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Misterio de luz es ante todo el
Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace 'pecado' por nosotros (cf. 2 Co 5, 21), entra en el agua del río, el
Cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera
Beato
Juan Pablo II. Rosarium
Virginis Mariae,
21
"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente
de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen
con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327)
Misericordia
Divina, que brota del seno del Padre, en Tí confío. (Diario,
949)
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Gloria
a Dios Padre y al Hijo, Rey del universo.
Gloria al Espíritu,
digno de alabanza y Santísimo.
La
Trinidad es un solo Dios que creó y llenó cada cosa: el Cielo de seres
celestes y la tierra de seres terrestres.
Llenó
el mar, los ríos y las fuentes de seres acuáticos, vivificando cada cosa
con su Espíritu,
para que cada criatura honre a su sabio Creador,
causa única del vivir y del permanecer.
Que lo
celebre siempre más que cualquier otra
la criatura racional
como gran Rey y Padre bueno.
San Gregorio Nacianceno.
Poemas dogmáticos, XXXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511.
Edición
725
EL BAUTISMO DE JESÚS
Domingo
13 de enero de 2013


Oh
Dios Padre Misericordioso, que
por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste
al Beato Juan Pablo II la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio
de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos
los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también
responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana,
convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión
de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes
glorificar al Beato Juan Pablo II y que me concedas por su intercesión
el favor que te pido... (pídase).
A Tí, Padre
Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el
universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos.
Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
.
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HIMNO A
CRISTO
(Cántico de la carta
de San Pablo a los Colosenses (1, 3.12-20)
Demos
gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya Sangre hemos recibido la Redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del Cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la Sangre de su Cruz.
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Queridos
Suscriptores de "El Camino de María"
Preside esta
edición de El Camino de María el gran himno
Cristológico con el que comienza la carta a los
Colosenses. En él sobresale la figura gloriosa de Cristo,
corazón de la liturgia y centro de toda la vida eclesial. El
horizonte del himno incluye a toda la Creación y a la Redención,
abarcando a todo ser creado y a toda la historia. En
este canto se puede percibir el ambiente de fe y de oración
de la antigua comunidad cristiana y el
Apóstol
Pablo recoge su voz y testimonio, imprimiendo al mismo
tiempo al himno su impronta.
Dada la importancia de este himno en la Cristología, es que lo hemos elegido
para iniciar esta edición en la que contemplaremos EL
INICIO DE LA VIDA PÚBLICA DEL REDENTOR a través de un
texto de nuestro querido y recordado Juan Pablo II.
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"Con este Domingo después de la Epifanía se concluye el
Tiempo litúrgico de la Navidad: tiempo de luz, la Luz de
Cristo que, como nuevo sol aparecido en el horizonte de la
humanidad, disipa las tinieblas del mal y de la ignorancia.
Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Jesús: aquel Niño,
hijo de la Virgen, que contemplamos en el misterio de su
Nacimiento, lo vemos hoy adulto sumergirse en las aguas del
río Jordán, y santificar así todas las aguas y el cosmos
entero –como indica la tradición oriental. Pero ¿por qué
Jesús, en Quien no había sombra de pecado, fue para hacerse
bautizar por Juan? ¿Por qué quiso realizar este gesto de
penitencia y conversión, junto con tantas personas que de
este modo querían prepararse para la venida del mesías?
Aquel gesto, que marca el inicio de la vida pública de
Cristo, se coloca en la misma línea de la Encarnación, de la
venida de Dios desde el más alto de los cielos hasta el
abismo de los infiernos. El sentido de este movimiento de
abajamiento divino se resume en una única palabra: amor, que
es el nombre mismo de Dios. Escribe el apóstol Juan: «Así
Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo,
para que tuviéramos Vida por medio de Él», y lo envió «como
víctima propiciatoria por nuestros pecados» (1 Jn 4,9-10).
Por esto el primer acto público de Jesús fue el de recibir
el bautismo de Juan, el cual, viéndolo llegar, dijo: «Este
es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn
1,29).
Narra el evangelista Lucas que mientras Jesús, habiendo
recibido el bautismo, «mientras estaba orando, se abrió el
Cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma
corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del
Cielo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo
puesta toda mi predilección”» (3,21-22). Este Jesús es
el Hijo de Dios que está totalmente inmerso en la Voluntad
de Amor del Padre. Este Jesús es Aquel que morirá en la Cruz
y resurgirá por la potencia del mismo Espíritu que ahora se
posa sobre Él y lo consagra. Este Jesús es el hombre nuevo
que quiere vivir como hijo de Dios, es decir, en el amor; el
hombre que ante el mal del mundo, elige el camino de la
humildad y de la responsabilidad, elige no de salvarse a Sí
mismo sino de ofrecer la propia Vida por la verdad y la
justicia. Ser cristianos significa vivir así, pero este tipo
de vida comporta renacer: renacer desde lo alto, desde Dios,
desde la Gracia. Este renacer es el Bautismo, que Cristo ha
donado a la Iglesia para regenerar a los hombres en la vida
nueva. Afirma un antiguo texto atribuido a San Hipólito:
“quien baja con fe en este bautismo de regeneración,
renuncia al diablo y se une a Cristo, reniega al enemigo y
reconoce que Cristo es Dios, se desnuda de la esclavitud y
se reviste de la adopción filial” (del Discurso sobre la
Epifanía, 10: Pg 10, 862).
