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EL CAMINO DE MARIA. Edicion 687. LA EXALTACION DE LA SANTA CRUZ . LA VIRGEN DE LOS DOLORES . Editada por SantoRosario.info, MariaMediadora.com, Virgo.Fidelis.com.ar

EL CAMINO DE MARÍA

Cum Maria contemplemur Christi vultum!

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Nuestra Señora a Santa Brígida

"Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios"

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Edición 687

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

14 de septiembre de 2012

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VIRGEN DE LOS DOLORES

15 de septiembre de 2012

Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.

Soy todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen.

LA VIRGEN DE LOS DOLORES
 
 
15 de septiembre de 2012

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LOS 7 DOLORES DE LA VIRGEN MARÍA

1.LA PROFECÍA DE SIMEÓN EN LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO.

 Lucas 2: 25-35.

2.LA HUÍDA A EGIPTO CON JESÚS Y JOSÉ.

Mateo 2: 13-15.

3.EL NIÑO JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO.

Lucas 2: 41-50.

4,EL ENCUENTRO DE MARÍA CON CRISTO EN EL CAMINO DEL CALVARIO.

Via Crucis - IV Estación.

5.LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS

Juan 19: 25-30.

6.JESÚS ES DESCENDIDO DE LA CRUZ Y DESCANSA EN EL REGAZO DE SU MADRE.

Marcos 15, 42-46

7JESÚS ES COLOCADO EN  EL SEPULCRO  LA SOLEDAD DE LA VIRGEN MARÍA

Juan 19, 38-42

VIA MATRIS

Contemplación y meditación de los 7 Dolores de la Virgen Santísima

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"¡Oh santa Madre verdaderamente una espada ha traspasado tu alma!... Hasta tal punto la violencia del dolor ha traspasado tu alma, que con razón te podemos llamar más que mártir, porque en Ti la participación en la Pasión del Hijo superó con mucho en intensidad los sufrimientos físicos del martirio"

(San Bernardo . Sermón en el Domingo dentro de la octava de la Asunción, 14: PL 183, 437-438).

Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

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El 14 y 15 de septiembre la Iglesia nos presenta dos celebraciones litúrgicas que nos invitan a realizar una peregrinación espiritual hasta el Calvario:  la Exaltación de la Santa Cruz y  la Virgen de los Dolores.   Ambas nos invitan a unirnos a la Virgen María en la contemplación del misterio de la Santa Cruz.

La memoria de la Virgen de los Dolores nos recuerda los dolores que sufrió la Madre de Jesús, sobre todo el día de la Pasión y Muerte de su Hijo, dolores que fueron profetizados por el anciano Simeón, cuando en el templo de Jerusalén dijo a María que una espada le traspasaría el corazón. La piedad popular ha representado a la Virgen Dolorosa con un corazón traspasado por siete espadas que simbolizan otros tantos dolores de María (hasta hace pocos años, esta conmemoración se denominaba "Los siete dolores de la Virgen María").  El tema de los dolores de la Madre de Jesús ha sido, en el correr de los siglos, fuente de inspiración para el arte cristiano. Pinturas y esculturas, poesías y cánticos tienen como motivo los dolores de la Virgen. Entre ellos sobresale la antífona "Stabat Mater", que ha inspirado a grandes maestros de la música.
 
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"...El martirio de la Virgen nos ha sido transmitido tanto en la profecía de Simeón como en el relato de la Pasión del Señor. «Este Niño está allí, dice del Niño Jesús el santo anciano, como un signo de contradicción, y a Ti, le habla ahora a María, una espada te traspasará el corazón.» Madre bendita, es cierto que una espada traspasó tu alma.

Además, sólo traspasándola pudo penetrar en la carne de tu Hijo. Después de que tu Jesús diera el último suspiro, la lanza que le abrió el costado evidentemente no pudo alcanzar a su alma; pero la tuya sí la traspasó. Su alma, en efecto, ya no estaba más allí, pero estaba la tuya sí estaba.

