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EL CAMINO DE MARIA: Newsletter 578. CUARESMA 2011 . QUINTO DOMINGO DE CUARESMA. CREER EN CRISTO. LA FUERZA DE LA FE. Editada por SantoRosario.info

 

EL CAMINO DE MARÍA

Cum Maria contemplemur Christi vultum!

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Si dijeses basta, estás perdido. Ve siempre a más, camina siempre, progresa siempre. No permanezcas en el mismo sitio, no retrocedas, no te desvíes (San Agustín, Sermo 169, 15)

JESUS, CONFIO EN TI

"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO"  

Misericordia Divina, que brota del seno del Padre, en Ti confío.

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Himno “Audi benigne Conditor”

Oh Creador, Tú conoces el corazón del hombre,
comprendes nuestras lágrimas y el clamor de nuestra plegaria.
En este santo ayuno cuaresmal, condúcenos al desierto, purifícanos.

En tu ternura, Señor, escrutas nuestros corazones, conoces la debilidad de todas nuestras fuerzas, da, a todo el que vuelve a Ti, el perdón y la gracia de tu Amor.

Sí,hemos pecado contra Ti:
perdona a los que lloran y confiesan tu Nombre.
Para alabanza de tu gloria,
inclínate sobre nuestras heridas, Señor, y sánanos.

Que la abstinencia libere nuestro cuerpo, que tu gracia lo ilumine en este tu Cuerpo de Luz.
Que nuestro espíritu se vuelva sobrio, que evite todo mal y todo pecado.

Te rogamos, Santísima Trinidad, que nos conduzcas hasta los goces de las fiestas pascuales. y veremos a Cristo elevarse, de entre los muertos, glorioso y viviente.

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Confieso mi culpa ante Ti: he seguido mi propio camino, me alejé de Ti; te abandoné siendo así que Contigo estaba bien; y, si ha sido doloroso para mí el haber estado sin Ti, ha sido para mi bien. Porque si me hubiera encontrado bien sin Ti, posiblemente no hubiera querido regresar a Ti. (San Agustín)

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Edición 578

Tiempo de Cuaresma

Semana V

Quinto Domingo

10 de abril de 2001

Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.

Soy todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen
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Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste al Beato Juan Pablo II la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que me concedas por su intercesión el favor que te pido (...) (pídase).

A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria

VIA MATRIS

Contemplación y meditación de los 7 Dolores de la Virgen Santísima

 

Queridos Suscriptores de "El Camino de María"

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Desde el Domingo III de Cuaresma, hemos entrado en el corazón de este particular tiempo de conversión y de renovación espiritual, que nos llevará hasta Pascua. El tercer, cuarto y quinto domingo de Cuaresma forman un estimulante itinerario bautismal que se remonta a los primeros siglos del cristianismo, cuando por norma se administraban los Bautismos durante la Vigilia pascual. Los «catecúmenos», después de unos tres años de catequesis bien estructurada, en las últimas semanas de Cuaresma recorrían las etapas finales de su camino, recibiendo simbólicamente el «Credo», el «Padrenuestro» y el «Evangelio». Por este motivo todavía hoy la liturgia de estos domingos se caracteriza por tres textos del Evangelio de Juan, que son propuestos según un esquema antiquísimo: a) Jesús promete a la Samaritana el agua viva, b) Jesús vuelve a dar la vista al ciego de nacimiento, c) Jesús resucita de la tumba a su amigo Lázaro. Queda así clara la perspectiva del Bautismo: a través del agua, símbolo del Espíritu Santo, el creyente recibe la Luz y renace en la fe a una vida nueva y eterna.

En el Evangelio del Domingo de la 5ª semana de Cuaresma leemos el relato de uno de los signos del Amor de DiosCristo con una palabra restituyó la vida física a Lázaro. Anteriormente lo había hecho con el hijo de la viuda de Naín y con la hija de Jairo. Otros signos de Su Amor misericordioso fueron devolver la vida espiritual a Zaqueo, a María Magdalena, a la adúltera y a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora.

