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Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
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Acuérdate, Virgen
Madre de Dios, cuando estés delante del Señor, de decirle cosas buenas
de mí.
Recordare, Virgo Mater
Dei, dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona.
(Oración de la
Santa Misa de María Mediadora de todas de todas las gracias)

"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente
de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen
con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327)
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Edición 470
15 de noviembre de 2009
MARIA MEDIADORA DE TODAS
LAS GRACIAS
La fiesta
de María Mediadora de todas las Gracias la instituyó el Papa
Benedicto XV en 1921; en ella se nos invita a recurrir siempre con
confianza a esta mediación de la Madre del Redentor.
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"La Santísima
Virgen es Dispensadora universal de todas las gracias, tanto por
su divina Maternidad: que las obtiene de su Hijo, como por su
Maternidad espiritual: que las distribuye entre sus otros hijos, los
hombres. Esto lo hace subordinada a Cristo, pero de manera inmediata. Y
ello por una específica y singular determinación de la voluntad de Dios,
que ha querido otorgar a María esta doble función: ser Corredentora y
Dispensadora, con alcance universal y para siempre".
(Pío
X, Encíclica "Ad diem illum laetissimum" 4 de
febrero de 1904)

TOTUS
TUUS
Soy todo tuyo y todas mis cosas Te
pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.


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Oh Dios Padre
Misericordioso,
que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,
la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia
peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los
hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también
responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana,
convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en
ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que
te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum
Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te
pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del
cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y
de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos.
Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
25 de marzo al 25 de diciembre
VIA MATRIS
Contemplación y meditación de los 7 Dolores de la Virgen Santísima
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La Santísima Virgen María manifestó a Santa Brígida que concedía 7 gracias a quienes diariamente le honrasen considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete Avemarías:
1.Pondré paz en sus familias.
2.Serán iluminados en los Divinos Misterios.
3.Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
4.Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Hijo y a la santificación de sus almas.
5.Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.
6.Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre.
7.He conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría

