|

Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
¯¯¯
Ave Regina
Caelorum
Salve,
Reina del Cielo
y Señora de los Ángeles.
Salve raíz, salve puerta,
por quien la Luz ha brillado en el mundo. Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella. Salve, agraciada Doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
"Ofrezco a los hombres
un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia
para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la firma:
JESÚS, EN TI CONFÍO"
Misericordia Divina,
que brota del seno del Padre, en Ti confío.
Edición Especial
LA CAMINATA
DE LA ENCARNACIÓN
25 de Marzo de 2008
25 de
Diciembre de 2008


Totus
tuus ego sum et omnia mea Tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi
cor Tuum, Maria.
Soy
todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida.
Dame tu Corazón, oh María.
Totus
tuus sum, Maria,
Mater nostri Redemptoris.
Virgo Dei, Virgo pia,
Mater mundi Salvatoris.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.




Oh Dios Padre
Misericordioso,
que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,
la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina,
de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres
de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad
a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los
momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir
al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo
Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su
intercesión el favor que te pido... (pídase). A Tí,
Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que
vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que
santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos
de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
Madre, Tu
protección va más allá de nuestro entendimiento
¿Quién, después
de Tu Hijo, se interesa como Tú en el género humano? ¿Quién nos
defiende sin cesar en nuestras tribulaciones? ¿Quién nos libra
tan pronto de las tentaciones que nos acosan? ¿Quién toma
nuestra defensa para disculparlas en los casos desesperados? En
virtud de la fuerza que Tu maternidad te ha
concedido ante Tu Hijo, aunque seamos condenados por nuestros
pecados y que no nos atrevamos más a mirar hacia el Cielo, Tú
por medio de Tus súplicas e intercesión nos salvas del suplicio
eterno. Por eso el afligido en Ti se refugia, el que padece la
injusticia a Ti recurre, el que está dentro del mal invoca tu
asistencia. Todo lo que viene de Ti, Madre de Dios, es
maravilloso, todo es más grande que la naturaleza, todo supera
nuestra razón y nuestras fuerzas. Tu protección va más allá de
nuestro entendimiento.
San Germán de
Constantinopla
Dulzura de los ángeles, Alegría de
los afligidos, Abogada de los cristianos,
Virgen Madre del Señor, protégeme y sálvame de los
sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro, que ha contenido a la
Trinidad excelsa: en Ti se ha complacido el Padre, ha habitado
el Hijo, y el Espíritu Santo, cubriéndote con su sombra,
Virgen, te ha hecho Madre de Dios.
Tú eres nuestra defensa ante Dios. Extiende tu mano invencible
y aplasta a nuestros enemigos. Manda a tus siervos el socorro
del Cielo. Amen.
(Oración de la Liturgia Bizantina)
Todos debemos ir hacia Ella con verdadera devoción
"La
Bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles, es
ejemplo perfecto de vida espiritual et apostólica. Mientras
llevaba en la tierra una vida parecida a la de todo el mundo,
ocupada en las labores de su familia, permaneció íntimamente
unida a su Hijo y cooperaba en la obra del Salvador a título
excepcional. Hoy en el Cielo "Su Amor maternal la
guarda atenta a los hermanos de su Hijo cuya peregrinación no
ha terminado, quienes se encuentran sumidos a penas y pruebas
hasta que vuelvan a la Patria venturosa". Todos le
debemos una verdadera devoción y nuestra vida y apostolado
debemos ponerlos bajo a su maternal solicitud."
Decreto Apostolicam Actuositatem,
4
(Concilio Vaticano II)
¯¯¯
|
|

