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EL CAMINO DE MARÍA

«Mi Carne es verdadera comida, y Mi Sangre verdadera bebida; el que come Mi Carne, y bebe Mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él.» (Jn 6, 56-57)

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"Oh, Sangre y Agua que brotaste del Sagrado Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros: En Ti confío." (Diario, 187)

JESUS, CONFIO EN TI

"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327).

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Newsletter 526

LA EUCARISTÍA, DON DE DIOS PARA LA VIDA DEL MUNDO

Domingo 1 de agosto de 2010

Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.

  Soy todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen

Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,  la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase).  A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

 

“Mane nobiscum, Domine!”

Como los dos discípulos del Evangelio, te imploramos.

Señor Jesús, ¡quédate con nosotros! 

 
Tú, divino Caminante, experto de nuestras calzadas y conocedor de nuestro corazón, no nos dejes prisioneros de las sombras de la noche. 

Ampáranos en el cansancio, perdona nuestros pecados, orienta nuestros pasos por la vía del bien. 

Bendice a los niños, a los jóvenes, a los ancianos, a las familias y particularmente a los enfermos. Bendice a los sacerdotes y a las personas consagradas. Bendice a toda la humanidad. 

En la Eucaristía te has hecho “remedio de inmortalidad”: danos el gusto de una vida plena, que nos ayude a caminar sobre esta tierra como peregrinos seguros y alegres, mirando siempre hacia la meta de la vida sin fin. 
 
Quédate con nosotros, Señor!

Quédate con nosotros! Amén.

ORACIÓN AL FINALIZAR LA HOMILÍA DURANTE LA CELEBRACIÓN DE LA SANTA MISA, ADORACIÓN Y BENDICIÓN EUCARÍSTICA CON OCASIÓN DEL COMIENZO DEL AÑO DE LA EUCARISTÍA . 17 DE OCTUBRE DE 2004

 

Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

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Continuamos en esta edición de El Camino de María enviándoles  meditaciones sobre la Sagrada Eucaristía extraídas del Magisterio de la Iglesia en general, y textos catequéticos escritos por el Siervo de Dios Juan Pablo II y el Santo Padre Benedicto XVI en particular. Esta serie de meditaciones lleva por título LA EUCARISTÍA, DON DE DIOS PARA LA VIDA DEL MUNDO, y ha comenzado con la Edición 522.

http://www.mariamediadora.com/Oracion/Newsletter522.htm

La Edición 524 la hemos dedicado a meditar sobre: LA EUCARISTÍA SUPREMA CELEBRACIÓN TERRENA DE LA GLORIA DE DIOS.

http://www.mariamediadora.com/Oracion/Newsletter524htm

La Edición 525 la hemos dedicado a meditar sobre: LA EUCARISTÍA MEMORIAL DE LAS MARAVILLAS QUE DIOS HA REALIZADO EN FAVOR DE LOS HOMBRES.

http://www.mariamediadora.com/Oracion/Newsletter525.htm

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"Con la presente Carta Encíclica, deseo suscitar este «asombro» eucarístico, en continuidad con la herencia jubilar que he querido dejar a la Iglesia con la Carta apostólica Novo millennio ineunte y con su coronamiento mariano Rosarium Virginis Mariae. Contemplar el Rostro de Cristo, y contemplarlo con María, es el «programa» que he indicado a la Iglesia en el alba del tercer milenio, invitándola a remar mar adentro en las aguas de la historia con el entusiasmo de la nueva evangelización. Contemplar a Cristo implica saber reconocerle dondequiera que Él se manifieste, en sus multiformes presencias, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su Cuerpo y de su Sangre. La Iglesia vive del Cristo Eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada. La Eucaristía es misterio de fe y, al mismo tiempo, «misterio de luz». Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: «Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron» (Lc 24, 31). (Ecclesia de Eucharistia, 6).

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"El nuevo culto cristiano abarca todos los aspectos de la vida, transfigurándola: «Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1 Co 10,31). El cristiano está llamado a expresar en cada acto de su vida el verdadero culto a Dios. De aquí toma forma la naturaleza intrínsecamente eucarística de la vida cristiana. La Eucaristía, al implicar la realidad humana concreta del creyente, hace posible, día a día, la transfiguración progresiva del hombre, llamado a ser por gracia imagen del Hijo de Dios (cf. Rm 8,29 s.). Todo lo que hay de auténticamente humano —pensamientos y afectos, palabras y obras— encuentra en el Sacramento de la Eucaristía la forma adecuada para ser vivido en plenitud. Aparece aquí todo el valor antropológico de la novedad radical traída por Cristo con la Eucaristía: el culto a Dios en la vida humana no puede quedar relegado a un momento particular y privado, sino que, por su naturaleza, tiende a impregnar todos los aspectos de la realidad del individuo. El culto agradable a Dios se convierte así en un nuevo modo de vivir todas las circunstancias de la existencia, en la que cada detalle queda exaltado al ser vivido dentro de la relación con Cristo y como ofrenda a Dios. La gloria de Dios es el hombre viviente (cf. 1 Co 10,31). Y la vida del hombre es la visión de Dios." (Benedicto XVI. Sacramentum Caritatis, 71)

