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Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
Santa María,
Madre del Señor, has permanecido fiel cuando los discípulos huyeron. Al
igual que creíste cuando el ángel te anunció lo que parecía increíble
–que serías la Madre del Altísimo– también has creído en el momento de
su mayor humillación. Por eso, en la hora de la Cruz, en la hora de la
noche más oscura del mundo, te has convertido en la Madre de los
creyentes, Madre de la Iglesia. Te rogamos que nos enseñes a creer y
nos ayudes para que la fe nos impulse a servir y dar muestras de un amor
que socorre y sabe compartir el sufrimiento.
(Benedicto XVI . ORACIÓN Cuarta Estación Via
Crucis en el Coliseo 2005.)
"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente
de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen
con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO"
Misericordia Divina, que brota del seno del Padre, en Ti confío.
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Te
amo, Dios mío, y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi
vida. Te amo, Dios mío infinitamente amable, y prefiero morir amándote a
vivir sin amarte. Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es amarte
eternamente... Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los
momentos que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que
respiro (San Juan María Bautista Vianney, oración).
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Edición
344
Tiempo de
Cuaresma
Semana I
Primer Domingo
10 de
febrerode 2008
LAS
TENTACIONES DE CRISTO EN EL DESIERTO

El Monte de las Tentaciones


Soy
todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida.
Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen
.



Oh Dios Padre
Misericordioso,
que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,
la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina,
de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres
de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad
a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los
momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir
al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo
Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su
intercesión el favor que te pido... (pídase). A Tí,
Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que
vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que
santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos
de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
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QUE SIGNIFICA ENTRAR EN LA CUARESMA ?
Ángelus,
Domingo 10 de febrero de 2008
¡Queridos
hermanos y hermanas!
El
miércoles pasado, con el ayuno y el rito
de las cenizas, entramos en la Cuaresma.
Pero, ¿qué significa «entrar en la
Cuaresma»?
Significa
comenzar un tiempo de particular
compromiso en el combate espiritual que
nos opone al mal presente en el mundo, en
cada uno de nosotros y a nuestro
alrededor. Quiere decir mirar al mal cara
a cara y disponerse a luchar contra sus
efectos, sobre todo contra sus causas,
hasta la causa última, que es satanás.
Significa no descargar el problema del mal
sobre los demás, sobre la sociedad, o
sobre Dios, sino que hay que reconocer las
propias responsabilidades y asumirlas
conscientemente. En este sentido, resuena
entre los cristianos con particular
urgencia la invitación de Jesús a cargar
cada uno con su propia «cruz» y a seguirle
con humildad y confianza (Cf. Mateo 16,
24).
La «cruz», por más pesada que sea, no es
sinónimo de desventura, de una desgracia
que hay que evitar lo más posible, sino
una oportunidad para seguir a Jesús y de
este modo alcanzar la fuerza en la lucha
contra el pecado y el mal.
Entrar
en la Cuaresma significa, por tanto,
renovar la decisión personal y comunitaria
de afrontar el mal junto a Cristo. La
Cruz es el único camino que lleva a la
victoria del amor sobre el odio, de la
generosidad sobre el egoísmo, de la paz
sobre la violencia. Desde esta
perspectiva, la Cuaresma es verdaderamente
una ocasión de intenso compromiso ascético
y espiritual fundamentado sobre la gracia
de Cristo.
Este año el inicio de la Cuaresma coincide
providencialmente con el 150 aniversario
de las apariciones de Lourdes. Cuatro años
después de la proclamación del Dogma de la
Inmaculada Concepción por parte del Beato
Pío IX, María se apareció por primera vez
el 11 de febrero de 1858 a Santa
Bernadette Soubirous en la gruta de
Massabielle. Siguieron después otras
apariciones, acompañadas por
extraordinarios acontecimientos, y a la
final al Virgen se despidió revelando a la
joven vidente, en su dialecto local:
«Yo soy la Inmaculada Concepción».
El mensaje que la Virgen sigue difundiendo
en Lourdes recuerda las palabras que Jesús
pronuncio precisamente al inicio de su
Misión pública y que volvemos a escuchar
varias veces en estos días de Cuaresma:
«Convertíos y creed en el Evangelio»,
rezad y haced penitencia. Acojamos la
invitación de María que se hace eco de la
de Cristo y pidámosle que nos permita
«entrar» con fe en la Cuaresma para vivir
este tiempo de gracia con alegría interior
y compromiso generoso.
Encomendemos también a la Virgen los
enfermos y cuantos les atienden con amor.
