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TEXTOS PARA HACER LECTURA ESPIRITUAL Y ORACIÓN CON LA MADRE DEL REDENTOR EXTRAÍDOS DE LA CARTA ENCÍCLICA DE JUAN PABLO II SOBRE LA BIENAVENTURADA VÍRGEN
MARÍA EN LA VIDA DE LA IGLESIA PEREGRINA
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9. La Anunciación es la revelación del misterio de la Encarnación al comienzo mismo de su cumplimiento en la tierra. |
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Si el saludo y el nombre « llena de gracia » significan todo esto, en el contexto del anuncio del ángel se refieren ante todo a la elección de María como Madre del Hijo de Dios. Pero, al mismo tiempo, la plenitud de gracia indica la dádiva sobrenatural, de la que se beneficia María porque ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo. Si esta elección es fundamental para el cumplimiento de los designios salvíficos de Dios respecto a la humanidad, si la elección eterna en Cristo y la destinación a la dignidad de hijos adoptivos se refieren a todos los hombres, la elección de María es del todo excepcional y única. De aquí, la singularidad y unicidad de su lugar en el misterio de Cristo.
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Selección de textos referidos a este punto de la Encíclica |
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En el relato de la Anunciación, la
primera palabra del saludo del ángel -Alégrate-
constituye una invitación a la alegría que remite a los
oráculos del Antiguo Testamento dirigidos a la hija de Sión.
Lo hemos puesto de relieve en la catequesis anterior, explicando
también los motivos en los que se funda esa invitación: la
presencia de Dios en medio de su pueblo, la venida del rey
mesiánico y la fecundidad materna. Estos motivos encuentran en
María su pleno cumplimiento.
El ángel Gabriel, dirigiéndose a la Virgen de Nazaret, después del saludo «Alégrate», la llama «llena de gracia». Esas palabras del texto griego: «alégrate» y «llena de gracia», tienen entre sí una profunda conexión: María es invitada a alegrarse sobre todo porque Dios la ama y la ha colmado de gracia con vistas a la maternidad divina. La fe de la Iglesia y la experiencia de los santos enseñan que la gracia es la fuente de alegría y que la verdadera alegría viene de Dios. En María, como en los cristianos, el don divino es causa de un profundo gozo. Llena de Gracia es el nombre propio de María para Dios porque sería la madre del Verbo «Llena de gracia»: esta palabra dirigida a María se presenta como una calificación propia de la mujer destinada a convertirse en la madre de Jesús. Lo recuerda oportunamente la constitución Lumen gentium, cuando afirma: «La Virgen de Nazaret es saludada por el ángel de la Anunciación, por encargo de Dios, como "llena de gracia"» (n. 56). El hecho de que el mensajero celestial la llame así confiere al saludo angélico un valor más alto: es manifestación del misterioso plan salvífico de Dios con relación a María. Como escribí en la encíclica Redemptoris Mater: «La plenitud de gracia indica la dádiva sobrenatural, de la que se beneficia María porque ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo» (n. 9).
(María, la "llena de gracia"
. Audiencia General, S.S.Juan Pablo II , 8/05/1996)
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