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HONRANDO A LA VIRGEN SANTÍSIMA, GLORIFICAMOS A DIOS

 

"...Nunca pensáis en María, sin que Ella en vuestro lugar piense en Dios. Nunca alabáis ni honráis, sin que Ella con vosotros alabe y honre a Dios. María está en total conexión con Dios, y con toda propiedad yo la llamaría: la relación de Dios, que sólo existe en referencia a Dios, el eco de Dios, que sólo habla y repite a Dios. Santa Isabel alabó a María y la llamó bienaventurada porque Ella creyó, y María, el eco fidelísimo de Dios entonó: «Magnificat anima mea Domino», -Mi alma glorifica al Señor- (Lc 1, 46). Lo que obró María en esa ocasión, lo repite todos los días; cuando la alabamos, honramos, amamos, o le ofrecemos algo, Dios es alabado, honrado, amado y ese agasajo lo recibe por María y en María...
 
San Luis María Grignión de Monfort . "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen"

EL CAMINO DE MARÍA

MARÍA SANTÍSIMA,

MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS

Edición 947  - 7 de noviembre de 2015


Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

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Dedicamos esta edición especial a contemplar a María Santísima, Mediadora de todas las Gracias, cuya festividad celebraremos  el  7 de noviembre y fue instituida por el Papa Benedicto XV en 1921. Esta festividad nos invita (y nos recuerda) a recurrir siempre con confianza a esta mediación  de la Madre del Redentor.
 
A comienzos del siglo XX el Papa Pio X, a través de su Encíclica "Ad Diem Illum Laetissimum" del 2 de febrero de 1904 había declarado:
 
"La Santísima Virgen es Dispensadora universal de todas las gracias, tanto por su divina Maternidad: que las obtiene de su Hijo, como por su Maternidad espiritual: que las distribuye entre sus otros hijos, los hombres. Esto lo hace subordinada a Cristo, pero de manera inmediata. Y ello por una específica y singular determinación de la Voluntad de Dios, que ha querido otorgar a María esta doble función: ser Corredentora y Dispensadora, con alcance universal y para siempre".  (Pío X, Encíclica "Ad Diem Illum Laetissimum", 2 de febrero de 1904).

El Concilio Vaticano II da a la Virgen María el título de "Mediadora" al afirmar que "continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna" (Lumen Gentium, 62). Y con el título de "Madre en el orden de la gracia"  (Lumen Gentium, 61) el Concilio enseña que la Virgen coopera con Cristo en el renacimiento espiritual de la humanidad.

En la Encíclica Redemptoris Mater  San Juan Pablo II nos ha enseñado que "la Mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno que la distingue del de las demás criaturas" (Redemptoris Mater, 38)

La Mediación de María no ofusca ni disminuye "la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia...; favorece, y de ninguna manera impide, la unión inmediata de los creyentes con Cristo" (Lumen Gentium, 60). En realidad, la mediación materna de María es un don del Padre a la humanidad. Por esto el mismo Concilio concluye que "la Iglesia no duda en atribuir a María esta misión subordinada, la experimenta sin cesar y la recomienda al corazón de sus fieles para que, apoyados en su protección maternal se unan más íntimamente al Mediador y Salvador" (Lumen Gentium, 62)

 

 

PAPA FRANCISCO

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL

INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 

Domingo 13 de octubre de 2013

 

Bienaventurada María, Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia materna
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones que te llaman bienaventurada.

Celebramos en Ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse
con Misericordia sobre la humanidad afligida por el mal y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.

Acoge con benevolencia de madre 
el acto por el nos ponemos hoy bajo tu protección con confianza, ante esta tu imagen 
tan querida por todos nosotros.

Estamos seguros que cada uno de nosotros es reciosos a tus ojos y que nada te es ajeno de todo lo que habita en nuestros corazones.

Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la caricia consoladora de tu sonrisa.

Protege nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza cada deseo de bien; reaviva y alimenta la fe; sostiene e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad; guíanos a todos nosotros en el camino de la santidad.

Enséñanos tu mismo amor de predilección hacia los pequeños y los pobres, hacia los excluidos y los que sufren, por los pecadores
y por los que tienen el corazón perdido: 

Reúne a todos bajo tu protección y a todos entrégales a tu Hijo dilecto, el Señor Nuestro, Jesús. Amén.

 

 

LA INTERCESIÓN CELESTIAL DE

LA MADRE DEL REDENTOR 

 

SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 24 de septiembre de 1997

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. María es Madre de la humanidad en el orden de la Gracia. El Concilio Vaticano II destaca este papel de María, vinculándolo a su cooperación en la Redención de Cristo.
 
Ella, «por decisión de la divina Providencia, fue en la tierra la excelsa Madre del Divino Redentor, la compañera más generosa de todas y la humilde esclava del Señor» (Lumen gentium, 61).
 
