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PEREGRINANDO EN LA FE CON  MARÍA

Editores de

"El Camino de María"

Mes de María 

Sexto día

"Peregrinando en

la Fe con María"

Primer día

Segundo día

Tercer día

Cuarto día

Quinto día

Sexto día

 

 

..

 

 

 

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando
vuestro socorro, haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

 

Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés delante del Señor, de decirle cosas buenas de mí. "Recordare, Virgo Mater Dei, dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona".
(Oración de la Misa de María Mediadora de todas de todas las gracias)

 

 

 

La Anunciación del Ángel a María


"En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una joven virgen que vivía en la ciudad de Galilea llamada Nazareth, y que era prometida de José, de la familia de David. Y el nombre de la virgen era María. Entró el ángel a su presencia y le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. María quedó muy conmovida por lo que veía, y se preguntaba qué querría decir ese saludo. Pero el ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Vas a quedar embarazada y darás a luz a un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande, y con razón lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios le dará el trono de David, su antepasado. Gobernará por siempre el pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás. María, entonces, dijo al ángel: ¿Cómo podré ser madre si no tengo relación con ningún hombre? Contestó el ángel: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por eso tu hijo será Santo y con razón lo llamarán Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel: en su vejez ha quedado esperando un hijo, y ya está en el sexto mes del embarazo. Para Dios, nada será imposible. Dijo María: Yo soy la esclava del Señor; Hágase en mí lo que has dicho. Después de estas palabras, el ángel se retiró" (Lucas 1,26-38).
 
 
He aquí, dice, la esclava del Señor. ¿Qué humildad es ésta tan alta que no se deja vencer de las honras ni se engrandece en la gloria? Es escogida por Madre de Dios y se da el nombre de esclava (...]. No es cosa grande ser humilde en el abatimiento, pero es muy grande y muy rara ser humilde en el honor. (SAN BERNARDO Homilía sobre la Virgen Madre, 4).
 
Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción: Y dijo María: He aquí la esclava del Señor. Se llama esclava la que es elegida como Madre, y no se llena de orgullo por una promesa tan sorprendente: porque la que había de dar a luz al manso y humilde, debió manifestar ante todo su humildad; llamándose a si misma esclava, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que le mandaban (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, vol. V, p. 50).
 
Esta hermosa virtud, dice San Bernardo, fue la causa de que el Padre Eterno mirase a la Santísima Virgen con complacencia; y si la virginidad atrajo las miradas divinas, su humildad fue la causa de que concibiese en su seno al Hijo de Dios. Si la Santísima Virgen es la Reina de las Vírgenes, es también la Reina de los humildes (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la humildad).
 

CATEQUESIS DEL PAPA JUAN PABLO II

 

LA NUEVA HIJA DE SIÓN

 Audiencia General del miércoles 1 de mayo  de 1996

La nueva Hija de Sión
 
 
Queridos hermanos y hermanas:

1. En el momento de la Anunciación, María, «excelsa Hija de Sión», recibe el saludo del ángel como representante de la humanidad, llamada a dar su consentimiento a la Encarnación del Hijo de Dios.
La primera palabra que el ángel le dirige es una invitación a la alegría: chaire, es decir, alégrate. El término griego fue traducido al latín con Ave, una sencilla expresión de saludo, que no parece corresponder plenamente a las intenciones del mensajero divino y al contexto en que tiene lugar el encuentro.
Ciertamente, chaire era también una fórmula de saludo, que solían usar a menudo los griegos, pero las circunstancias extraordinarias en que es pronunciada no pertenecen al clima de un encuentro habitual. En efecto, no conviene olvidar que el ángel es consciente de que trae un anuncio único en la historia de la humanidad; de ahí que un saludo sencillo y usual sería inadecuado. Por el contrario, parece más apropiado a esa circunstancia excepcional la referencia al significado originario de la expresión chaire, que es alégrate.
Como han notado constantemente sobre todo los Padres griegos citando varios oráculos proféticos, la invitación a la alegría conviene especialmente al anuncio de la venida del Mesías.
 
