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Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
"Contemplar el
Rostro de Cristo, y contemplarlo con María, es el «programa» que he
indicado a la Iglesia en el alba del tercer milenio, invitándola a remar
mar adentro en las aguas de la historia con el entusiasmo de la nueva
evangelización. (Beato Juan Pablo II . Ecclesia de Eucharistia n°7)
"Ofrezco a los
hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la
Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con
la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO"
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Newsletter 751
DOMINGO DE
LA DIVINA MISERICORDIA
7
de abril de 2013


Soy
todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida.
Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.



IMPLORAR FAVORES POR
INTERCESIÓN DEL BEATO JUAN PABLO II
Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro
Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del
Espíritu Santo, concediste al Beato Juan Pablo II la gracia de ser
Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e
hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad,
haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la
vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de
mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te
ruego que me concedas por su intercesión el favor que te pido (...)
(pídase).
A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el
que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que
santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos
de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
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Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
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La fiesta que celebramos el
Domingo II de Pascua es, de entre todas las
formas de la devoción a la Divina
Misericordia, la que tiene mayor rango.
Jesús habló por primera vez a Santa
Faustina de instituir esta fiesta el 22
de febrero de 1931 en Plock el mismo día
en que le pidió que pintara su imagen y
le dijo: “Yo deseo que haya una
Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero
que esta imagen que pintarás con el
pincel, sea bendecida con solemnidad el
primer Domingo después de la Pascua de
Resurrección; ese Domingo debe ser la
Fiesta de la Misericordia”.
Durante los años posteriores, Jesús le
repitió a Santa Faustina este deseo en
catorce ocasiones, definiendo
precisamente la ubicación de esta fiesta
en el calendario litúrgico de la
Iglesia, el motivo y el objetivo de
instituirla, el modo de prepararla y
celebrarla, así como las gracias a ella
vinculada.
Por fin, el 30 de abril del año 2000,
coincidiendo con la canonización de
Santa Faustina, “Apóstol de la Divina
Misericordia”, el Beato Juan Pablo
II instituyó oficialmente la Fiesta de
la Divina Misericordia a celebrarse
todos los años en esa misma fecha:
Domingo siguiente a la Pascua de
Resurrección.
Luego de su
Homilía,
el Beato
Juan Pablo II anunció:
«En todo el mundo, el segundo Domingo de Pascua
recibirá el nombre de Domingo de la Divina
Misericordia. Una invitación perenne para el
mundo cristiano a afrontar, con confianza en la
benevolencia divina, las dificultades y las pruebas
que esperan al genero humano en los años venideros».
Con la institución de esta
Fiesta, el Beato Juan Pablo II concluyó la tarea asignada
por Nuestro Señor Jesús a Santa Faustina en Polonia,
69 años atrás, cuando en febrero de 1931 le dijo:
“Deseo que haya una Fiesta de la
Misericordia”. Dicha Fiesta constituye uno
de los elementos centrales del Mensaje de la Divina
Misericordia según le fuera revelado por nuestro
Señor a Sor Faustina.
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DOMINGO
DE LA DIVINA
MISERICORDIA
La
Iglesia celebra
el Domingo de la Divina Misericordia,
«una invitación perenne a afrontar, con confianza
en la benevolencia divina, las dificultades y
pruebas» de la humanidad. La preparación de
la fiesta se ha iniciado el Viernes Santo con el
inicio de la
Novena
a la Divina Misericordia.
"...El Papa Juan Pablo II, valorando la
experiencia espiritual de una humilde religiosa,
Santa Faustina Kowalska, quiso que el Domingo
después de Pascua estuviera dedicado de una forma
especial a la Divina Misericordia; y la
Providencia dispuso que él muriera precisamente en
la vigilia de tal día [en las manos de la
Misericordia Divina]. El misterio del Amor
Misericordioso de Dios estuvo en el centro del
pontificado de mi venerado Predecesor. Recordemos,
en particular, la Encíclica
DIVES IN MISERICORDIA
de 1980, y la dedicación del nuevo Santuario
de la Divina Misericordia en Cracovia, en 2002. Las
palabras que él pronunció en esa última ocasión
fueron como una síntesis de su magisterio,
evidenciando que el culto de la Misericordia Divina
no es una devoción secundaria, sino dimensión
integrante de la fe y de la oración del cristiano."
(Benedicto XVI, Ángelus. Domingo 23 de abril de
2006) .
DEVOCIÓN
A LA DIVINA
MISERICORDIA Le
invitamos a leer en nuestro sitio
BeatoJuanPabloII.org
los
principales aspectos de la Devoción a la
Divina
Misericordia, según surge de las
anotaciones del Diario
"LA
DIVINA MISERICORDIA EN MI ALMA" .
Durante la década de 1930,
Santa Faustina anotó en su Diario las enseñanzas
recibidas directamente de Nuestro Señor
Jesucristo en torno a la
Divina Misericordia;
sus experiencias místicas, así como sus
reflexiones y oraciones.
http://www.beatojuanpabloii.org/DivinaMisericordia
En
dicha dirección podrá leer, meditar e imprimir
el siguiente contenido:
LA NOVENA A LA DIVINA
MISERICORDIA
LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA
LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA
COMO REZAR LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA
LA IMAGEN DE LA DIVINA MISERICORDIA
LA HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA

LA
MISERICORDIA DE DIOS SIEMPRE VENCE
"...Quisiera que llegara sobre todo al corazón de cada uno, porque es
allí donde Dios quiere sembrar esta Buena Nueva: Jesús ha resucitado, hay la
esperanza para ti, ya no estás bajo el dominio del pecado, del mal. Ha vencido
el amor, ha triunfado la misericordia. La Misericordia de Dios siempre vence.
También nosotros, como las mujeres discípulas de Jesús que fueron
al sepulcro y lo encontraron vacío, podemos preguntarnos qué sentido tiene este
evento (cf. Lc 24,4).
¿Qué significa que Jesús ha resucitado? Significa que el Amor de Dios es más
fuerte que el mal y la muerte misma, significa que el Amor de Dios puede
transformar nuestras vidas y hacer florecer esas zonas de desierto que hay en
nuestro corazón. Y esto lo puede hacer el Amor de Dios.
Este mismo Amor por el que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, y
ha ido hasta el fondo por la senda de la humildad y de la entrega de Sí, hasta
descender a los infiernos, al abismo de la separación de Dios, este mismo Amor
Misericordioso ha inundado de luz el Cuerpo muerto de Jesús, y lo ha
transfigurado, lo ha hecho pasar a la vida eterna. Jesús no ha vuelto a su vida
anterior, a la vida terrenal, sino que ha entrado en la vida gloriosa de Dios y
ha entrado en ella con nuestra humanidad, nos ha abierto a un futuro de
esperanza.
He aquí lo que es la Pascua: el éxodo, el paso del hombre de la
esclavitud del pecado, del mal, a la libertad del amor y la bondad. Porque Dios
es vida, sólo vida, y su gloria somos nosotros: es el hombre vivo (cf. san
Ireneo, Adv. haereses,
4,20,5-7).
Queridos hermanos y hermanas, Cristo murió y resucitó una vez
para siempre y por todos, pero el poder de la resurrección, este paso de la
esclavitud del mal a la libertad del bien, debe ponerse en práctica en todos los
tiempos, en los momentos concretos de nuestra vida, en nuestra vida cotidiana.
Cuántos desiertos debe atravesar el ser humano también hoy. Sobre todo el
desierto que está dentro de él, cuando falta el Amor de Dios y del prójimo,
cuando no se es consciente de ser custodio de todo lo que el Creador nos ha dado
y nos da. Pero la Misericordia de Dios puede hacer florecer hasta la tierra
más árida, puede hacer revivir incluso a los huesos secos (cf. Ez 37,1-14).
He aquí, pues, la invitación que hago a todos: Acojamos la gracia
de la Resurrección de Cristo. Dejémonos renovar por la Misericordia de Dios,
dejémonos amar por Jesús, dejemos que la fuerza de su Amor transforme también
nuestras vidas; y hagámonos instrumentos de esta Misericordia, cauces a través
de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer
florecer la justicia y la paz..."
(Del Mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre
Francisco - Pascua 2013)
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