Mañana, memoria de la Virgen de Lourdes,
se celebra la Jornada Mundial del Enfermo.
Saludo de todo corazón a los peregrinos
que se reunirán en la Basílica de San
Pedro, presididos por el cardenal Lozano
Barragán, presidente del Consejo
Pontificio para la Salud. Lamentablemente
no podré reunirme con ellos porque esta
tarde comenzaré los Ejercicios
Espirituales, pero en el silencio y en el
recogimiento rezaré por ellos y por todas
las necesidades de la Iglesia y del mundo.
Ya desde ahora doy sinceramente las
gracias a quienes me encomienden ante el
Señor.

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Queridos
Suscriptores de "El Camino de María"
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El Miércoles
de Ceniza hemos emprendido el itinerario
penitencial de Cuaresma con el rito de la imposición
de las cenizas, un rito lleno de simbolismo, arraigado
en la tradición bíblica, y sumamente apreciado por
la devoción popular. La ceniza nos recuerda la
fragilidad de la existencia terrena y nos orienta a
mirar a Cristo que, con su Muerte y Resurrección, la
ha rescatado de la esclavitud del pecado y de la
muerte. Con estas disposiciones íntimas nos ponemos
en camino hacia Pascua, en compañia de María Santísima,
que nos exhorta a escuchar la insistente invitación
de su Hijo: «Convertíos y creed en el
Evangelio»
En
el primer domingo de Cuaresma, la liturgia nos
propone la página evangélica de las tentaciones de
Jesús: «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu
al desierto para ser tentado por el diablo»
(Mateo 4, 1). La misión del Redentor comienza
precisamente con su victoria sobre la triple insidia
del príncipe del mal. «Apártate, Satanás»
(Marcos 4, 10). La actitud decidida de Jesucristo
constituye para nosotros un ejemplo y una invitación
a seguirlo con valiente determinación. El demonio, «príncipe
de este mundo» (Juan 12, 31), continúa todavía hoy
con su acción falaz. Todo hombre es tentado por la
propia concupiscencia y el mal ejemplo de los demás,
así como por el demonio, y es más tentado aún
cuando menos lo percibe. Es necesario seguir siendo
vigilantes para reaccionar con prontitud a todo ataque
de la tentación.
Meditando
el texto de los 40 días de Jesús en el desierto, San
Gregorio Magno, (hacia 540-604), Papa, Doctor de la
Iglesia, escribió la siguiente meditación en el n. 16
de "Homilías sobre el Evangelio"
"...El
diablo atacó al primer hombre, por una
triple tentación: lo tentó por la gula, por la vanidad
y por la codicia. Su tentativa de seducción tuvo éxito
puesto que el hombre, dándole su consentimiento,
estuvo desde entonces, sometido al diablo. Lo tentó
por la gula enseñándole el fruto prohibido que estaba
en el árbol e invitándole a comer de él; le tentó a
través de la vanidad diciéndole: “Seréis como dioses”;
al fin le tentó a través de la codicia, diciéndole:
“Conoceréis el bien y el mal” (Gn 3,5). Porque ser
codicioso no es tan sólo desear dinero, sino también
toda situación ventajosa, desear más allá de lo
comedido, una situación elevada...
El diablo fue vencido por Cristo, quien fue tentado de
manera parecida a la que fue vencido el primer hombre.
Igual que la primera vez, le tentó a través de la
gula: “Di que estas piedras se conviertan en pan”; a
través de la vanidad: “Si eres el Hijo de Dios tírate
de aquí abajo”: a través del deseo violento de una
buena situación, cuando le enseña todos los reinos del
mundo y le dice: “Todo esto te daré si te postras y me
adoras”...
Es preciso hacer resaltar una cosa en la tentación del
Señor: tentado por el diablo, el Señor le ha replicado
con textos de la Santa Escritura. Hubiera podido echar
a su tentador al abismo sólo con la Palabra que Él
mismo era. Y sin embargo no recurrió a su poder
poderoso, tan sólo le puso delante los preceptos de la
Santa Escritura. Es así como nos enseña soportar la
prueba, de manera que, cuando la maldad de los hombre,
nos hace sufrir nos veamos impulsados a recurrir a la
buena doctrina antes que a la venganza. Comparad la
paciencia de Dios con nuestra impaciencia. Nosotros,
cuando hemos soportado injurias o sufrido ofensas, en
nuestro furor tendemos a vengarnos tanto como nos es
posible, o bien amenazamos con hacerlo. El Señor,
carga con la adversidad del diablo sin contestarle de
otra forma que con palabras pacíficas..."