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Que nos ayude sobre todo la Santísima Virgen, que encarnó con toda su existencia la lógica de la Eucaristía. «La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este Santísimo Misterio». El Pan Eucarístico que recibimos es la Carne Inmaculada del Hijo: «Ave verum corpus natum de Maria Virgine». Que en este Año de gracia, con la ayuda de María, la Iglesia reciba un nuevo impulso para su misión y reconozca cada vez más en la Eucaristía la fuente y la cumbre de toda su vida. (Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine, 31)

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"¡Queridos hijos! Los invito nuevamente a seguirme con alegría. Deseo guiarlos a todos a mi Hijo y a vuestro Salvador. No están conscientes de que sin El no tienen alegría, ni paz, ni futuro, ni vida eterna. Por eso, hijitos, aprovechen este tiempo de oración y abandono gozosos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 25/7/2010

 

DEL VENERABLE SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II 

LA EUCARISTÍA, DON DE DIOS

 PARA LA VIDA DEL MUNDO

          

(III) LA EUCARISTÍA, SACRIFICIO DE ACCIÓN DE GRACIAS Y DE ALABANZA A DIOS PADRE 
 
Audiencia del miércoles 11 de octubre de 2000

SACRIFICIO DE ACCIÓN DE GRACIAS Y DE ALABANZA

 

Queridos hermanos y hermanas: 

1. "Por Cristo, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria". Con esta proclamación de alabanza a la Trinidad se concluye en toda Celebración Eucarística la plegaria del Canon. En efecto, la Eucaristía es el perfecto "sacrificio de alabanza", la glorificación más elevada que sube de la tierra al Cielo, "la fuente y cima de toda la vida cristiana, en la que los hijos de Dios ofrecen al Padre la Víctima Divina y a sí mismos con Ella" (cf. Lumen gentium, 11). En el Nuevo Testamento la carta a los Hebreos nos enseña que la liturgia cristiana es ofrecida por un "Sumo Sacerdote santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores y encumbrado por encima de los cielos", que ha realizado de una vez para siempre un único Sacrificio "ofreciéndose a Sí mismo" (cf. Hb 7, 26-27). "Por medio de Él -dice la carta-, ofrecemos a Dios sin cesar un sacrificio de alabanza" (Hb 13, 15). Así queremos evocar brevemente los temas del sacrificio y de la alabanza, que confluyen en la Eucaristía, sacrificium laudis.

2. En la Eucaristía se actualiza, ante todo, el Sacrificio de Cristo. Jesús está realmente presente bajo las especies del pan y del vino, como Él mismo nos asegura:  "Esto es mi Cuerpo... Esta es mi Sangre" (Mt 26, 26. 28). Pero el Cristo presente en la Eucaristía es el Cristo ya glorificado, que en el Viernes santo se ofreció a Sí mismo en la Cruz. Es lo que subrayan las palabras que pronunció sobre el cáliz del vino:  "Esta es mi Sangre de la Alianza, derramada por muchos" (Mt 26, 28; cf. Mc 14, 24; Lc 22, 20). Si se analizan estas palabras a la luz de su filigrana bíblica, afloran dos referencias significativas. La primera es la expresión "sangre derramada", que, como atestigua el lenguaje bíblico (cf. Gn 9, 6), es sinónimo de muerte violenta. La segunda consiste en la precisión "por muchos", que alude a los destinatarios de esa sangre derramada. Esta alusión nos remite a un texto fundamental para la relectura cristiana de las Escrituras, el cuarto canto de Isaías:  con su sacrificio, "entregándose a la muerte", el Siervo del Señor "llevó el pecado de muchos" (Is 53, 12; cf. Hb 9, 28; 1 P 2, 24).

