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EL CAMINO DE MARIA: Newsletter 660. LA ASCENSION DEL SEÑOR . Editada por SantoRosario.info

Esta edición la puede leer y/o imprimir desde: http://www.mariamediadora.com/Oracion/Newsletter660.htm

El detalle de todas las ediciones de "El Camino de María" del año 2010, 2011 y 2012 lo puede obtener en:

http://twitter.com/MariaMediadora
 

 

EL CAMINO DE MARÍA

Cum Maria contemplemur Christi vultum!

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Oh Dios de gran Misericordia que Te dignaste enviarnos a Tu Hijo Unigénito como el mayor testimonio de Tu insondable Amor y Misericordia. Tú no rechazas a los pecadores, sino que también a ellos les abres el tesoro de Tu Infinita Misericordia del que pueden recoger en abundancia tanto la justificación, como toda santidad a la que un alma puede llegar. Oh Padre de gran Misericordia, deseo que todos los corazones se dirijan con confianza a Tu Infinita Misericordia. Nadie podrá justificarse ante Ti si no va acompañado por Tu Insondable Misericordia.

 (Santa Faustina .Diario, 1122 . Fiesta de la Ascensión del Señor. 6 de mayo de 1937)

JESUS, CONFIO EN TI

"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327).

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Newsletter 660

Domingo 20 de mayo de 2012

Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.

  Soy todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen.

Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste al Beato Juan Pablo II Ia gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar al Beato Juan Pablo II  y me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase).  A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria
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MISTERIOS DE GLORIA

"La contemplación del Rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado!".El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (cf. 1 Co 15, 14), y revive la alegría no solamente de aquellos a los que Cristo se manifestó –los Apóstoles, la Magdalena, los discípulos de Emaús–, sino también el gozo de María, que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. A esta gloria, que con la Ascensión pone a Cristo a la derecha del Padre, sería elevada Ella misma con la Asunción, anticipando así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrección de la carne. Al fin, coronada de gloria –como aparece en el último misterio glorioso–, María resplandece como Reina de los Ángeles y los Santos, anticipación y culmen de la condición escatológica del Iglesia.

En el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora. La contemplación de éste, como de los otros misterios gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez más viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de la Iglesia; una vida cuyo gran 'icono' es la escena de Pentecostés. De este modo, los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatológica, hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsará necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel «gozoso anuncio» que da sentido a toda su vida.

 
 

 

Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

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Año tras año, la Iglesia en su liturgia celebra la Ascensión del Señor cuarenta días después de la Pascua. Este año esta Solemnidad se celebrará el próximo jueves 17 de mayo (en el Vaticano y en algunas naciones del mundo) o el Domingo 20 de mayo (en otros países). Para prepararnos para vivir esta Solemnidad, en compañia de María Santísima, Madre de Dios Hijo, le enviamos un texto catequético del  Beato Juan Pablo II titulado: La Ascensión: Misterio realizado.

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"Hoy, en Italia y en otros países, se celebra la Ascensión de Jesús al Cielo, que tuvo lugar 40 días después de Pascua. En la liturgia, se narra el episodio del último momento del Señor Jesús con sus discípulos (Cf. Lucas 24, 50-51; Hechos 1, 2.9); pero no se trata de un abandono, pues Él se queda para siempre con ellos, con nosotros, de una forma nueva. San Bernardo de Claraval explica que la Ascensión al Cielo de Jesús se realiza en tres grados: "el primero es la gloria de la Resurrección, el segundo el poder de juzgar, y el tercer consiste en sentarse a la derecha del Padre" (Sermo de Ascensione Domini, 60, 2: Sancti Bernardi Opera, t. VI, 1, 291, 20-21). Este evento está precedido por la bendición de los discípulos, que les prepara para recibir el don del Espíritu Santo para que la salvación sea proclamada por doquier. Jesús mismo les dice: "Vosotros sois testigos de estas cosas. Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre" (Cf. Lucas 24, 47-49).

El Señor atrae la mirada de los apóstoles, y la nuestra, hacia el Cielo para indicar cómo hay que recorrer el camino del bien durante la vida terrena. Sin embargo, Él permanece en la trama de la historia humana, está junto a cada uno de nosotros y guía nuestro camino cristiano: es compañero de los perseguidos a causa de la fe; está en el corazón de quienes son marginados; está presente en aquellos a los que se les niega el derecho a la vida. Podemos escuchar, ver y tocar al Señor Jesús en la Iglesia, especialmente a través de la Palabra y de los Sacramentos...