En la descripción cuidadosa de este episodio se pone de relieve que Jesús resucitó a su amigo Lázaro con el propio poder y en unión estrechísima con el Padre. Aquí hallan su confirmación las palabras de Jesús: "Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro Yo también" (Jn 5,17), y tiene una demostración, que se puede decir preventiva, lo que Jesús dirá en el Cenáculo, durante la conversación con los Apóstoles en la última Cena, sobre sus relaciones con el Padre y, más aún, sobre su identidad sustancial con El.

El Santo Padre Benedicto XVI hizo la siguiente meditación antes del rezo del Ángelus del Domingo 9 de marzo de 2008.

En nuestro itinerario de Cuaresma hemos llegado al V Domingo, caracterizado por el Evangelio de la resurrección de Lázaro (Juan 11, 1-45). Se trata del último gran «signo» realizado por Jesús, tras el cual los sumos sacerdotes reunieron al Sanedrín y decidieron matar incluso al mismo Lázaro, que era la prueba viviente de la divinidad de Cristo, Señor de la vida y de la muerte.

En realidad, esta página del Evangelio muestra a Jesús como verdadero Hombre y verdadero Dios. Ante todo, el evangelista insiste en su amistad con Lázaro y con las hermanas Marta y María. Subraya que Jesús les amaba (Cf. Juan 11, 5), y por este motivo quiso realizar el gran milagro. «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle» (Juan 11, 11), dijo a sus discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la ve como un sueño, del que se puede despertar. Jesús demostró un poder absoluto ante esta muerte: puede verse cuando devolvió la vida al joven hijo de la viuda de Naím (Cf. Lucas 7, 11-17) y a la niña de doce años (Cf. Marcos 5, 35-43). De ella dijo precisamente: «No ha muerto; está dormida» (Marcos 5,39), provocando burlas entre los presentes. Pero es precisamente así: la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento.

Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar sincera "com-pasión" por el dolor de la lejanía. Viendo llorar a Marta y María y a cuantos habían venido a consolarle, también Jesús «se conmovió interiormente, se turbó» y «se echó a llorar» (Juan 11, 33.35). El Corazón de Cristo es divino-humano: en Él, Dios y Hombre se han encontrado perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la Encarnación del Dios que es Amor, Misericordia, ternura paterna y maternal, del Dios que es Vida. Por este motivo declaró solemnemente a Marta:
«Yo soy la Resurrección,  el que cree en Mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás». Y añadió: «¿Crees esto?» (Juan 11, 25-26).

Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que ciertamente nos supera, supera nuestra capacidad de comprensión y nos pide que nos encomendemos a Él como Él se encomendó a su Padre.

La respuesta de Marta es ejemplar: «Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (Juan 11, 27). Sí, ¡Señor! Nosotros también creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en Ti, porque Tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en Ti, que nos das una esperanza confiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y llena en tu Reino de luz y de paz.

Encomendamos nuestra oración a María Santísima. Que su intercesión refuerce nuestra fe y nuestra esperanza en Jesús, especialmente en los momentos de mayor prueba y dificultad."

"¡Queridos hijos, de manera especial, hoy deseo invitaros a la conversión. Que a partir de hoy comience una vida nueva en vuestro corazón. Hijitos, deseo ver vuestro “sí” y que vuestra vida sea el vivir con alegría la Voluntad de Dios en cada momento de vuestra vida. Hoy, de manera especial, Yo os bendigo con mi bendición maternal de paz, de amor y de unidad en mi Corazón y en el Corazón de mi Hijo Jesús. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!" Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 25/3/2011

CATEQUESIS DEL BEATO JUAN PABLO II

         

LOS MILAGROS:

UN LLAMADO A LA FE EN CRISTO

Audiencia general . Miércoles 16 de diciembre de 1987

LOS MILAGROS: UN LLAMADO A LA FE

 

Queridos hermanos y hermanas

Los "milagros y los signos" que Jesús realizaba para confirmar su misión mesiánica y la venida del Reino de Dios, están ordenados y estrechamente ligados a la llamada a la fe. Esta llamada con relación al milagro tiene dos formas: la fe precede al milagro, más aún, es condición para que se realice; la fe constituye un efecto del milagro, bien porque el milagro mismo la provoca en el alma de quienes lo han recibido, bien porque han sido testigos de él (...)

