EL CAMINO DE MARÍA

Cum Maria contemplemur Christi vultum!

¯¯¯

Madre, Tu protección va más allá de nuestro entendimiento

¿Quién, después de Tu Hijo, se interesa como Tú en el género humano? ¿Quién nos defiende sin cesar en nuestras tribulaciones? ¿Quién nos libra tan pronto de las tentaciones que nos acosan? ¿Quién toma nuestra defensa para disculparlas en los casos desesperados? En virtud de la fuerza que Tu maternidad te ha concedido ante Tu Hijo, aunque seamos condenados por nuestros pecados y que no nos atrevamos más a mirar hacia el Cielo, Tú por medio de Tus súplicas e intercesión nos salvas del suplicio eterno. Por eso el afligido en Ti se refugia, el que padece la injusticia a Ti recurre, el que está dentro del mal invoca tu asistencia. Todo lo que viene de Ti, Madre de Dios, es maravilloso, todo es más grande que la naturaleza, todo supera nuestra razón y nuestras fuerzas.

Madre, Tu protección va más allá de nuestro entendimiento.

San Germán de Constantinopla

JESUS, CONFIO EN TI

"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327).

¯¯¯

Newsletter 367

Edición especial

EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Sábado 31 de mayo de 2008

LETANÍA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.

  Soy todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen.

Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,  la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase).  A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

25 de marzo al 25 de diciembre

 

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Oh Reina del Santísimo Rosario, Auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro maternal Corazón.

A Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, cuerpo místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio, víctima de sus propias iniquidades.

Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en la horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente.

Oh Madre de Misericordia, impetradnos de Dios la paz; y, ante todo, las gracias que pueden convertir en un momento los humanos corazones, las gracias que preparan, concilian y aseguran la paz. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra la paz por que suspiran los pueblos, la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. Dadle la paz de las armas y la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el Reino de Dios.

Conceded vuestra protección a los no creyentes y a cuantos yacen aún en las sombras de la muerte; concédeles la paz y haced que brille para ellos el sol de la verdad y puedan repetir con nosotros ante el único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Dad la paz a los pueblos separados por el error o la discordia y haced que retornen al único redil de Cristo bajo el único verdadero Pastor.

Obtened paz y libertad completa para la Iglesia Santa de Dios; contened el diluvio inundante del neopaganismo, fomentad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, a fin de que aumente en méritos y en número el pueblo de los que sirven a Dios.

Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en Él todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a Otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz. (Papa Pio XII)

 

Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

%EmailAddress%

Al día siguiente de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra la Memoria del Corazón Inmaculado de María. La contigüidad de las dos celebraciones es ya, en sí misma, un signo litúrgico de su estrecha relación: el mysterium del Corazón del Salvador se proyecta y refleja en el Corazón de la Madre que es también compañera y discípula. Así como la Solemnidad del Sagrado Corazón celebra los misterios salvíficos de Cristo de una manera sintética y refiriéndolos a su fuente –precisamente el Corazón-, la memoria del Corazón Inmaculado de María es celebración resumida de la asociación "cordial" de la Madre a la obra salvadora del Hijo: de la Encarnación a la Muerte y Resurrección, y al don del Espíritu.

La devoción al Corazón Inmaculado de María se ha difundido mucho, después de las apariciones de la Virgen en Fátima, en el 1917. A los veinticinco años de las mismas, en el 1942, el Papa Pío XII consagraba la Iglesia y el género humano al Corazón Inmaculado de María (con la oración que preside esta edición especial de El Camino de María), y en 1944 la fiesta del Corazón Inmaculado de María se extendió a toda la Iglesia.

Las expresiones de la piedad popular hacia el Corazón de María imitan, aunque salvando la infranqueable distancia entre el Hijo, verdadero Dios, y la Madre, sólo criatura, las del Corazón de Cristo: la consagración de cada uno de los fieles, de las familias, de las comunidades religiosas, de las naciones; la reparación, realizada sobre todo mediante la oración, la mortificación y las obras de misericordia; la práctica de los cinco primeros sábados de mes.

¯¯¯

"El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: ¿No es Ella quien, por medio del Ángel Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya jamás enviado al género humano (Lc. 1,26-38)?

María dio a luz a Aquel que es nuestra reconciliación; Ella estaba al pie de la Cruz cuando, en la Sangre del Hijo,  Dios reconcilió "con Él todas las cosas" (Col 1,20); ahora, glorificada en el cielo, tiene -como recuerda una plegaria litúrgica- "un corazón lleno de misericordia hacia los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el perdón de Dios..."  (Juan Pablo II. Ángelus. Domingo 3 de septiembre de 1989).

