Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
Esta fiesta
fue instituida por San Pío V para conmemorar y agradecer
a la Virgen su ayuda en la victoria sobre los turcos en
Lepanto, el 7 de octubre de 1571. Es famoso su Breve
Consueverunt (14-IX-1569), que vio en el Rosario un
presagio de aquella victoria. Clemente XI extendió la
fiesta a toda la Iglesia el 3-X-1716. León XIII le
otorgó un mayor rango litúrgico y publicó nueve
admirables Encíclicas sobre el Rosario. Con San Pío X
quedó definitivamente la fecha de su celebración el 7 de
octubre.
La
celebración de este día es una invitación para todos a
rezar y meditar los misterios de la vida de Jesús y de
María, que se contemplan en esta devoción mariana.
"...Hoy, primer día de octubre, desearía detenerme en
dos aspectos que, en la comunidad eclesial, caracterizan
este mes: la oración del Santo Rosario y el compromiso
por las misiones. El día 7celebraremos la fiesta de la Virgen
del Rosario, y es como si, cada año, Nuestra
Señora nos invitara a redescubrir la belleza de esta
oración, tan sencilla y profunda. El
amado Juan Pablo II fue gran apóstol del Santo Rosario:
le recordamos arrodillado con la corona entre las manos,
inmerso en la contemplación de Cristo, como él mismo
invitó a hacer con la Carta Apostólica «Rosarium
Virginis Mariae».
El Rosario es oración contemplativa y cristocéntrica,
inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es
la oración del cristiano que avanza en la peregrinación
de la fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por
María. Deseo invitaros, queridos hermanos y hermanas, a
rezar el Rosario durante este mes en familia, en las
comunidades y en las parroquias por las intenciones del
Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del
mundo..." (Benedicto
XVI. Ángelus. Domingo 1 de octubre 2006)

En está edición especial
dedicada a Nuestra Señora del Rosario los
invitamos a leer y meditar el texto preparado por
Antonio Boggiano que lleva por título "Meditación del
Santo Rosario" .
El texto completo lo
puede leer y/o imprimir desde las siguientes direcciones
de nuestro sitio VirgoFidelis.info
http://virgofidelis.info/El.Santo.Rosario.docx
http://virgofidelis.info/El.Santo.Rosario.pdf
En la introducción el
autor expresa:
MEDITACIÓN DEL ROSARIO
SANTO
Estas son, o pretenden ser, meditaciones. Es claro que
uno no suele meditar a solas, lo cual es difícil y
expuesto al solipisismo.
La meditación
viva requiere un interlocutor. Una persona o varias. Un
libro o varios. Hay una sola persona con la que podemos
meditar a solas, en lo secreto, sin que lo hablado pueda
divulgarse. Nos busca por todos los caminos, las
ciudades, por todos lados. Es Dios.
Se dirá: pero
hablar con Dios no es cosa fácil. Debe haber
requerimientos muy especiales. Podemos hablar con Dios.
Él nos enseña a orar. Nos presta atención. También hay
libros que nos enseñan a hablar con Dios.
Meditar también
es dialogar con alguien con quien se piensa un asunto.
Es verdad, con
Dios es distinto. Dios “habla a los hombres como amigos
y se entretiene con ellos, para invitarlos y admitirlos
a la comunión con El” Dei Verbum, n. 2.
¿Qué es esto?
Cristo nos habla con palabras humanas de Dios. ¿Quién no
entiende la parábola del buen samaritano?
¿Cómo ocurre
eso? Por la venida de Dios a nosotros para
“entretenernos y admitirnos a la comunión con Él”.
Viene con la
Encarnación. Dios se hizo hombre. Siendo Dios realmente,
tomó la naturaleza humana para poder hablarnos y
enseñarnos. Y redimirnos Es Él. ¿Lo creemos? Si no lo
creemos no nos detendremos a hablar con Él o tal vez,
sí. Pero sin creer le diremos: “ven otro día y te
escucharemos” como le dijeron los griegos a Pablo,
apóstol, enviado por el Salvador.
Si creemos
diremos como Pedro: Tú eres el Cristo. Y allí Dios nos
llevará con su Palabra que es Él, por nuestra vida.
El tema de
nuestra conversación con Él será nuestra vida. Nuestra
vida termina en la muerte. “Nuestras vidas son como ríos
que van a dar a la mar”. La muerte es el único verdadero
interrogante del hombre. Por eso Schopenhauer decía que
era la diosa de la filosofía. ¿Qué será de mí?
Pero la
bibliografía es inagotable.
Nos
enfrentamos, nos anticipamos a ella con la Palabra de
Cristo que nos dice: Si estás unido a mí, no morirás.
¡Que majestuoso
es esto!
Es lo más
grande: tú no morirás. Tendrás una vida eterna y feliz.