En este momento quiero extender mi oración y mi bendición a
todos los recién nacidos; pero en especial invitar a todos a
recordar nuestro Bautismo, hacer memoria de aquel renacer
espiritual que nos abrió el camino de la vida eterna. Que
pueda cada cristiano, en este Año de la fe, redescubrir la
belleza de haber renacido desde lo alto, desde el Amor de
Dios, y vivir como su verdadero hijo."
(Benedicto XVI. Ángelus. Domingo 13 de enero de 2013)
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...Del
mismo modo que en el diálogo
bautismal el "no" se
articula en tres renuncias, también
el "sí" se articula en tres
adhesiones:
"Sí"
al Dios vivo, es decir, a un Dios
creador, a una razón creadora que da
sentido al cosmos y a nuestra vida;
"Sí" a Cristo, es
decir, a un Dios que no permaneció
oculto, sino que tiene un nombre,
tiene palabras, tiene cuerpo y sangre;
a un Dios concreto que nos
da la vida y nos muestra el
camino de la vida;
"Sí" a la comunión de
la Iglesia, en la que
Cristo es el Dios vivo, que
entra en nuestro tiempo, en nuestra
profesión, en la vida de cada día.
Podríamos
decir también que el Rostro de Dios,
el contenido de esta cultura de la
vida, el contenido de nuestro gran
"sí", se expresa en los 10
Mandamientos, que no son un paquete de
prohibiciones, de "no", sino
que presentan en realidad una gran
visión de vida. Los 10 Mandamientos
son un:
"Sí"
a un Dios que da sentido al vivir
(los tres primeros mandamientos);
"Sí" a la familia (cuarto
mandamiento);
"Sí" a la vida (quinto
mandamiento);
"Sí" al amor responsable
(sexto mandamiento);
"Sí" a la solidaridad, a
la responsabilidad social, a la
justicia (séptimo mandamiento);
"Sí" a la verdad
(octavo mandamiento);
"Sí" al respeto del otro
y de lo que le pertenece (noveno y
décimo mandamientos).
Esta
es la filosofía de la vida, es la
cultura de la vida, que se hace
concreta, practicable y hermosa en la
comunión con Cristo, el Dios vivo,
que camina con nosotros en compañía
de sus amigos, en la gran familia de
la Iglesia.
El
Bautismo es don de vida. Es un
"sí" al desafío de vivir
verdaderamente la vida, diciendo
"no" al ataque de la muerte,
que se presenta con la máscara de la
vida. Es un "sí" al gran
don de la verdadera vida, que se
hizo presente en el Rostro de Cristo,
el cual se nos dona en el Bautismo y
luego en la Eucaristía (...)
Demos gracias
hoy al Señor porque Dios no se
esconde detrás de las nubes del
misterio impenetrable, sino que,
como dice el Evangelio de hoy, ha
abierto los cielos, se nos ha
mostrado, habla con nosotros y está
con nosotros; vive con nosotros y
nos guía en nuestra vida. Demos
gracias al Señor por este don y
pidamos por nuestros niños, para
que tengan realmente la vida, la
verdadera vida, la vida eterna. Amén
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PLEGARIA DEL BEATO JUAN PABLO II
¡Gloria a Ti, oh Padre,
Dios de Abraham, Isaac y Jacob!
Tú enviaste a tus siervos,
los profetas,
a proclamar tu Palabra
de Amor fiel
y a llamar a tu pueblo
al arrepentimiento.
En las orillas del río Jordán
suscitaste a Juan Bautista,
una voz que clama en el desierto,
enviado para toda la región
del Jordán,
a preparar el camino
del Señor,
a anunciar la venida de Jesús.
¡Gloria a Ti, oh Cristo,
Hijo de Dios!
Viniste a las aguas del Jordán
para ser bautizado
por la mano de Juan.
Sobre Ti descendió el Espíritu
en forma de paloma.
Sobre Ti se abrieron los cielos
y se escuchó la voz del Padre:
"Este es mi Hijo, el predilecto".
Del río bendecido
por tu Presencia
saliste para bautizar
no sólo con agua
sino también con fuego
y Espíritu Santo.
¡Gloria a Ti,
oh Espíritu Santo,
Señor y dador de vida!
Por tu poder
la Iglesia es bautizada,
descendiendo con Cristo a la muerte
y resucitando con Él a nueva vida.
Por tu poder
somos liberados del pecado
y nos convertimos en hijos de Dios,
el glorioso Cuerpo de Cristo.
Por tu Poder
es vencido todo miedo,
y se predica el Evangelio del Amor
en todos los rincones de la tierra,
para Gloria de Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
A Él toda gloria
en este Año jubilar
y en todos los siglos futuros.
Amén

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