Con estas afirmaciones, la Constitución Lumen gentium pretende poner de relieve, como se merece, el hecho de que la Virgen estuvo asociada íntimamente a la Obra redentora de Cristo, haciéndose «la compañera» del Salvador «más generosa de todas».
 
A través de los gestos de toda madre, desde los más sencillos hasta los más arduos, María coopera libremente en la obra de la salvación de la humanidad, en profunda y constante sintonía con su Divino Hijo.
 
2. El Concilio pone de relieve también que la cooperación de María estuvo animada por las virtudes evangélicas de la obediencia, la fe, la esperanza y la caridad, y se realizó bajo el influjo del Espíritu Santo. Además, recuerda que precisamente de esa cooperación le deriva el don de la maternidad espiritual universal: asociada a Cristo en la Obra de la Redención, que incluye la regeneración espiritual de la humanidad, se convierte en Madre de los hombres renacidos a una vida nueva.
 
Al afirmar que María es «nuestra Madre en el orden de la Gracia» (ib.), el Concilio pone de relieve que su maternidad espiritual no se limita solamente a los discípulos, como si se tuviese que interpretar en sentido restringido la frase pronunciada por Jesús en el Calvario: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26). Efectivamente, con estas palabras el Crucificado, estableciendo una relación de intimidad entre María y el discípulo predilecto, figura tipológica de alcance universal, trataba de ofrecer a su Madre como Madre a todos los hombres.
 
Por otra parte, la eficacia universal del Sacrificio redentor y la cooperación consciente de María en el ofrecimiento sacrificial de Cristo, no tolera una limitación de su amor materno.
 
Esta misión maternal de María Santísima se ejerce en el contexto de su singular relación con la Iglesia. Con su solicitud hacia todo cristiano, más aún, hacia toda criatura humana, Ella guía la fe de la Iglesia hacia una acogida cada vez más profunda de la palabra de Dios, sosteniendo su esperanza, animando su caridad y su comunión fraterna, y alentando su dinamismo apostólico.
 
3. María, durante su vida terrena, manifestó su maternidad espiritual hacia la Iglesia por un tiempo muy breve. Sin embargo, esta función suya asumió todo su valor después de la Asunción, y está destinada a prolongarse en los siglos hasta el fin del mundo. El Concilio afirma expresamente: «Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la Cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos» (Lumen gentium, 62).
 
Ella, tras entrar en el Reino eterno del Padre, estando más cerca de su Divino Hijo y, por tanto, de todos nosotros, puede ejercer en el Espíritu de manera más eficaz la función de intercesión materna que le ha confiado la Divina Providencia.
 
4. El Padre ha querido poner a María cerca de Cristo y en comunión con Él, que puede «salvar perfectamente a los que por Él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor» (Hb 7,25): a la intercesión sacerdotal del Redentor ha querido unir la intercesión maternal de la Virgen. Es una función que Ella ejerce en beneficio de quienes están en peligro y tienen necesidad de favores temporales y, sobre todo, de la salvación eterna: «Con su Amor de Madre cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y viven entre angustias y peligros hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora» (Lumen gentium, 62).
 
Estos apelativos, sugeridos por la fe del pueblo cristiano, ayudan a comprender mejor la naturaleza de la intervención de la Madre del Señor en la vida de la Iglesia y de cada uno de los fieles.
 
5. El título de «Abogada» se remonta a San Ireneo. Tratando de la desobediencia de Eva y de la obediencia de María, afirma que en el momento de la Anunciación «la Virgen María se convierte en Abogada» de Eva ( Adv. haer. V, 19, 1: PG VII, 1.175-1.176). Efectivamente, con su «sí» defendió y liberó a la progenitora de las consecuencias de su desobediencia, convirtiéndose en causa de salvación para ella y para todo el género humano.
 
María ejerce su papel de «Abogada», cooperando tanto con el Espíritu Paráclito como con Aquel que en la Cruz intercedía por sus perseguidores (cf. Lc 23,34) y al que Juan llama nuestro «Abogado ante el Padre» (cf. 1 Jn 2,1). Como Madre, Ella defiende a sus hijos y los protege de los daños causados por sus mismas culpas.
 
Los cristianos invocan a María como «Auxiliadora», reconociendo su amor materno, que ve las necesidades de sus hijos y está dispuesto a intervenir en su ayuda, sobre todo cuando está en juego la salvación eterna.
 
La convicción de que María está cerca de cuantos sufren o se hallan en situaciones de peligro grave, ha llevado a los fieles a invocarla como «Socorro». La misma confiada certeza se expresa en la más antigua oración mariana con las palabras: «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita» ( Breviario romano).
 
Como Mediadora maternal, María presenta a Cristo nuestros deseos, nuestras súplicas, y nos transmite los dones divinos, intercediendo continuamente en nuestro favor.

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EL CAMINO DE MARÍA . Edición número 947 para %EmailAddress%

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