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Mediadora de la eternidad
La Virgen es la única que se encuentra entre la
naturaleza creada y la no creada. Todos los que conocen a Dios
sabrán que Ella sirvió de lugar a Quien lugar alguno podía
albergar, y todos los que alaben a Dios la alabarán después de
Dios. Ella es la razón de todo lo que la ha precedido. Ella
preside a todo cuanto le sigue. Ella es la Mediadora de la
eternidad.
(San Gregorio Palamas, monje ortodoxo
1296-1359)
EL AVE MARIA
Siervo de Dios Juan Pablo
II
"...La primera parte del
Ave María, tomada de las
palabras dirigidas a María
por el ángel Gabriel y por
Santa Isabel, es
contemplación adorante del
misterio que se realiza en
la Virgen de Nazaret.
Expresan, por así decir, la
admiración del Cielo y de la
tierra y, en cierto sentido,
dejan entrever la
complacencia de Dios mismo
al ver su obra maestra –la
Encarnación del Hijo en el
Seno virginal de María–,
análogamente a la mirada de
aprobación del Génesis (cf.
Gn 1, 31), aquel «pathos
con el que Dios, en el alba
de la creación, contempló la
obra de sus manos».
Repetir el Ave María
nos acerca a la complacencia
de Dios: es júbilo,
asombro, reconocimiento del
milagro más grande de la
historia. Es el cumplimiento
de la profecía de María:
«Desde ahora todas las
generaciones me llamarán
bienaventurada» (Lc1,
48).
El centro del Ave María,
casi como engarce entre la
primera y la segunda parte,
es el Nombre de Jesús.
A veces, en el rezo
apresurado, no se percibe
este aspecto central y
tampoco la relación con el
misterio de Cristo que se
está contemplando. Pero es
precisamente el relieve que
se da al Nombre de Jesús
y a su misterio lo que
caracteriza una recitación
consciente y fructuosa del
Santo Rosario (...) Expresa
con intensidad la fe
Cristológica, aplicada a los
diversos momentos de la Vida
del Redentor. Es profesión
de fe y, al mismo tiempo,
ayuda a mantener atenta la
meditación, permitiendo
vivir la función
asimiladora, innata en la
repetición del Ave María,
respecto al misterio de
Cristo. Repetir el Nombre de
Jesús –el único
Nombre del cual podemos
esperar la salvación (cf.
Hch 4, 12)– junto con el de
su Madre Santísima, y como
dejando que Ella misma nos
lo sugiera, es un modo de
asimilación, que aspira a
hacernos entrar cada vez más
profundamente en la Vida de
Cristo.
De la especial relación con
Cristo, que hace de María la
Madre de Dios, la
Theotòkos, deriva,
además, la fuerza de la
súplica con la que nos
dirigimos a Ella en la
segunda parte del Ave
María, confiando a su
materna intercesión nuestra
vida y la hora de nuestra
muerte..." Rosarium
Virginis Mariae,
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Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María
Dedicamos una nueva
edición
de "El Camino de
María" a contemplar a
María Santísima, Mediadora de todas las Gracias.
El Concilio Vaticano II
da a la Virgen María el título de "Mediadora" al afirmar
que "continúa procurándonos con su múltiple intercesión los
dones de la salvación eterna"
(Lumen Gentium, 62).
Y con el
título de "Madre en el orden de la gracia"
(Lumen Gentium, 61)
el Concilio enseña que la Virgen coopera con Cristo en el
renacimiento espiritual de la humanidad.
En la siguiente dirección de nuestro sitio
BenedictumXVI.us hemos publicado un
texto sobre la
Mediación de María, escrito por el hoy Santo Padre
Benedicto XVI.
http://www.benedictumxvi.us/MariaMediadora.html
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A partir del 8 de noviembre
se ha iniciado en los países del Hemisferio Sur el MES
CONSAGRADO A MARÍA SANTÍSIMA, que culmina el 8 de
diciembre con la celebración de la Fiesta de la Inmaculada
Concepción del María. La piedad popular ha visto en este mes
una excelente ocasión para multiplicar las iniciativas de piedad
mariana. Invitamos a todos los
suscriptores de El Camino de María y sus amigos y conocidos,
a recibir diariamente en su e-mail meditaciones extraídas
de la Catequesis del Papa Juan Pablo II bajo el lema "ORACIÓN
CON LA MADRE DEL REDENTOR" .Para ello deben llenar un
simple formulario con su nombre y su
e-mail en la siguiente dirección:
http://www.JuanPabloMagno.org/formulario3.htm
En la selección de las meditaciones para el
MES CONSAGRADO A MARÍA SANTÍSIMA, hemos seguido la recomendación de la Iglesia que
nos invita a reflexionar en los principales misterios de la vida
de María. Un reflexionar que implique hacer un esfuerzo con la
mente, la imaginación y el corazón, para profundizar en las
virtudes que la Virgen Santísima vivió a lo largo de su vida. En
"ORACIÓN
CON LA MADRE DEL REDENTOR", a lo largo de 31 capítulos,
contaremos con la guía del Magisterio y de la Catequesis del Siervo de Dios Juan Pablo II. Asimismo, en la siguiente dirección de la
Biblioteca Digital Virgo Fidelis,
pueden descargar gratuitamente a su computadora el Libro Digital
"PEREGRINANDO EN LA FE CON MARÍA" que contiene
meditaciones diarias desde el 8 de noviembre hasta el 8 de
diciembre.
http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/biblioteca2.htm
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Quien te
ama, oh excelsa María, escuche esto y llénese de gozo:
El Cielo
exulta de dicha,
la
tierra, de admiración,
cuando
digo: ¡Avemaría!
Mientras
que el mundo se aterra,
poseo el
Amor de Dios,
cuando
digo: ¡Avemaría!
Mis
temores me disipan,
mis
pasiones se apaciguan,
cuando
digo: ¡Avemaría!
Mi
devoción se acrecienta
y alcanzo
la contrición,
cuando
digo: ¡Avemaría!
Se
confirma mi esperanza,
se
acrecienta mi consuelo,
cuando
digo: ¡Avemaría!
Salta de
gozo mi espíritu,
se disipa
mi tristeza,
cuando
digo: ¡Avemaría!
Porque la
dulzura de esta suavísima salutación es tan grande que no
hay términos adecuados para explicarla debidamente y,
después de haber dicho de Ella maravillas, resulta todavía
tan escondida y profunda, que es imposible descubrirla. Es
corta en palabras, pero grande en misterios. Es más dulce
que la miel y más preciosa que el oro. Hay que tenerla
frecuentemente en el corazón para meditarla y en la boca
para recitarla y repetirla devotamente .
El Secreto Admirable del Santo Rosario, 55

