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Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
"Contemplar el
Rostro de Cristo, y contemplarlo con María, es el «programa» que he
indicado a la Iglesia en el alba del tercer milenio, invitándola a remar
mar adentro en las aguas de la historia con el entusiasmo de la nueva
evangelización. (Beato Juan Pablo II . Ecclesia de Eucharistia n°7)
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¡Oh María, Madre de Misericordia! Tú conoces como nadie el Corazón de tu
Divino Hijo. Inspíranos con respecto a Jesús la confianza filial que
vivieron los santos, la confianza que animó a SantaFaustina Kowalska,
gran apóstol de la Misericordia divina en nuestro tiempo.
Mira
con amor nuestra miseria; arráncanos Madre, de las contrastantes
tentaciones de la autosuficiencia y del abatimiento, y alcánzanos la
abundancia de la Misericordia que nos salva
Juan Pablo II
"Ofrezco a los
hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la
Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con
la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO"
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Newsletter 654
DOMINGO DE
LA DIVINA MISERICORDIA
15
de abril de 2012


Soy
todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida.
Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.



IMPLORAR FAVORES POR
INTERCESIÓN DEL BEATO JUAN PABLO II
Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro
Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del
Espíritu Santo, concediste al Beato Juan Pablo II la gracia de ser
Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e
hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad,
haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la
vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de
mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te
ruego que me concedas por su intercesión el favor que te pido (...)
(pídase).
A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el
que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que
santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos
de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
25
de marzo al 25 de diciembre
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"Ustedes, en cambio, son descendencia elegida, reino de
sacerdotes y nación santa, pueblo adquirido en posesión para
anunciar las grandezas del que los llamó de la oscuridad a su
luz admirable. Los que en otro tiempo no eran pueblo, ahora son
Pueblo de Dios; los que no habían conseguido misericordia, ahora
obtuvieron Misericordia".
(1Pe
2, 9-10)
LA
DIVINA MISERICORDIA SE COMUNICÓ AL MUNDO MEDIANTE
LA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA
"...Dirigimos
nuestra mirada a María Santísima, a la
que hoy invocamos con el título dulcísimo
de "Mater Misericordiae".
María es "Madre de la
Misericordia" porque es la Madre
de Jesús, en El que Dios reveló al mundo
su "Corazón" rebosante de Amor.
La compasión de Dios por el hombre se
comunicó al mundo mediante la Maternidad
de la Virgen María. Iniciada en Nazaret
por obra del Espíritu Santo, la
Maternidad de María culminó en el
misterio pascual, cuando fue asociada íntimamente
a la Pasión, Muerte y Resurrección de su
Hijo Divino. Al pie de la Cruz la Virgen
se convirtió en Madre de los discípulos
de Cristo, Madre de la Iglesia y de toda
la humanidad" (Regina Coeli.
Domingo 22 de abril de 2001).
"...Al
concluir estas consideraciones,
encomendamos a María, Madre de Dios
y Madre de Misericordia, nuestras
personas, los sufrimientos y las alegrías
de nuestra existencia, la vida moral de
los creyentes y de los hombres de buena
voluntad, las investigaciones de los
estudiosos de moral. María es Madre
de Misericordia porque Jesucristo, su
Hijo, es enviado por el Padre como
revelación de la Misericordia de Dios (cf.
Jn
3, 16-18). Él ha venido no para
condenar sino para perdonar, para
derramar misericordia (cf. Mt
9, 13). Y la misericordia mayor
radica en su estar en medio de nosotros
y en la llamada que nos ha dirigido para
encontrarlo y proclamarlo, junto con
Pedro, como «el Hijo de Dios vivo» (Mt
16, 16). Ningún pecado del
hombre puede cancelar la Misericordia de
Dios, ni impedirle poner en acto toda su
fuerza victoriosa, con tal de que la
invoquemos. Más aún, el mismo
pecado hace resplandecer con mayor
fuerza el Amor del Padre que, para
rescatar al esclavo, ha sacrificado a su
Hijo : Su Misericordia para nosotros es Redención.
Esta Misericordia alcanza la plenitud
con el don del Espíritu Santo, que
genera y exige la vida nueva. Por
numerosos y grandes que sean los obstáculos
opuestos por la fragilidad y el pecado
del hombre, el Espíritu, que renueva la
faz de la tierra (cf. Sal
104, 30), posibilita el milagro del
cumplimiento perfecto del bien. Esta
renovación, que capacita para hacer lo
que es bueno, noble, bello, grato a Dios
y conforme a su voluntad, es en cierto
sentido el colofón del don de la
Misericordia, que libera de la
esclavitud del mal y da la fuerza para
no volver a pecar. Mediante el don de la
vida nueva, Jesús nos hace partícipes
de su Amor y nos conduce al Padre en el
Espíritu."