¯¯¯

En la presentación del libro escrito por el Cardenal Tarcisio Bertone, que lleva por titulo "LA ÚLTIMA VIDENTE DE FÁTIMA" el Santo Padre Benedicto XVI expresa:

"En las páginas del libro "La última vidente de Fátima" usted, venerado hermano, ha recogido muchos recuerdos para que no queden sólo como un valioso bagaje de emociones personales, sino que, tratándose de acontecimientos que marcaron a la Iglesia en el último tramo del siglo XX, se entreguen a la memoria colectiva como huellas no exentas de significado en su historia secular.

En realidad, el capítulo que trata de la publicación de la tercera parte del secreto de Fátima lo vivimos juntos en aquel memorable tiempo que fue el jubileo del año 2000: yo en calidad de prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe y usted como secretario de ese mismo dicasterio. El gran Pontífice  que  me  precedió, Juan  Pablo II, fecundo en inspiraciones proféticas y personalmente convencido de que "la mano materna" de la Virgen había desviado la bala que podría haber sido mortal para él, vio que había llegado el momento de disipar el halo de misterio que envolvía la última parte del secreto confiado por la Virgen a los tres pastorcitos de Fátima. Se encargó  de  ello  la Congregación para la doctrina de la fe, que  conservaba el valioso documento escrito por sor Lucía.

Fue un tiempo de luz, no sólo porque así todos pudieron conocer el mensaje, sino también porque así se manifestó la verdad en el confuso marco de las interpretaciones y especulaciones de tipo apocalíptico que circulaban en la Iglesia, creando turbación entre los fieles, en vez de invitarlos a la oración y a la penitencia. Sin embargo, por otra parte, se podía constatar el consolador desarrollo de la piedad mariana, auténtica fuente de vida cristiana, en torno al imponente santuario surgido en Fátima, y en todas las partes del mundo donde la devoción a la Virgen, bajo la influencia de las apariciones de Fátima, se arraigaba profundamente en la fe del pueblo, invitando a hombres y mujeres a consagrarse al Corazón Inmaculado de María.

Los coloquios entre la vidente, la última que quedó de los tres pastorcitos, y usted, como obispo enviado por el Papa, no sólo fueron una importante constatación de la veracidad de los hechos, sino también ocasión para conocer la límpida frescura del alma de sor Lucía, la inteligencia del corazón típica de su feminidad, manifestada en una sólida fe cristiana. También a través de la experiencia de esta humilde religiosa se trasluce el papel de la Virgen María, que acompaña al cristiano con mano materna en medio de las pruebas de la vida.

 
Me ha quedado impresa, como síntesis y valioso coronamiento, la consoladora promesa de la Virgen Santísima:  "Mi Corazón Inmaculado triunfará". Como escribí"El fiat de María, la palabra de su Corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque Ella introdujo en el mundo al Salvador, porque gracias a este "sí" Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo, y así permanece ahora y para siempre". Y añadí:  "Desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra" (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 30 de junio de 2000, p. 11). El mensaje de Fátima es una confirmación ulterior de esto..." (Benedicto XVI. 22 de febrero de 2007)  

¯¯¯

«Madre de los hombres y de los pueblos, Tú conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al mundo, acoge nuestro grito dirigido en el Espíritu Santo directamente a tu Corazón y abraza con el Amor de la Madre y de la Esclava del Señor a los que más esperan este abrazo, y, al mismo tiempo, a aquellos cuya entrega Tú esperas de modo especial. Toma bajo tu protección materna a toda la familia humana a la que, con todo afecto a Ti, Madre, confiamos. Que se acerque para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza».

(Juan Pablo II . «Acto de consagración». Basílica de Santa María la Mayor. 7 de junio de 1981, Solemnidad de Pentecostés. Día elegido para recordar el 1600° aniversario 1er. Concilio Constantinopolitano y el 1550° aniversario del Concilio de Éfeso).

ORACIÓN DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II 

          

ACTO DE CONSAGRACIÓN

 AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Compuesto y leido por Juan Pablo II
Solemnidad de la Anunciación de 1984

 ACTO DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN

 

1. "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios".

Pronunciando las palabras de esta antífona, con la que la Iglesia de Cristo ora desde hace siglos, nos encontramos hoy ante Ti, Madre, en el año jubilar de la nuestra Redención.