Queridos hermanos y hermanas: el Señor, al abrirnos el camino al Cielo, nos permite experimentar ya en esta tierra la vida divina. Un autor ruso del siglo XX, en su testamento espiritual, escribía: "Contemplad con más frecuencia las estrellas. Cuando carguéis con un peso en el espíritu, contemplar las estrellas o el azul del Cielo. Cuando os sintáis tristes, cuando os ofendan,... pasad un momento... con el Cielo. Entonces vuestra alma encontrará el descanso" (N. Valentini - L. Žák,Pavel A. Florenskij. Non dimenticatemi. Le lettere dal gulag del grande matematico, filosofo e sacerdote russo, Milano 2000, p. 418).

Doy gracias a la Virgen María, a quien he podido venerar en el Santuario de Fátima en estos días pasados, por su maternal protección durante la intensa peregrinación a Portugal. A Ella, que vela por los testigos de su amado Hijo, dirigimos con confianza nuestra oración. (Benedicto XVI. Regina Coeli. Domingo 16 de mayo de 2010)

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El próximo Domingo 27 de mayo celebraremos la fiesta de Pentecostés. Para prepararnos a celebrarla les invitamos a la lectura de las meditaciones y oraciones que contiene libro digital que lleva por título "VEN ESPÍRITU DE AMOR Y DE PAZ".

Los meditaciones de "VEN ESPÍRITU DE AMOR Y DE PAZ", son los siguientes:

*LA PROMESA DE CRISTO
*EL ESPÍRITU DE LA VERDAD
*NUESTRO ABOGADO DEFENSOR
*EL ESPÍRITU SANTO ANIMA A LA COMUNIDAD DE LOS CREYENTES
*LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y EL ESPÍRITU SANTO

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

SABIDURÍA . ENTENDIMIENTO . CIENCIA . CONSEJO . FORTALEZA
PIEDAD . TEMOR DE DIOS

http://www.mariamediadora.com/EspirituSanto/index.html

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Novena al Espíritu Santo

Cuarenta días después de su resurrección Jesucristo "ascendió al Cielo". "Los Apóstoles se volvieron a Jerusalén desde el monte que llaman de los Olivos... Llegados a casa, subieron a la sala" (Act 1, 12-13). Los Hechos de los Apóstoles, en este pasaje, enumeran por su nombre a los Once, y añaden: "Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos" (Act 1, 14).Perseverando en la plegaria después de la Ascensión del Señor, los Apóstoles se preparan a la venida del Espíritu Santo. Se preparan durante nueve días, hasta Pentecostés. En cierto sentido, ésta es la primera y a la vez la más antigua novena, recomendada por el mismo Cristo. La Iglesia, cada año, repite esta novena, precisamente en el período que va de la solemnidad de la Ascensión a la de Pentecostés. Es necesario que nosotros, en este tiempo, volvamos de modo particular al Cenáculo, y perseveremos en oración junto con los Apóstoles En esta novena la Iglesia revive cada año el misterio de su nacimiento, de su revelación al mundo. Abrigo la ardiente confianza de que, como María, Madre de Jesús, estuvo con los Apóstoles en el Cenáculo, también esté con toda la Iglesia en oración.. (Beato Juan Pablo II . Regina Coeli . 3 de junio de 1984)

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“Queridos hijos, también hoy os invito a la oración y a que vuestro corazón, hijos míos, se abra a Dios como una flor hacia el calor del sol. Yo estoy con vosotros e intercedo por todos. Gracias." Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 25/4/2012

CATEQUESIS DEL BEATO JUAN PABLO II 

                             

LA ASCENSIÓN, MISTERIO REALIZADO

Audiencia General del miércoles 12 de abril  de 1989

LA ASCENSIÓN, MISTERIO REALIZADO

 

Queridos hermanos y hermanas

1.Ya los “anuncios” de la Ascensión, que hemos examinado en la catequesis anterior, iluminan enormemente la verdad expresada por los más antiguos símbolos de la fe con las concisas palabras “subió al Cielo”. Ya hemos señalado que se trata de un “misterio”, que es objeto de fe. Forma parte del misterio mismo de la Encarnación y es el cumplimiento último de la misión mesiánica del Hijo de Dios, que ha venido a la tierra para llevar a cabo nuestra redención.

Sin embargo, se trata también de un “hecho” que podemos conocer a través de los elementos biográficos e históricos de Jesús, que nos refieren los Evangelios.

2.Acudamos a los textos de Lucas. Primeramente al que concluye su Evangelio: “Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al Cielo” (Lc 24, 50-51): lo cual significa que los Apóstoles tuvieron la sensación de “movimiento” de toda la figura de Jesús, y de una acción de “separación” de la tierra. El hecho de que Jesús bendiga en aquel momento a los Apóstoles, indica el sentido salvífico de su partida, en la que, como en toda su misión redentora, está contenida y se da al mundo toda clase de bienes espirituales.