No os asombréis, hermanos, si se dice que María es mártir en su alma. El que se asombra olvida -lo habéis oído- que Pablo cuenta la falta de afecto entre los crímenes más grandes de los paganos. Pero esto no fue del todo así para el Corazón de María. Que lo sea también para sus humildes servidores."
(Sermón de San Bernardo)
 
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El Beato Juan Pablo II expresó en la meditación antes del rezo del Ángelus del Domingo 15 de septiembre de 1991:

"Stabat Mater dolorosa...". Hoy, 15 de septiembre en el calendario litúrgico se celebra la memoria de los dolores de la Santísima Virgen María. Esta fiesta fue precedida por la de la Exaltación de la Santa Cruz que celebramos ayer.

¡Qué desconcertante es el misterio de la Cruz! Después de haber meditado largamente en él San Pablo escribió a los cristianos de Galacia "En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo" (Ga 6, 14).

También la Santísima Virgen podría haber repetido —¡y con mayor verdad!— esas mismas palabras. Contemplando a su Hijo moribundo en el Calvario había comprendido que la "gloria" de su maternidad divina alcanzaba en aquel momento su ápice, participando directamente en la obra de la Redención. Además, había comprendido que a partir de aquel momento el dolor humano, hecho suyo por el Hijo Crucificado, adquiría un valor inestimable.

Hoy, por tanto, la Virgen de los Dolores, firme junto a la Cruz, con la elocuencia muda del ejemplo, nos habla del significado del sufrimiento en el Plan Divino de la Redención.

Ella fue la primera que supo y quiso participar en el misterio salvífico "asociándose con entrañas de madre a su sacrificio consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que Ella misma había engendrado" (Lumen gentium 58). Íntimamente enriquecida por esta experiencia inefable, se acerca a quien sufre, lo toma de la mano y lo invita a subir con Ella al Calvario y a detenerse ante el Crucificado.

En aquel cuerpo martirizado está la única respuesta convincente para las preguntas que se elevan imperiosamente desde el corazón. Y con la respuesta se recibe también la fuerza necesaria para desempeñar el propio papel en la lucha que —como escribí en la carta apostólica Salvifici doloris— opone las fuerzas del bien a las del mal (cf. n. 27). Y agregué: "Los que participan en los sufrimientos de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y pueden compartir este tesoro con los demás"

Pidamos a la Virgen de los Dolores que alimente en nosotros la firmeza de la fe y el ardor de la caridad, de forma que llevemos con valor nuestra cruz cada día (cf. Lc 9, 23) y así participemos eficazmente en la obra de la redención. "Fac ut ardeat cor meum", "¡haz que, amando a Cristo, se inflame mi corazón, para que pueda agradarle!"  Amén.

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Señor Jesucristo,
Tú que en el momento de la Agonía
no has permanecido indiferente a la suerte del hombre
y con Tu último Respiro
has confiado con Amor a la Misericordia del Padre
a los hombres y mujeres de todos los tiempos
con sus debilidades y pecados,
llénanos a nosotros y a las generaciones futuras
de Tu Espíritu de Amor,
para que nuestra indiferencia
no haga vanos en nosotros los frutos de Tu Muerte.
A Ti, Jesús Crucificado,
Sabiduría y Poder de Dios,
Honor y Gloria por los siglos de los siglos.
R/.Amén.