Pero hay algo
que nos pide: que estemos con Él. Se dirá, hablar con
Dios es ya estar con Dios… Si… pero ha de ser un hablar
de unión, una comunión, una participación. ¿Y cuál es
esa unión? “El que no toma su cruz y me sigue no es
digno de mi”. Cristo nos une con su Cruz, con la de Él
que debemos tomar como nuestra. Nuestra vida con Cristo
es una vida con cruz: la suya, que nos participa. Nos da
tristeza pero ésta se convertirá en alegría perdurable.
Es una promesa. ¿Creemos?
Recordemos a
Jesús en el Huerto. “Triste está mi alma hasta la
muerte”. Todo el mal de la historia pesa sobre el alma
justa de Jesús.
Jesús sabe lo
que le espera “Si puede ser…”. Pero Él sabe que no puede
ser. No puede pasar de Él el cáliz de su Pasión
Redentora. La gloria de la Resurrección vendrá, después…
¿Cómo será el
tiempo para Dios? Para el Dios encarnado hay una
tristeza de ahora… del huerto.
¿Cómo fue
Señor? Tú, más que nadie puede comprender nuestra
tristeza y dolor.
Ayúdanos señor.
Danos la gracia de estar contigo en nuestro dolor. Que
nuestro dolor sea tu dolor. Si pudiera ser, que estén
juntos, porque nuestra alma también está triste. Sólo Tú
puedes introducir nuestra alma en la vida trinitaria; en
el “Abba, Pater”.
Debemos hablar
con Dios de nuestras tristezas, miedos, angustias,
ahogos, derrotas y fracasos grandes. Él podrá decirnos:
las conozco, las llevé en el huerto, en la flagelación,
en la cruz. Conozco tus dolores, tus miedos. Y también
tus pecados. Créeme que todo lo que dices lo padecí por
ti. Y nos dirá nuestro nombre. Ten ánimo, algunas cosas
me han gustado. Nosotros no lo sabemos. Podemos atisbar
pero, ¿saber? No lo creo. Podremos ir adelante y
decirle: Tengo miedo de todas las cosas malas que he
hecho y las buenas que he hecho mal. Él dirá: No temas.
Dime todo. Llévalo a la penitencia cotidiana. Tus
ejercicios físicos –que te disgustan-, hablar con
dulzura a quienes te atacan. Perdona a todos contra
quienes tengas quejas… y así íntimamente seguirá nuestra
oración con Dios. Hablaremos de las pérdidas que todos
padecemos.
Esta oración
puede también versar sobre los misterios del Santo
Rosario.
Para ello me he valido de unos pocos libros que serán
citados sólo con el nombre del autor y las páginas:
Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, BAC,
Madrid 2015, Ocariz, Naturaleza, Gracia, Gloria,
EUNSA, Pamplona 2000.

EL SANTO
ROSARIO,
UN TESORO PARA
RECUPERAR
El Rosario de la
Virgen María, difundido gradualmente en el segundo
Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una
oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por
el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue
siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado
una oración de gran significado, destinada a producir
frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino
espiritual de un cristianismo que, después de dos mil
años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes,
y se siente empujado por el Espíritu de Dios a «remar
mar adentro» (duc in altum!), para anunciar, más aún,
'proclamar' a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el
Camino, la Verdad y la Vida» (Jn14, 6), el «fin de la
historia humana, el punto en el que convergen los deseos
de la historia y de la civilización».
El
Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter
mariano, es una oración centrada en la cristología. En
la sobriedad de sus partes, concentra en sí la
profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es
como un compendio. En él resuena la oración de María, su
perenne Magnificat por la obra de la Encarnación
redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo
cristiano aprende de María a contemplar la belleza del
Rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su
amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene
abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas
manos de la Madre del Redentor. (...) ("Rosarium
Virginis Mariae" 1)
"...El Rosario es también un itinerario de
anuncio y de profundización, en el que el misterio
de Cristo es presentado continuamente en los
diversos aspectos de la experiencia cristiana. Es
una presentación orante y contemplativa, que trata
de modelar al cristiano según el corazón de Cristo.
Efectivamente, si en el rezo del Rosario se valoran
adecuadamente todos sus elementos para una
meditación eficaz, se da, especialmente en la
celebración comunitaria en las parroquias y los
santuarios, una significativa oportunidad
catequética que los Pastores deben saber
aprovechar. La
Virgen del Rosario continúa también de este modo su
obra de anunciar a Cristo.
La historia del Rosario muestra cómo esta oración ha
sido utilizada especialmente por los Dominicos, en
un momento difícil para la Iglesia a causa de la
difusión de la herejía. Hoy estamos ante
nuevos desafíos. ¿Por qué no volver a tomar en la
mano las cuentas del rosario con la fe de quienes
nos han precedido? El Rosario conserva toda
su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el
bagaje pastoral de todo buen evangelizador..." ("Rosarium
Virginis Mariae" 17)