(ENCÍCLICA
"VERITATIS
SPLENDOR",
n. 118)
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Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
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La fiesta que celebramos el
segundo Domingo de Pascua es, de entre todas las
formas de la devoción a la Divina
Misericordia, la que tiene mayor rango.
Jesús habló por primera vez a Santa
Faustina de instituir esta fiesta el 22
de febrero de 1931 en Plock el mismo día
en que le pidió que pintara su imagen y
le dijo: “Yo deseo que haya una
Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero
que esta imagen que pintarás con el
pincel, sea bendecida con solemnidad el
primer Domingo después de la Pascua de
Resurrección; ese Domingo debe ser la
Fiesta de la Misericordia”.
Durante los años posteriores, Jesús le
repitió a Santa Faustina este deseo en
catorce ocasiones, definiendo
precisamente la ubicación de esta fiesta
en el calendario litúrgico de la
Iglesia, el motivo y el objetivo de
instituirla, el modo de prepararla y
celebrarla, así como las gracias a ella
vinculada.
Por fin, el 30 de abril del año 2000,
coincidiendo con la canonización de
Santa Faustina, “Apóstol de la Divina
Misericordia”, el Beato Juan Pablo
II instituyó oficialmente la Fiesta de
la Divina Misericordia a celebrarse
todos los años en esa misma fecha:
Domingo siguiente a la Pascua de
Resurrección.
Luego de su
Homilía,
el Beato
Juan Pablo II anunció:
«En todo el mundo, el segundo Domingo de Pascua
recibirá el nombre de Domingo de la Divina
Misericordia. Una invitación perenne para el
mundo cristiano a afrontar, con confianza en la
benevolencia divina, las dificultades y las pruebas
que esperan al genero humano en los años venideros».
Con la institución de esta
Fiesta, el Beato Juan Pablo II concluyó la tarea asignada
por Nuestro Señor Jesús a Santa Faustina en Polonia,
69 años atrás, cuando en febrero de 1931 le dijo:
“Deseo que haya una Fiesta de la
Misericordia”. Dicha Fiesta constituye uno
de los elementos centrales del Mensaje de la Divina
Misericordia según le fuera revelado por nuestro
Señor a Sor Faustina.
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En la meditación antes del rezo del
Regina Coeli
del Domingo 23 de abril de 1995,
Juan Pablo II expresó:
«Hoy
concluye la octava de Pascua, durante
la cual la Iglesia repite con júbilo
las palabras del salmo: «Éste es
el día en que actuó el Señor: sea
nuestra alegría y nuestro gozo»
(Sal 118, 24). Toda la octava es como
un único día, el día nuevo, el día
de la nueva creación. Venciendo la
muerte Cristo creó un mundo nuevo
(cf. Ap 21, 5). De la Pascua brotan
para los creyentes novedad de vida,
paz y alegría.
Sin
embargo, la paz y la alegría de la
Pascua no son sólo para la Iglesia:
son para el mundo entero. La alegría
es la victoria sobre el miedo, sobre
la violencia y sobre la muerte. La paz
es lo contrario de la angustia.
Saludando a los Apóstoles
atemorizados y desalentados por su
pasión y muerte, el Resucitado les
dice: «La paz con vosotros» (Jn 20,
19). Cuando Cristo se aparece a san
Juan en la isla de Patmos, le dirige
esta invitación: «No temas, soy Yo,
el Primero y el Último, el que Vive;
estuve muerto, pero ahora estoy vivo
por los siglos de los siglos, y tengo
las llaves de la muerte y del infierno»
(Ap 1, 17-18).
La
Pascua vence el miedo del hombre,
porque da la única respuesta
verdadera a uno de sus problemas
mayores: la muerte. La Iglesia,
anunciando la Resurrección de Jesús,
quiere transmitir a la humanidad la fe
en la resurrección de los muertos y
en la vida eterna. El anuncio
cristiano es esencialmente evangelio
de la vida.
«Dad
gracias al Señor porque es bueno»
(Sal 118, 1). Este domingo es, de modo
particular, un día de acción de
gracias por la bondad que Dios muestra
al hombre en todo el misterio pascual.
Por eso se le llama Domingo de la
Misericordia Divina. En
su esencia, la Misericordia de Dios,
como ayuda a comprender mejor la
experiencia mística de Faustina Kowalska, revela
precisamente esta verdad: el bien
vence al mal, la vida es más fuerte
que la muerte y el Amor de Dios es más
poderoso que el pecado. Todo esto se
manifiesta en el misterio pascual de
Cristo. Aquí Dios se muestra como es:
un Padre de infinita ternura, que no
se rinde frente a la ingratitud de sus
hijos, y que siempre está dispuesto a
perdonar.