Hacia el
año 420, San Máximo de Turín escribió en su Sermón
28 sobre la Cuaresma:
“En
el momento favorable te escuché; el día de la
salvación te auxilié”. (cf Is 49,8). El Apóstol
Pablo continúa la cita por estas palabras:
“Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de
la salvación.” (2Cor 6,2). Por mi parte, os
hago testimonios de que han llegado los días de
salvación, ha llegado, de algún modo, el tiempo de
la curación espiritual. Podemos cuidar todas las
llagas de nuestros vicios, todas las heridas de
nuestros pecados, si lo pedimos al Médico de
nuestras almas, si...no descuidamos ninguno de sus
preceptos....
El Médico es Nuestro Señor Jesucristo, quien dijo.
“Soy Yo quien da la vida y la muerte“ (Dt
32,39) El Señor primero da la muerte, luego la vida.
Por el bautismo, el Señor destruye en nosotros el
adulterio, el homicidio, los crímenes y robos.
Luego, nos hace vivir como hombres nuevos en la
inmortalidad eterna. Morimos a nuestros pecados,
evidentemente, por el bautismo, volvemos a la vida
gracias al Espíritu de vida... Entreguémonos a
nuestro Médico con paciencia para recobrar la salud.
Todo lo que habrá descubierto en nosotros, como
indigno, manchado por el pecado, comido por las úlceras,
lo cortará, lo zanjará, lo retirará para que no
quede nada de todo esto en nosotros, sino sólo lo
que pertenece a Dios.
La primera prescripción suya es: consagrarse
durante cuarenta días al ayuno, a la oración, a
las vigilias. El ayuno cura la molicie, la
oración alimenta el alma, las vigilias echan
fuera las trampas del demonio. Después de este
tiempo consagrado a estas observancias, el alma
purificada y probada por tantas prácticas, llega al
bautismo. Recobra fuerzas sepultándose en las aguas
del Espíritu: todo lo que fue quemado por las
llamas de las enfermedades renace en el rocío de la
gracia del Cielo... Por un nuevo nacimiento, nacemos
transformados..." (San
Máximo de Turín (hacia 420) Obispo . Sermón 28;
PL 587)
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Les
recordamos que hemos
preparado un un libro digital con
meditaciones del Siervo de Dios Juan Pablo II que lleva
por título: PEREGRINANDO EN CUARESMA CON MARÍA
SANTÍSIMA. Le invitamos a descargar gratuitamente a su
computadora dicho libro desde la siguiente dirección de
la Hemeroteca Digital
Virgo Fidelis.
http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=29
Debido a que
Vía Crucis es un ejercicio de piedad
especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma, les
invitamos a inscribirse en el e-Curso Via
Crucis. A lo largo de 16 mensajes por correo
electrónico le enviaremos las meditaciones que
realizó el Santo Padre Benedicto XVI en el Vía
Crucis en el Coliseo el Viernes Santo del
año 2005. Para ello deben llenar un simple
formulario en la siguiente dirección de nuestro
sitio:
Que
María Santísima, Madre del Amor Hermoso, nos lleve
de la mano y nos acompañe durante la Cuaresma hacia la Pascua para poder contemplar al Señor
Jesucristo Resucitado. Pidámosle también que no
cerremos nuestro corazón al Amor de Dios con la
siguiente oración del Papa Benedicto XVI .
María, Madre del «sí», Tú
has escuchado a Jesús
y conoces el timbre de su
Voz y los latidos de su
Corazón.
Estrella de la mañana,
háblanos de Él
y cuéntanos cómo es tu
Camino para seguirle por
la senda de la fe.
María, que en Nazaret
viviste con Jesús,
imprime en nuestra vida
tus sentimientos,
tu docilidad, tu silencio
que escucha
y haz florecer la Palabra
en opciones de auténtica
libertad.
María, háblanos de Jesús,
para que la frescura de
nuestra fe
caliente el corazón de
quien se encuentra con
nosotros,
como lo hiciste al visitar
a Isabel,
que en la ancianidad se
alegró contigo por el don
de la vida.
María, Virgen del «Magnificat»,
ayúdanos a llevar la
alegría al mundo y, como
en Caná,
lleva a todo joven,
comprometido en el
servicio a los hermanos,
a hacer sólo lo que Jesús
diga.
María, Virgen de Loreto,
Puerta del Cielo,
ayúdanos a elevar la
mirada.
Queremos ver a Jesús, hablar con Él
y anunciar a todos su
Amor.
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