3. Esa misma dimensión sacrificial y redentora de la Eucaristía se halla expresada en las palabras de Jesús sobre el pan en la Última Cena, tal como las refiere la tradición de San Lucas y San Pablo:  "Esto es mi Cuerpo, entregado por vosotros" (Lc 22, 19; cf. 1 Co 11, 24). También en este caso se hace una referencia a la entrega sacrificial del Siervo del Señor según el pasaje ya evocado de Isaías:  "Se entregó a la muerte (...), llevó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores" (Is 53, 12). "La Eucaristía es, por encima de todo, un sacrificio:  sacrificio de la Redención y al mismo tiempo sacrificio de la nueva alianza, como creemos y como claramente profesan también las Iglesias orientales:  "El sacrificio actual -afirmó hace siglos la Iglesia griega (en el Sínodo Constantinopolitano contra Soterico, celebrado en los años 1156-1157)- es como aquel que un día ofreció el Unigénito Verbo de Dios encarnado y es ofrecido, hoy como entonces, por Él, siendo el mismo y único sacrificio"" (Carta Apostólica Dominicae Coenae, 9).

4. La Eucaristía, sacrificio de la nueva alianza, se presenta como desarrollo y cumplimiento de la alianza celebrada en el Sinaí cuando Moisés derramó la mitad de la sangre de las víctimas sacrificiales sobre el altar, símbolo de Dios, y la otra mitad sobre la asamblea de los hijos de Israel (cf. Ex 24, 5-8). Esta "sangre de la alianza" unía íntimamente a Dios y al hombre con un vínculo de solidaridad. Con la Eucaristía la intimidad se hace total, el abrazo entre Dios y el hombre alcanza su cima. Es la realización de la "nueva alianza" que había predicho Jeremías (cf. Jr 31, 31-34):  un pacto en el espíritu y en el corazón, que la carta a los Hebreos exalta precisamente partiendo del oráculo del profeta, refiriéndolo al sacrificio único y definitivo de Cristo (cf. Hb 10, 14-17).

5. Al llegar a este punto, podemos ilustrar otra afirmación:  la Eucaristía es un sacrificio de alabanza. Esencialmente orientado a la comunión plena entre Dios y el hombre, "el sacrificio eucarístico es la fuente y la cima de todo el culto de la Iglesia y de toda la vida cristiana. En este sacrificio de acción de gracias, de propiciación, de impetración y de alabanza los fieles participan con mayor plenitud cuando no sólo ofrecen al Padre con todo su corazón, en unión con el sacerdote, la Sagrada Víctima y, en Ella, se ofrecen a sí mismos, sino que también reciben la misma Víctima en el Sacramento" (Sagrada Congregación de Ritos, Eucharisticum Mysterium, 3).

Como dice el término mismo en su etimología griega, la Eucaristía es acción de gracias; en ella el Hijo de Dios une a Sí mismo a la humanidad redimida en un cántico de acción de gracias y de alabanza. Recordemos que la palabra hebrea todah, traducida por "alabanza", significa también "acción de gracias". El sacrificio de alabanza era un sacrificio de acción de gracias (cf. Sal 50, 14. 23). En la Última Cena, para instituir la Eucaristía, Jesús dio gracias a su Padre (cf. Mt 26, 26-27 y paralelos); este es el origen del nombre de ese Sacramento.

6. "En el sacrificio eucarístico, toda la creación amada por Dios es presentada al Padre a través de la Muerte y Resurrección de Cristo" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1359). Uniéndose al Sacrificio de Cristo, la Iglesia en la Eucaristía da voz a la alabanza de la creación entera. A eso debe corresponder el compromiso de cada fiel de ofrecer su existencia, su "cuerpo" -como dice san Pablo- "como una Víctima viva, santa, agradable a Dios" (Rm 12, 1), en una comunión plena con Cristo. De este modo una sola vida une a Dios y al hombre: Cristo Crucificado y Resucitado por todos y al discípulo llamado a entregarse totalmente a Él.

Esta íntima comunión de amor es lo que canta el poeta francés Paul Claudel, el cual pone en labios de Cristo estas palabras:

 "Ven Conmigo, a donde Yo estoy, en ti mismo, y te daré la clave de la existencia. Donde Yo estoy, está eternamente el secreto de tu origen (...). ¿Dónde están tus manos, que no estén las mías? ¿Y tus pies, que no estén clavados en la misma cruz? ¡Yo he muerto y he resucitado una vez para siempre! Estamos muy cerca el uno del otro (...). ¿Cómo puedes separarte de Mí sin arrancarme el Corazón?" (La Messe là-bas).

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EL CAMINO DE MARIA . Edición número 526 para %EmailAddress%

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