2. El pensamiento se dirige, ante todo, al profeta Sofonías. El texto de la Anunciación presenta un paralelismo notable con su oráculo: «¡Exulta, hija de Sión; da voces jubilosas, Israel; alégrate con todo el corazón, hija de Jerusalén!» (Sof 3,14). Ese oráculo incluye una invitación a la alegría: «Alégrate con todo el corazón» (v. 14); una alusión a la presencia del Señor: «El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti» (v. 15); la exhortación a no tener miedo: «No temas, Sión. No desmayen tus manos» (v. 16); y la promesa de la intervención salvífica de Dios: «En medio de ti está el Señor como poderoso salvador» (v. 17). Las semejanzas son tan numerosas y exactas que llevan a reconocer en María a la nueva hija de Sión, que tiene pleno motivo para alegrarse porque Dios ha decidido realizar su plan de salvación.
Una invitación análoga a la alegría, aunque en un contexto diverso, viene de la profecía de Joel: «No temas, suelo; alégrate y regocíjate, porque el Señor hace grandezas (...). Sabréis que en medio de Israel estoy yo»  (Jl 2,21.27).
 
3. También es significativo el oráculo de Zacarías, citado a propósito del ingreso de Jesús en Jerusalén (ver Mt 21,5; Jn 12,15). En él el motivo de la alegría es la venida del rey mesiánico: «¡Alégrate sobremanera, hija de Sión; grita de júbilo, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey, justo y victorioso, humilde (...). Proclamará la paz a las naciones» (Zac 9,9-10).
Por último, de la numerosa posteridad, signo de bendición divina, el libro de Isaías hace brotar el anuncio de alegría para la nueva Sión: «Regocíjate, estéril que no das a luz; rompe en gritos de júbilo y alegría, la que no ha tenido los dolores, porque son más numerosos los hijos de la abandonada que los de la casada, dice el Señor» (Is 54,1).
Los tres motivos de la invitación a la alegría -la presencia salvífica de Dios en medio de su pueblo, la venida del rey mesiánico y la fecundidad gratuita y superabundante- encuentran en María su plena realización y legitiman el rico significado que la tradición atribuye al saludo del ángel. Éste, invitándola a dar su asentimiento a la realización de la promesa mesiánica y anunciándole la altísima dignidad de Madre del Señor, no podía menos de exhortarla a la alegría. En efecto, como nos recuerda el Concilio: «Con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación. Es el momento en que el Hijo de Dios tomó de María la naturaleza humana para librar al hombre del pecado por medio de los misterios vividos en su carne»(LG,55)
 
4. El relato de la Anunciación nos permite reconocer en María a la nueva hija de Sión, invitada por Dios a una gran alegría. Expresa su papel extraordinario de madre del Mesías; más aún, de madre del Hijo de Dios. La Virgen acoge el mensaje en nombre del pueblo de David, pero podemos decir que lo acoge en nombre de la humanidad entera, porque el Antiguo Testamento extendía a todas las naciones el papel del Mesías davídico (ver Sal 2,8; [71]72,8). En la intención de Dios, el anuncio dirigido a ella se orienta a la salvación universal.
Como confirmación de esa perspectiva universal del plan de Dios, podemos recordar algunos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento que comparan la salvación a un gran banquete de todos los pueblos en el monte Sión (ver Is 25,6ss) y que anuncian el banquete final del reino de Dios (ver Mt 22,1-10).
Como hija de Sión, María es la Virgen de la alianza que Dios establece con la humanidad entera. Está claro el papel representativo de María en ese acontecimiento. Y es significativo que sea una mujer quien desempeñe esa misión.
 
5. En efecto, como nueva hija de Sión, María es particularmente idónea para entrar en la alianza esponsal con Dios. Ella puede ofrecer al Señor, más y mejor que cualquier miembro del pueblo elegido, un verdadero corazón de Esposa.

Con María, la hija de Sión ya no es simplemente un sujeto colectivo, sino una persona que representa a la humanidad y, en el momento de la Anunciación, responde a la propuesta del amor divino con su amor esponsal. Ella acoge así, de modo muy particular, la alegría anunciada por los oráculos proféticos, una alegría que aquí, en el cumplimiento del plan divino, alcanza su cima.
MARÍA ES MI MADRE!
 
 
 
María es mi Madre!
Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico que me proporciona.
Ella es mi Madre!
Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón.
La escucho y su palabra me instruye.
La miro y su belleza me alumbra.
Ella es mi Madre!
Si estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende.
Ella es mi Madre!
Si enfermo me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
Ella es mi Madre!

En la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Ella es mi Madre!
Cuando voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.
Cuando le pido favores, me protege.
Ella es mi Madre!
Si soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la eterna corona.
Ella es mi Madre!
Que buena es María, que dulce y hermosa es!
Ella es mi Madre!

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !

BAJO TU AMPARO
 
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. 
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

ORACIÓN

 
Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

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