MEDITACIONES DEL VIA CRUCIS - VIERNES SANTO 2009

 

XII - LA MADRE DE JESÚS AL PIE DE LA CRUZ

Meditación Duodécima Estación - Via Crucis 2009

XIII - JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Meditación Decimotercera Estación - Via Crucis 2009

VIA CRUCIS VIERNES SANTO 2009 . MEDITACIONES

XII - LA MADRE DE JESÚS AL PIE DE LA CRUZ

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según San Juan 19, 25-27

Junto a la Cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo:  «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

MEDITACIÓN

En el sufrimiento anhelamos la solidaridad. María, la Madre, nos  recuerda el amor, el apoyo y la solidaridad dentro de la familia, Juan la lealtad dentro de la comunidad. Unión familiar, lazos comunitarios, vínculos de amistad son esenciales para el florecimiento de los seres humanos. En una sociedad anónima pierden vigor. Cuando faltan, nuestra misma humanidad se debilita. Además en María no notamos el mínimo signo de resentimiento; ni una palabra de amargura. La Virgen se convierte en un arquetipo del perdón en la fe y en la esperanza. Nos indica el camino hacia el futuro. También aquellos que quisieran responder a la injusticia violenta con una "justicia violenta" saben que esta no es la respuesta resolutiva. El perdón suscita la esperanza.

Existen también ofensas históricas que a lo largo de siglos hieren las memorias de la sociedad. Si no transformamos nuestra ira colectiva en nuevas energías de amor a través del perdón, pereceremos conjuntamente. Cuando la curación llega mediante el perdón, encendemos una luz que anuncia futuras posibilidades para «la vida y el bienestar» de la humanidad (cf. Ml 2, 5).

ORACIÓN

Señor Jesús, tu Madre permaneció silenciosamente a tu lado en tu agonía final. Ella, que permanecía escondida cuando te aclamaban como a un gran profeta, está junto a Ti en tu humillación. Haz que yo tenga el valor de permanecer fiel también donde no te reconocen. Haz que no me sienta nunca avergonzado por pertenecer al «pequeño rebaño» (Lc 12, 32).

Señor, ayúdame a recordar que también aquellos que considero mis "enemigos" pertenecen a la familia humana. Si me tratan injustamente, haz que mi oración sea «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Puede suceder que en este contexto alguien reconozca improvisamente el verdadero Rostro de Cristo y grite como el centurión: «Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15, 39).

XIII - JESÚS MUERE EN LA CRUZ

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según San Lucas 23, 46

Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y, dicho esto, expiró.

MEDITACIÓN

Jesús entrega su espíritu al Padre con sereno abandono. Aquello que sus perseguidores consideraban un momento de derrota se demuestra de hecho un momento de triunfo. Cuando un profeta muere por la causa que ha sostenido, da la prueba definitiva de todo aquello que ha dicho. La muerte de Cristo es algo más. Trae la Redención (cf. Ga 3, 13). «En Él hemos sido redimidos por su Sangre y hemos recibido el perdón de los pecados» (Ef 1, 7).

De este modo comienza para mí un camino místico: Cristo me atrae más cerca de Sí hasta que le pertenezca plenamente (cf. Jn 12, 32; Flp 3, 12-14; Ga 2, 20). «Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por Ti, mi Dios. ¿Cuándo podré contemplar el Rostro de Dios?» (Sal 42, 2-3).

ORACIÓN

Señor Jesús, por mis pecados has sido clavado en la Cruz. Ayúdame a tomar mayor conciencia de la gravedad de mis culpas y de la inmensidad de tu amor. «En efecto, cuando todavía éramos débiles Cristo murió por los pecadores» (Rm 5, 6.8). Confieso mis pecados, como en su tiempo lo hicieron los profetas:  «Hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas...» (Dn 9, 5-6)

Nada en mí merecía tu benevolencia. Te doy gracias por tu inconmensurable bondad hacia mí. Ayúdame a vivir para Ti, conforma mi vida a Ti (cf. 1 Co 11, 1), de modo que esté unido a Ti y llegue a ser una criatura nueva (cf. 2 Co 5, 17).

«Cristo esté conmigo, Cristo dentro de mí. Cristo detrás de mí, Cristo delante de mí. Cristo junto a mí, Cristo me conquiste. Cristo me consuele, Cristo me alivie» (La coraza de San Patricio, himno irlandés del siglo VIII).

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