MARÍA SANTÍSIMA, EL TESORO DE DIOS
Dios Padre
creó un depósito de todas las aguas y lo llamó mar. Creó un depósito de
todas las gracias y lo llamó María. El Dios omnipotente posee un tesoro o
almacén riquísimo en el que ha encerrado lo más hermoso, refulgente, y
precioso que tiene, incluido su propio Hijo. Este inmenso tesoro es María
Santísima, a
quien los santos llaman el Tesoro de Dios, de cuya plenitud se enriquecen
los hombres. (n.23)
Dios Hijo comunicó a su Madre cuanto adquirió mediante su vida y
muerte, sus méritos infinitos y virtudes admirables, y la constituyó
tesorera de todo cuanto el Padre le dio en herencia. Por medio de Ella aplica
sus méritos a sus miembros, les comunica virtudes y les distribuye sus
gracias. María constituye su canal misterioso, su acueducto, por el cual hace
pasar suave y abundantemente sus misericordias. (n.24)
Dios Espíritu Santo comunicó a su fiel Esposa, María, sus dones
inefables y la escogió por dispensadora de cuanto posee. De manera que Ella
distribuye a quien quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere todos
sus dones y gracias. Y no se concede a los hombres ningún don celestial que
no pase por sus manos virginales. Porque tal es la voluntad de Dios que quiere
que todo lo tengamos por María. Y porque así será enriquecida, ensalzada y
honrada por el Altísimo la que durante su vida se empobreció, humilló y
ocultó hasta el fondo de la nada por su humildad. Estos son los sentimientos
de la iglesia y de los Santos Padres. (n.25)
|
LA
VENERACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA,
MADRE DEL REDENTOR
La
piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus
expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial
relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de
Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción
de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de
Nazaret: La Virgen no es sólo la Madre del Señor y del
Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de
todos los hombres.
De
hecho, los creyentes entendemos fácilmente la relación vital
que une al Hijo y a la Madre. Sabemos que el Hijo es Dios y que
Ella, la Madre, es también Madre nuestra. Creemos en la
santidad inmaculada de la Virgen María, la veneramos como Reina
gloriosa en el Cielo, y estamos seguros de que María,
Madre de Misericordia, intercede en nuestro favor, y por tanto
imploramos con confianza Su protección. Por ello celebramos con
gozo sus fiestas, participamos con gusto en sus procesiones,
acudimos en peregrinación a sus Santuarios, nos gusta cantar en
su honor, y le presentamos ofrendas votivas.
La
Iglesia nos exhorta a todos – ministros sagrados, religiosos,
fieles laicos – a alimentar nuestra piedad personal y
comunitaria con ejercicios de piedad. El culto litúrgico, no
obstante su importancia objetiva y su valor insustituible, su
eficacia ejemplar y su carácter normativo, no agota todas las
posibilidades de expresión de la veneración del pueblo de Dios
a la Santa Madre del Señor.
A
las tradicionales devociones que a continuación señalamos:
Triduos
y Novenas Marianas.
Mes de María
"Ángelus Domini"
"Regina caeli"
Santo Rosario
Letanías de la Virgen.
Consagración-Entrega a María.
Escapulario del Carmen y otros
escapularios.
Medallas marianas.
Himno "Akathistos"
se ha incorporado en los últimos años la CAMINATA DE LA
ENCARNACIÓN.
CAMINATA
DE LA ENCARNACIÓN
Desde
el 25 de Marzo al 25 de
Diciembre los creyentes podemos participar de una devoción
que lleva por nombre CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN,
en la cual nos dirigimos diariamente a NUESTRA SEÑORA
DE LA ENCARNACIÓN durante los 9 meses que llevó
a Jesús en su Purísimo Seno.
Durante la LA
CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN, cada creyente-caminante
acostumbra a pedir a la Santísima Virgen que le ayude a
conseguir tres gracias muy especiales.
En esta
edición especial de El Camino de María, les detallamos
a continuación las Oraciones y Meditaciones
sugeridas para rezar diariamente a María Santísima, en
su advocación de NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN.
María
Santísima, Madre de Gracia y de Misericordia, míranos
con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús
y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él,
mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en
el Sacramento de la Reconciación, que trae sosiego al
alma. Te suplicamos que nos concedas un amor muy
grande a todos los santos Sacramentos, que son como
las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra. Así,
Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
con nuestros corazones libres de mal y de odio
podremos llevar a todos la verdadera alegría y la
verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu
Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
|
 |
|