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Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
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Oh Dios de gran Misericordia que
Te dignaste enviarnos a Tu Hijo Unigénito como el mayor testimonio de Tu
insondable Amor y Misericordia. Tú no rechazas a los pecadores, sino que
también a ellos les abres el tesoro de Tu Infinita Misericordia del que
pueden recoger en abundancia tanto la justificación, como toda santidad a
la que un alma puede llegar. Oh Padre de gran Misericordia, deseo que
todos los corazones se dirijan con confianza a Tu Infinita Misericordia.
Nadie podrá justificarse ante Ti si no va acompañado por Tu Insondable
Misericordia.
(Santa Faustina .Diario, 1122 . Fiesta de la Ascensión del Señor. 6 de mayo
de 1937)

"Ofrezco
a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la
Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la
firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327).
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Newsletter 660
Domingo
20 de
mayo de
2012


Soy
todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida.
Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.



Oh Dios Padre
Misericordioso,
que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste al Beato Juan Pablo II Ia gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina,
de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres
de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad
a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los
momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir
al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar al Beato Juan
Pablo II y me concedas por su
intercesión el favor que te pido... (pídase). A Tí,
Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que
vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que
santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos
de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
25 de marzo al 25
de diciembre
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MISTERIOS DE GLORIA
"La
contemplación del Rostro de Cristo no puede reducirse a su
imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado!".El Rosario
ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al
creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en
la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión.
Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de
nuevo las razones de la propia fe (cf. 1 Co 15,
14), y revive la alegría no solamente de aquellos a los que
Cristo se manifestó –los Apóstoles, la Magdalena, los
discípulos de Emaús–, sino también el gozo de María,
que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo
glorificado. A esta gloria, que con la Ascensión pone a
Cristo a la derecha del Padre, sería elevada Ella misma con
la Asunción, anticipando así, por especialísimo privilegio,
el destino reservado a todos los justos con la resurrección
de la carne. Al fin, coronada de gloria –como aparece en el
último misterio glorioso–, María resplandece como Reina de
los Ángeles y los Santos, anticipación y culmen de la
condición escatológica del Iglesia.
En el
centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre,
el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso,
Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una
familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa
del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora. La
contemplación de éste, como de los otros misterios
gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia
cada vez más viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de
la Iglesia; una vida cuyo gran 'icono' es la escena de
Pentecostés. De este modo, los misterios gloriosos alimentan
en los creyentes la esperanza en la meta escatológica,
hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de
Dios peregrino en la historia. Esto les impulsará
necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel «gozoso
anuncio» que da sentido a toda su vida.