Nos encontramos unidos con todos los Pastores de la Iglesia, con un particular vínculo, constituyendo un cuerpo y un colegio, así como por voluntad de Cristo los Apóstoles constituían un cuerpo y un colegio con Pedro.

En el vínculo de tal unidad pronunciamos las palabras del presente Acto, en el que deseamos incluir, una vez más, las esperanzas y las angustias de la Iglesia por el mundo contemporáneo.

Hace cuarenta años, y luego diez años después, Tu siervo, el Papa Pio XII, teniendo ante tus ojos las dolorosas experiencias de la familia humana, ha confiado y consagrado a Tu Corazón Inmaculado todo el mundo y especialmente los pueblos que, por su situación, son objeto particular de Tu amor y de Tu solicitud.

Este mundo de los hombres y de las naciones lo tenemos ante los ojos también hoy; el mundo del segundo milenio que está por terminar, el mundo contemporáneo, nuestro mundo!

La Iglesia, recordando aquellas palabras del Señor : "Id ... y enseñad a todas las naciones... He aquí que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20), ha reavivado, en el Concilio Vaticano II, la conciencia de su misión en este mundo.

Y por eso, oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, que sacuden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, dirigimos directamente a Tu Corazón: abraza, con amor de Madre y de Sierva del Señor, este nuestro mundo humano, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietudes por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos. De un modo especial te confiamos y consagramos aquellos hombres y aquellas naciones, que de esta entrega y de esta consagración tienen particular necesidad.

"Bajo Tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios! ¡No desprecies nuestras súplicas, que estamos en la prueba!".

2. He aquí, encontrándonos ante Ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que por amor nuestro, tu Hijo ha hecho de Sí mismo al Padre : "Por ellos - ha dicho Él - me consagro a Mí mismo, para que también ellos sean consagrados en la Verdad"(Jn, 17,19). Queremos unirnos a Nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual en su Divino Corazón, tiene la fuerza de obtener el perdón y de procurar la reparación.

La fuerza de esta consagración dura para todos los tiempos y abraza a todos los hombres, los pueblos y las naciones, y supera todo mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de provocar en el corazón del hombre y en su historia y que, de hecho, ha provocado en nuestros tiempos.

Oh ¡Cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo : para nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! La obra redentora de Cristo, en efecto, debe ser participada por el mundo por medio de la Iglesia.

¡Seas bendita, sobre toda criatura Tú, Sierva del Señor, que del modo más pleno obedeciste a la divina llamada!.

¡Seas saludada Tú que estás enteramente unida a la Consagración Redentora de Tu Hijo!

¡Madre de la Iglesia! ¡Ilumina al Pueblo de Dios por el camino de la fe, de la esperanza y de la caridad! Ilumina especialmente aquellos pueblos de los que Tú misma esperas nuestra consagración y nuestra entrega. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo toda la familia humana del mundo contemporáneo.

3. Confiando a Ti, oh Madre, el mundo, todos los hombres y todos los pueblos, Te confiamos, también la misma consagración del mundo, poniéndola en Tu Corazón Materno.

¡Oh Corazón Inmaculado! ¡Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en el corazón de los hombres de hoy y que en sus efectos inconmensurables ya grava sobre la vida presente y parece cerrar los caminos hacia el futuro!.

Del hambre y de la guerra ¡líbranos!.

De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable, de toda guerra, ¡líbranos!

De los pecados contra la vida del hombre desde sus albores, ¡líbranos!.

Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios ¡líbranos!.

De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional ¡líbranos!.

De la facilidad de despreciar a los mandamientos de Dios, ¡líbranos!.

De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, ¡líbranos!

De la pérdida de la conciencia del bien y del mal, ¡líbranos!.

De los pecados contra el Espíritu Santo, ¡líbranos! ¡líbranos!.

¡Acoge, oh Madre de Cristo, este grito cargado con los sufrimientos de todos los hombres! ¡Cargado con el grito de sociedades enteras!.

Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado: el pecado del hombre y el pecado del mundo, el pecado en todas sus manifestaciones.

¡Que se revele, aún por esta vez, en la historia del mundo el infinito poder salvífico de la Redención: poder del Amor Misericordioso! ¡Que Él detenga el mal! ¡Transforme las conciencias! ¡Que en Tu Corazón Inmaculado se manifieste a todos la luz de la Esperanza! Amén.

© 2003-2008 MariaMediadora™ - All Rights Reserved

Cualquier consulta sírvase dirigirla a : marisayeduardo@santorosario.info