|
Editores de
"El Camino de
María"


|
|
NOVENA
A LA INMACULADA
El
Papa Pío IX instituyó esta celebración cuando proclamó el Dogma
de la Inmaculada Concepción el 8 de Diciembre de 1854: “…la
Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de
pecado original en el primer instante de su concepción por singular
gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos
de Jesucristo, Salvador del género humano",
V Señor, ten
misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, ten misericordia de nosotros
R. Cristo, ten misericordia de nosotros
V. Señor, ten misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, óyenos
R. Cristo, óyenos
V. Cristo, escúchanos
R. Cristo, escúchanos
V. Dios, Padre celestial
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Hijo Redentor del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Espíritu Santo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Trinidad Santa, un solo Dios
R. Ten
misericordia de nosotros
Acordaos,
¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando
vuestro socorro, haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Acuérdate, Virgen
Madre de Dios, cuando estés delante del Señor, de decirle cosas
buenas de mí. "Recordare, Virgo Mater Dei, dum steteris in
conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona".
(Oración
de la Misa de María Mediadora de todas de todas las gracias)

La Santísima Virgen cooperadora en la obra de la
Redención
La
Santísima Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del
Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio
de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre
del Divino Redentor, y en forma singular la generosa
colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del
Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo,
presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo
mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo
singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida
caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas.
por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia (Lumen
Gentium, 61)
|
 |
 |
|