soy todo tuyo y todas mis cosas Te
pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.


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Oh Dios Padre
Misericordioso,
que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste al Beato Juan Pablo II
la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia
peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los
hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también
responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana,
convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en
ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que
te dignes glorificar al Beato Juan Pablo II y que me concedas por su intercesión el favor que te
pido... (pídase).
A Tí, Padre Omnipotente, origen del
cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y
de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos.
Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
25 de
marzo al 25 de diciembre
VIA MATRIS
Contemplación y meditación de los 7 Dolores de la
Virgen Santísima
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
Termina otro mes rico en fiestas de
la Santísima Virgen que, como siempre, colman de gozo el corazón
de los que nos sabemos hijos suyos. Por ello, con la hermosa
imagen de LA VIRGEN CON LA SANTÍSIMA TRINIDAD
presentamos esta última edición de septiembre que lleva
por título
¡CAMINEMOS
CON ESPERANZA! . Para ello les transcribimos la conclusión
de la Carta Apostólica
NOVO MILLENNIO INEUNTE
que constituye toda ella un vibrante grito de esperanza.
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Les recordamos que este mes hemos terminado de redactar y
diseñar el e-Curso "LAS VIRTUDES DE MARÍA SANTÍSIMA"
. Cada uno de los capítulos describe una a una las
Virtudes de María Santísima descriptas por San
Alfonso María de Ligorio en su libro Las Glorias
de María. Asimismo hemos incluído en la introducción y
en cada capítulo textos catequéticos y oraciones del Beato Juan
Pablo II y del Papa Benedicto XVI.
AMOR A DIOS
AMOR AL PRÓJIMO
CASTIDAD
ESPERANZA
FE
HUMILDAD
OBEDIENCIA
ORACIÓN
PACIENCIA
POBREZA
Para inscribirse solo deben llenar un formulario con su nombre y
su correo electrónico desde la siguiente dirección:
http://www.SantoRosario.info/formulario6.htm
Al realizar la inscripción de inmediato recibirá en su correo
electrónico nuestro mensaje de bienvenida y luego cada siete
días recibirá cada uno de los diez capítulos que contiene este
e-Curso.
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Con respecto a la
virtud de la esperanza de la Inmaculada Virgen María, San
Alfonso escribe los siguientes párrafos en Las Glorias de
María:
De la fe nace
la esperanza. Para esto Dios nos ilumina con la fe para
el conocimiento de su Bondad y de sus promesas, para que nos
animemos por la esperanza a desear poseerlas. Siendo así que
María tuvo la virtud de la fe en grado excelente, tuvo
también la virtud de la esperanza en grado sumo, la cual le
hacía proclamar con David: "Mas para mí, mi bien es estar
junto a Dios. He puesto mi cobijo en el Señor" (Sal
72,28). María es la fiel Esposa del Espíritu Santo de la que
se dijo: "Quién es Ésta que sube del desierto apoyada en
su amado" (Ct 8,5). Porque, comenta Algrino, despegada
siempre de las aficiones del mundo tenido por Ella como un
desierto, y no confiando desordenadamente en las criaturas
ni en los méritos propios, apoyada del todo en la divina
gracia en la que sólo confiaba, avanzó siempre en el amor de
su Dios.
Bien demostró la
Santísima Virgen cuán grande era su confianza en Dios cuando
próxima al parto se vio despachada en Belén aun de las
posadas más pobres y reducida a dar a luz en un establo.
"Y lo reclinó en un pesebre porque no había para ellos lugar
en la posada" (Lc 2,7). María no tuvo una palabra de
queja, sino que del todo abandonada en Dios, confió en que
Él la asistiría en aquella necesidad. También la Madre de
Dios dejó entrever cómo confiaba en Dios cuando avisada por
san José que tenían que huir a Egipto, aquella misma noche
emprendió un viaje tan largo y a país extranjero y
desconocido, sin provisiones, sin dinero, sin otra compañía
más que la de san José y el niño. "El cual,
levantándose, tomó al Niño y a su Madre y se fue a Egipto"
(Mt 2,14). Mucho después María demostró su confianza cuando
pidió al Hijo la gracia del vino para los esposos de Caná.
Después de decirle: "No tienen vino" y oír que
Jesús le decía: "Mujer, ¿qué nos va a Mí y a Ti?, aún
no ha llegado mi hora" (Jn 2,4), Ella, confiando en
su divina bondad, dijo a los criados de la casa que hicieran
lo que les dijera su Hijo, segura de que la gracia estaba
concedida: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2,4).
Y así fue, porque Jesús hizo llenar las tinajas de agua y
las convirtió en vino.
Aprendamos de
María a confiar como es debido, sobre todo en el gran
negocio de nuestra eterna salvación, en la que, si bien es
cierto que se necesita de nuestra cooperación, sin embargo
debemos esperar sólo de Dios la gracia para conseguirla.
Desconfiemos de nuestras pobres fuerzas diciendo cada uno
con el apóstol: "Todo lo puedo en Aquél que me
conforta" (Flp 4,13).
Señora mía
Santísima, de Ti me dice el Eclesiástico que eres la Madre
de la esperanza, de Ti me dice la Iglesia que eres la misma
esperanza: "Esperanza nuestra, salve". ¿Qué otra esperanza
voy a buscar? Tú, después de Jesús, eres toda mi esperanza.
Así te llamaba San Bernardo y así te quiero llamar también
yo "toda la razón de mi esperanza", y te diré siempre con
San Buenaventura: Salvación de los que te invocan, sálvame.
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Les invitamos a Implorar la
bendición y
protección de María Santísima, Madre de la Esperanza, con la
siguiente oración del Santo Padre Benedicto XVI ante la
«COLUMNA DE MARÍA» (Plaza «Am Hof», Viena, 7-IX-07)
Santa María,
Madre Inmaculada de nuestro Señor Jesucristo,
en Ti Dios nos ha dado el prototipo de la Iglesia
y el modo mejor de realizar nuestra humanidad.
Ayúdanos a todos a seguir tu ejemplo
y a orientar totalmente nuestra vida hacia Dios.
Haz que, contemplando a Cristo,
lleguemos a ser cada vez más semejantes a Él,
verdaderos hijos de Dios.
Entonces también nosotros,
llenos de toda clase de bendiciones espirituales,
podremos corresponder cada vez mejor a su Voluntad
y ser así instrumentos de paz para el mundo. Amén
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"¡Queridos hijos! Los invito a que este tiempo sea para todos ustedes tiempo de testimonio. Ustedes, los que viven en el Amor de Dios y han experimentado sus dones, testimónienlos con sus palabras y su vida para que sean alegría y estimulo en la fe para los demás. Yo estoy con ustedes e intercedo incesantemente delante de Dios por todos para que su fe sea siempre viva y alegre y en el Amor de Dios. Gracias por haber respondido a mi llamado!” Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 25/9/2011
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