Deteniéndonos en este texto de Lucas, prescindiendo de los demás, se deduciría que Jesús subió al Cielo el mismo día de la Resurrección, como conclusión de su aparición a los Apóstoles (cf. Lc 24, 36-39). Pero si se lee bien toda la página, se advierte que el Evangelista quiere sintetizar los acontecimientos finales de la vida de Cristo, del que le urgía descubrir la misión salvífica, concluida con su glorificación. Otros detalles de esos hechos conclusivos los referirá en otro libro que es como el complemento de su Evangelio, el Libro de los Hechos de los Apóstoles, que reanuda la narración contenida en el Evangelio, para proseguir la historia de los orígenes de la Iglesia.

3.En efecto, leemos al comienzo de los Hechos un texto de Lucas que presenta las apariciones y la Ascensión de manera más detallada: “A estos mismos (es decir, a los Apóstoles), después de su Pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios” (Hch 1, 3). Por tanto, el texto nos ofrece una indicación sobre la fecha de la Ascensión: cuarenta días después de la Resurrección. Un poco más tarde veremos que también nos da información sobre el lugar.

Respecto al problema del tiempo, no se ve por qué razón podría negarse que Jesús se haya aparecido a los suyos en repetidas ocasiones durante cuarenta días, como afirman los Hechos. El simbolismo bíblico del número cuarenta, que sirve para indicar una duración plenamente suficiente para alcanzar el fin deseado, es aceptado por Jesús, que ya se había retirado durante cuarenta días al desierto antes de comenzar su ministerio, y ahora durante cuarenta días aparece sobre la tierra antes de subir definitivamente al Cielo. Sin duda el tiempo de Jesús Resucitado pertenece a un orden de medida distinto del nuestro. El Resucitado está ya en el Ahora eterno, que no conoce sucesiones ni variaciones. Pero, en cuanto que actúa todavía en el mundo, instruye a los Apóstoles, pone en marcha la Iglesia, el Ahora trascendente se introduce en el tiempo del mundo humano, adaptándose una vez más por amor. Así, el misterio de la relación eternidad-tiempo se condensa en la permanencia de Cristo resucitado en la tierra. Sin embargo, el misterio no anula su presencia en el tiempo y en el espacio; antes bien ennoblece y eleva al nivel de los valores eternos lo que El hace, dice, toca, instituye, dispone: en una palabra, la Iglesia. Por esto de nuevo decimos: Creo, pero sin evadir la realidad de la que Lucas nos ha hablado.

Ciertamente, cuando Cristo subió al Cielo, esta coexistencia e intersección entre el Ahora eterno y el tiempo terreno se disuelve, y queda el tiempo de la Iglesia peregrina en la historia. La presencia de Cristo es ahora invisible y “supratemporal”, como la acción del Espíritu Santo, que actúa en los corazones.

4.Según los Hechos de los Apóstoles, Jesús “fue llevado al Cielo” (Hch 1, 2) en el monte de los Olivos (Hch 1, 12): efectivamente, desde allí los Apóstoles volvieron a Jerusalén después de la Ascensión. Pero antes que esto sucediese, Jesús les dio las últimas instrucciones: por ejemplo, “les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del Padre”: (Hch 1, 4). Esta promesa del Padre consistía en la venida del Espíritu Santo: “Seréis bautizados en el Espíritu Santo” (Hch 1, 5), “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos...” (Hch 1, 8). Y fue entonces cuando “dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos” (Hch 1, 9).

El monte de los Olivos, que ya había sido el lugar de la Agonía de Jesús en Getsemaní, es por tanto el último punto de contacto entre el Resucitado y el pequeño grupo de sus discípulos en el momento de la Ascensión. Esto sucede después de que Jesús ha repetido el anuncio del envío del Espíritu, por cuya acción aquel pequeño grupo se transformará en la Iglesia y será guiado por los caminos de la historia. La Ascensión es, por tanto, el acontecimiento conclusivo de la vida y de la misión terrena de Cristo: Pentecostés será el primer día de la vida y de la historia “de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). Este es el sentido fundamental del hecho de la Ascensión, más allá de las circunstancias particulares en las que ha acontecido y el cuadro de los simbolismos bíblicos en los que puede ser considerado.

5.Según Lucas, Jesús “fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos” (Hch 1, 9). En este texto hay que considerar dos momentos esenciales: “fue levantado” (la elevación-exaltación) y “una nube le ocultó” (entrada en el claroscuro del misterio).

“Fue levantado”: con esta expresión, que responde a la experiencia sensible y espiritual de los Apóstoles, se alude a un movimiento ascensional, a un paso de la tierra al Cielo, sobre todo como signo de otro “paso”: Cristo pasa al estado de glorificación en Dios. El primer significado de la Ascensión es precisamente éste: revelar que el Resucitado ha entrado en la intimidad celestial de Dios. Lo prueba “la nube”, signo bíblico de la presencia divina. Cristo desaparece de los ojos de sus discípulos, entrando en la esfera trascendente de Dios invisible.