Jesús subraya más de una vez que los milagros que El realiza están vinculados a la fe. "Tu fe te ha curado", dice a la mujer que padecía hemorragias desde hacia doce años y que, acercándose por detrás le había tocado el borde de su manto, quedando sana (cfr. Mt 9, 20-22; Lc 8, 48; Mc 5, 34). Palabras semejantes pronuncia Jesús mientras cura al ciego Bartimeo, que, a la salida de Jericó, pedía con insistencia su ayuda gritando: "¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mi!" (cfr. Mc 10, 46-52). Según Marcos: "Anda, tu fe te ha salvado" le responde Jesús. Y Lucas precisa la respuesta: "Ve, tu fe te ha hecho salvo" (Lc 18,42).

Una declaración idéntica hace al Samaritano curado de la lepra (Lc 17, 19). Mientras a los otros dos ciegos que invocan a volver a ver, Jesús les pregunta: "«¿Creéis que puedo yo hacer esto?». «Sí, Señor»... «Hágase en vosotros, según vuestra fe»" (Mt 9, 28-29).

Impresiona de manera particular el episodio de la mujer cananea que no cesaba de pedir a ayuda de Jesús para su hija "atormentada cruelmente por un demonio". Cuando la cananea se postró delante de Jesús para implorar su ayuda, El le respondió: "No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos." (Era una referencia a la diversidad étnica entre israelitas y Cananeos que Jesús, Hijo de David, no podía ignorar en su comportamiento práctico, pero a la que alude con finalidad metodológica para provocar la fe). Y he aquí que la mujer llega intuitivamente a un acto insólito de fe y de humildad. Y dice: "Cierto, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores". Ante esta respuesta tan humilde, elegante y confiada, Jesús replica: "¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como tú quieres" (cfr. Mt 15, 21-28).

Es un suceso difícil de olvidar, sobre todo si se piensa en los innumerables "cananeos" de todo tiempo, país, color y condición social que tienden su mano para pedir comprensión y ayuda en sus necesidades!

Nótese cómo en la narración evangélica se pone continuamente de relieve el hecho de que Jesús, cuando "ve la fe", realiza el milagro. Esto se dice expresamente en el caso del paralítico que pusieron a sus pies desde un agujero abierto en el techo (cfr. Mc 2, 5; Mt 9, 2; Lc 5, 20). Pero la observación se puede hacer en tantos otros casos que los evangelistas nos presentan. El factor fe es indispensable; pero, apenas se verifica, el corazón de Jesús se proyecta a satisfacer las demandas de los necesitados que se dirigen a El para que los socorra con su poder divino.

Una vez más constatamos que, como hemos dicho al principio, el milagro es un "signo" del poder y del amor de Dios que salvan al hombre en Cristo. Pero, precisamente por esto es al mismo tiempo una llamada del hombre a la fe. Debe llevar a creer sea al destinatario del milagro sea a los testigos del mismo.

Esto vale para los mismos Apóstoles, desde el primer "signo" realizado por Jesús en Caná de Galilea; fue entonces cuando "creyeron en El" (Jn 2, 11). Cuando, más tarde, tiene lugar la multiplicación milagrosa de los panes cerca de Cafarnaum, con la que está unido el pre-anuncio de la Eucaristía, el evangelista hace notar que "desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían", porque no estaban en condiciones de acoger un lenguaje que les parecía demasiado "duro". Entonces Jesús preguntó a los Doce: '¿Queréis iros vosotros también?'. Respondió Pedro: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (cfr. Jn 6, 66-69).

Así, pues, el principio de la fe es fundamental en la relación con Cristo, ya como condición para obtener el milagro, ya como fin por el que el milagro se ha realizado. Esto queda bien claro al final del Evangelio de Juan donde leemos: "Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los discípulos que no están escritas en este libro; y éstas fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre" (Jn 20, 30-31).

    

 

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EL CAMINO DE MARIA . Edición número 578 para %EmailAddress%

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