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Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
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Año tras año, la Iglesia
en su liturgia celebra la Ascensión del Señor
cuarenta días después de la Pascua.
Este año esta Solemnidad se celebrará el próximo
jueves 17 de mayo (en el Vaticano y en algunas naciones
del mundo) o el Domingo 20 de mayo (en otros países).
Para prepararnos para vivir esta Solemnidad, en compañia de
María Santísima, Madre de Dios Hijo, le enviamos un texto catequético del
Beato Juan Pablo II titulado: La
Ascensión: Misterio realizado.
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"Hoy,
en Italia y en otros países, se celebra la Ascensión
de Jesús al Cielo, que tuvo lugar 40 días después de
Pascua.
En la liturgia, se narra el episodio del último
momento del Señor Jesús con sus discípulos (Cf.
Lucas 24, 50-51; Hechos 1, 2.9); pero no
se trata de un abandono, pues Él se queda para
siempre con ellos, con nosotros, de una forma nueva.
San Bernardo de Claraval explica que la Ascensión al
Cielo de Jesús se realiza en tres grados: "el
primero es la gloria de la Resurrección, el segundo
el poder de juzgar, y el tercer consiste en sentarse
a la derecha del Padre" (Sermo de Ascensione
Domini, 60, 2: Sancti Bernardi Opera, t.
VI, 1, 291, 20-21). Este evento está precedido por
la bendición de los discípulos, que les prepara para
recibir el don del Espíritu Santo para que la
salvación sea proclamada por doquier. Jesús mismo
les dice: "Vosotros sois testigos de estas
cosas. Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la
Promesa de mi Padre" (Cf. Lucas 24,
47-49).
El Señor atrae
la mirada de los apóstoles, y la nuestra, hacia el Cielo
para indicar cómo hay que recorrer el camino del bien
durante la vida terrena. Sin embargo, Él permanece en la
trama de la historia humana, está junto a cada uno de
nosotros y guía nuestro camino cristiano: es compañero
de los perseguidos a causa de la fe; está en el corazón
de quienes son marginados; está presente en aquellos a
los que se les niega el derecho a la vida. Podemos
escuchar, ver y tocar al Señor Jesús en la Iglesia,
especialmente a través de la Palabra y de los
Sacramentos...
Queridos
hermanos y hermanas: el Señor, al abrirnos el camino al
Cielo, nos permite experimentar ya en esta tierra la
vida divina. Un autor ruso del siglo XX, en su
testamento espiritual, escribía: "Contemplad con más
frecuencia las estrellas. Cuando carguéis con un peso en
el espíritu, contemplar las estrellas o el azul del
Cielo. Cuando os sintáis tristes, cuando os ofendan,...
pasad un momento... con el Cielo. Entonces vuestra alma
encontrará el descanso" (N. Valentini - L. Žák,Pavel
A. Florenskij. Non dimenticatemi. Le
lettere dal gulag del grande matematico, filosofo e
sacerdote russo, Milano 2000, p. 418).
Doy gracias a
la Virgen María, a quien he podido venerar en el
Santuario de Fátima en estos días pasados, por su
maternal protección durante la intensa peregrinación a
Portugal. A Ella, que vela por los testigos de su amado
Hijo, dirigimos con confianza nuestra oración.
(Benedicto
XVI. Regina Coeli. Domingo 16 de mayo
de 2010)
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El próximo Domingo
27 de mayo celebraremos la fiesta de Pentecostés.
Para prepararnos a celebrarla les invitamos a la
lectura de las meditaciones y oraciones que contiene
libro digital que lleva por título
"VEN ESPÍRITU DE AMOR Y DE PAZ".
Los
meditaciones de
"VEN ESPÍRITU DE AMOR Y DE PAZ", son
los siguientes:
*LA PROMESA
DE CRISTO
*EL ESPÍRITU DE LA VERDAD
*NUESTRO ABOGADO DEFENSOR
*EL ESPÍRITU SANTO ANIMA A LA COMUNIDAD DE LOS CREYENTES
*LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y EL ESPÍRITU SANTO
LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO
SABIDURÍA . ENTENDIMIENTO . CIENCIA . CONSEJO .
FORTALEZA
PIEDAD . TEMOR DE DIOS
http://www.mariamediadora.com/EspirituSanto/index.html
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Novena al Espíritu Santo
Cuarenta
días después de su resurrección Jesucristo "ascendió al
Cielo". "Los Apóstoles se volvieron a Jerusalén desde el
monte que llaman de los Olivos... Llegados a casa,
subieron a la sala" (Act 1, 12-13). Los Hechos de los
Apóstoles, en este pasaje, enumeran por su nombre a los
Once, y añaden: "Todos ellos se dedicaban a la oración
en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María,
la Madre de Jesús, y con sus hermanos" (Act 1,
14).Perseverando en la plegaria después de la Ascensión
del Señor, los Apóstoles se preparan a la venida del
Espíritu Santo. Se preparan durante nueve días, hasta
Pentecostés.
En cierto
sentido, ésta es la primera y a la vez la más antigua
novena, recomendada por el mismo Cristo.
La
Iglesia, cada año, repite esta novena, precisamente en
el período que va de la solemnidad de la Ascensión a la
de Pentecostés. Es necesario que nosotros, en este
tiempo, volvamos de modo particular al Cenáculo, y
perseveremos en oración junto con los Apóstoles En esta
novena la Iglesia revive cada año el misterio de su
nacimiento, de su revelación al mundo. Abrigo la
ardiente confianza de que, como María, Madre de Jesús,
estuvo con los Apóstoles en el Cenáculo, también esté
con toda la Iglesia en oración..
(Beato Juan Pablo II . Regina Coeli . 3 de junio de
1984)
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