Debemos
experimentar personalmente esta
Misericordia, si queremos ser también
nosotros misericordiosos. ¡Aprendamos
a perdonar! Sólo el milagro del perdón
puede interrumpir la espiral del odio
y de la violencia, que ensangrienta el
camino de tantas personas y de tantas
naciones.
Que
María obtenga a toda la humanidad
este don de la Misericordia divina,
para que los hombres y los pueblos,
tan probados por enfrentamientos y
guerras fratricidas, venzan el odio y
adopten actitudes concretas de
reconciliación y de paz"
DOMINGO
DE LA DIVINA
MISERICORDIA
La
Iglesia celebra
el Domingo de la Divina Misericordia,
«una invitación perenne a afrontar, con confianza
en la benevolencia divina, las dificultades y
pruebas» de la humanidad. La preparación de
la fiesta se ha iniciado el Viernes Santo con el
inicio de la
Novena
a la Divina Misericordia.
"...El Siervo de Dios Juan Pablo II, valorando la
experiencia espiritual de una humilde religiosa,
Santa Faustina Kowalska, quiso que el Domingo
después de Pascua estuviera dedicado de una forma
especial a la Divina Misericordia; y la
Providencia dispuso que él muriera precisamente en
la vigilia de tal día [en las manos de la
Misericordia Divina]. El misterio del Amor
Misericordioso de Dios estuvo en el centro del
pontificado de mi venerado Predecesor. Recordemos,
en particular, la Encíclica
DIVES IN MISERICORDIA
de 1980, y la dedicación del nuevo Santuario
de la Divina Misericordia en Cracovia, en 2002. Las
palabras que él pronunció en esa última ocasión
fueron como una síntesis de su magisterio,
evidenciando que el culto de la Misericordia Divina
no es una devoción secundaria, sino dimensión
integrante de la fe y de la oración del cristiano."
(Benedicto XVI, Ángelus. Domingo 23 de abril de
2006) .
DEVOCIÓN
A LA DIVINA
MISERICORDIA Le
invitamos a leer en nuestro sitio
BeatoJuanPabloII.org
los
principales aspectos de la Devoción a la
Divina
Misericordia, según surge de las
anotaciones del Diario
"LA
DIVINA MISERICORDIA EN MI ALMA" .
Durante la década de 1930,
Santa Faustina anotó en su Diario las enseñanzas
recibidas directamente de Nuestro Señor
Jesucristo en torno a la
Divina Misericordia;
sus experiencias místicas, así como sus
reflexiones y oraciones.
http://www.beatojuanpabloii.org/DivinaMisericordia
En
dicha dirección podrá leer, meditar e imprimir
el siguiente contenido:
LA NOVENA A LA DIVINA
MISERICORDIA
LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA
LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA
COMO REZAR LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA
LA IMAGEN DE LA DIVINA MISERICORDIA
LA HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA
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"...Llegue a todos
vosotros la voz exultante de la Iglesia, con
las palabras que el antiguo himno pone en
labios de María Magdalena, la primera en
encontrar en la mañana de Pascua a Jesús
resucitado. Ella corrió hacia los otros
discípulos y, con el corazón sobrecogido,
les anunció: «He visto al Señor» (Jn 20,18).
También nosotros, que hemos atravesado el
desierto de la Cuaresma y los días dolorosos
de la Pasión, hoy abrimos las puertas al
grito de victoria: «¡Ha resucitado! ¡Ha
resucitado verdaderamente!».
Todo
cristiano revive la experiencia de María
Magdalena. Es un encuentro que cambia la
vida: el encuentro con un hombre único, que
nos hace sentir toda la bondad y la verdad
de Dios, que nos libra del mal, no de un
modo superficial, momentáneo, sino que nos
libra de él radicalmente, nos cura
completamente y nos devuelve nuestra
dignidad. He aquí porqué la Magdalena llama
a Jesús «mi esperanza»: porque ha sido Él
quien la ha hecho renacer, le ha dado un
futuro nuevo, una existencia buena, libre
del mal. «Cristo, mi esperanza», significa
que cada deseo mío de bien encuentra en Él
una posibilidad real: con Él puedo esperar
que mi vida sea buena y sea plena, eterna,
porque es Dios mismo que se ha hecho cercano
hasta entrar en nuestra humanidad..."
(Del Mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre
Benedicto XVI - Pascua 2012)
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