La Eucaristía: Ofrecimiento
de la Misa, comunión y adoración
El Sacramento de la Reconciliación y
el de la Eucaristía están estrechamente unidos. Sin una
conversión constantemente renovada, junto con la acogida
de la gracia sacramental del perdón, la participación en
la Eucaristía no logrará su plena eficacia redentora .
Al igual que Cristo, que comenzó su ministerio con la
exhortación «arrepentíos y creed en el Evangelio»,
el Cura de Ars comenzaba generalmente su actividad
diaria con el sacramento del perdón. Mas, él gozaba
conduciendo a la Eucaristía a sus penitentes ya
reconciliados. La Eucaristía ocupaba ciertamente el
centro de su vida Espiritual y de su labor pastoral.
Acostumbraba a decir: «Todas las buenas obras juntas
no pueden compararse con el sacrificio de la Misa, pues
son obras de hombres, mientras que la Santa Misa es obra
de Dios» En ella se hace presente el
sacrificio del Calvario para la redención del mundo.
Evidentemente, el sacerdote debe unir al ofrecimiento de
la Misa la donación cotidiana de si mismo. «Por
tanto, es bueno que el sacerdote se ofrezca a Dios en
sacrificio todas las mañanas» .
«La comunión y el santo sacrificio de la Misa son los
dos actos más eficaces para conseguir la transformación
de los corazones» (16).
De
este modo, la Misa era para Juan María Vianney la grande
alegría y aliento en su vida de sacerdote. A pesar de la
afluencia de penitentes, se preparaba con toda diligencia y
en silencio durante más de un cuarto de hora. Celebraba con
recogimiento, dejando entrever su actitud de adoración en
los momentos de la consagración y de la comunión. Con gran
realismo hacía notar: «La causa del relajamiento del
sacerdote está en que no dedica suficiente atención a la
Misa»
El
Cura de Ars se dejaba embargar particularmente ante la
presencia real de Cristo en la Eucaristía. Ante el
tabernáculo pasaba frecuentemente largas horas de adoración,
antes de amanecer o durante la noche; durante sus homilías
solía señalar al Sagrario diciendo con emoción: «El esta
ahí». Por ello, él, que tan pobremente vivía en su casa
rectoral, no dudaba en gastar cuanto fuera necesario para
embellecer la iglesia. Pronto pudo verse el buen resultado:
los feligreses tomaron por costumbre el venir a rezar ante
el Santísimo Sacramento descubriendo, a través de la actitud
de su párroco, el grande misterio de la fe.
Ante tal testimonio,
viene a nuestra mente lo que el Concilio Vaticano II nos
dice hoy acerca de los sacerdotes: «Su oficio sagrado lo
ejercen, sobre todo, en el culto o asamblea Eucarística»
Y, más recientemente, el Sínodo extraordinario (diciembre de
1985) recordaba: «La liturgia debe fomentar el sentido de
lo sagrado y hacerlo resplandecer. Debe estar imbuida de
reverencia y de glorificación de Dios ... La Eucaristía es
la fuente y el culmen de toda la vida cristiana»
Queridos
hermanos sacerdotes, el ejemplo del Cura de Ars nos invita a
un serio examen de conciencia. ¿Qué lugar ocupa la santa
Misa en nuestra vida cotidiana? ¿Continúa siendo la Misa,
como en el día de nuestra Ordenación ¡fue nuestro primer
acto como sacerdotes! el principio de nuestra labor
apostólica y de nuestra santificación personal?. ¿Cómo es
nuestra oración ante el Santísimo Sacramento y cómo la
inculcamos a los fieles?. ¿Cuál es nuestro empeño en hacer
de nuestras iglesias la Casa de Dios para que la presencia
divina atraiga a los hombres de hoy, que con tanta
frecuencia sienten que el mundo está vacío de Dios?
CARTA DE JUAN PABLO II A LOS SACERDOTES . JUEVES SANTO
1986
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