6.También esta última consideración confirma el significado del misterio que es la Ascensión de Jesucristo al Cielo. El Hijo que “salió del Padre y vino al mundo, ahora deja el mundo y va al Padre” (cf Jn 16, 28). En este “retorno” al Padre halla su concreción la elevación “a la derecha del Padre”, verdad mesiánica ya anunciada en el Antiguo Testamento. Por tanto, cuando el Evangelista Marcos nos dice que “el Señor Jesús... fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios” (Mc 16, 19), en sus palabras evoca el “oráculo del Señor” enunciado en el Salmo: “Oráculo de Yavé a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies” (Sal 109/110, 1). “Sentarse a la derecha de Dios” significa co-participar en su poder real y en su dignidad divina.

Lo había predicho Jesús: “Veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del Cielo”, como leemos en el Evangelio de Marcos (Mc 14, 62). Lucas, a su vez, escribe (Lc 22, 69): “El Hijo de Dios estará sentado a la diestra del poder de Dios”. Del mismo modo el primer mártir de Jerusalén, el diácono Esteban, verá a Cristo en el momento de su muerte: “Estoy viendo los Cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios” (Hch 7, 56). El concepto, pues, se había enraizado y difundido en las primeras comunidades cristianas, como expresión de la realeza que Jesús habla conseguido con la Ascensión al Cielo.

7.También el Apóstol Pablo, escribiendo a los Romanos, expresa la misma verdad sobre Jesucristo, “el que murió; más aún, el que resucitó, el que está a la diestra de Dios y que intercede por nosotros” (Rm 8, 34). En la Carta a los Colosenses escribe: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 3, 1; cf. Ef 1, 20). En la Carta a los Hebreos leemos (Hb 1, 3; 8, 1): “Tenemos un Sumo Sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los Cielos”. Y de nuevo (Hb 10, 12 y Hb 12, 2): “...soportó la cruz, sin miedo a la ignominia, y está sentado a la diestra del trono de Dios”.

A su vez, Pedro proclama que Cristo “habiendo ido al Cielo está a la diestra de Dios y le están sometidos los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades” (1 P 3, 22).

8.El mismo Apóstol Pedro, tomando la palabra en el primer discurso después de Pentecostés, dirá de Cristo que, “exaltado por la diestra Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís” (Hch 2, 33, cf. también Hch 5, 31). Aquí se inserta en la verdad de la Ascensión y de la realeza de Cristo un elemento nuevo, referido al Espíritu Santo.

Reflexionemos sobre ello un momento. En el Símbolo de los Apóstoles, la Ascensión al Cielo se asocia a la elevación del Mesías al reino del Padre: “Subió al Cielo, está sentado a la derecha del Padre”. Esto significa la inauguración del reino del Mesías, en el que encuentra cumplimiento la visión profética del Libro de Daniel sobre el hijo del hombre: “A Él se le dio imperio, honor y reinó, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino nunca será destruido jamás” (Dn 7, 13-14).

El discurso de Pentecostés, que tuvo Pedro, nos hace saber que a los ojos de los Apóstoles, en el contexto del Nuevo Testamento, esa elevación de Cristo a la derecha del Padre está ligada sobre todo con la venida del Espíritu Santo. Las palabras de Pedro testimonian la convicción de los Apóstoles de que sólo con la Ascensión Jesús “ha recibido el Espíritu Santo del Padre” para derramarlo como lo había prometido.

9.El discurso de Pedro testimonia también que, con la venida del Espíritu Santo, en la conciencia de los Apóstoles maduró definitivamente la visión de ese Reino que Cristo había anunciado desde el principio y del que había hablado también tras la Resurrección (cf. Hch 1, 3). Hasta entonces los oyentes le habían interrogado sobre la restauración del reino de Israel (cf. Hch 1, 6), tan enraizada en su interpretación temporal de la misiona mesiánica. Sólo después de haber reconocido “la potencia” del Espíritu de verdad, “se convirtieron en testigos” de Cristo y de ese reino mesiánico, que se actuó de modo definitivo, cuando Cristo glorificado “se sentó a la derecha del Padre”. En la economía salvífica de Dios hay, por tanto, una estrecha relación entre la elevación de Cristo y la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Desde ese momento los Apóstoles se convierten en testigos del Reino que no tendrá fin. En esta perspectiva adquieren también pleno significado las palabras que oyeron después de la Ascensión de Cristo: “Este Jesús que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al Cielo”. (Hch 1, 11). Anuncio de una plenitud final y definitiva que se tendrá cuando, en la potencia del Espíritu de Cristo, todo el designio divino alcance su cumplimiento en la historia.

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EL CAMINO DE MARIA . Edición número 659 para %EmailAddress%

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