EL CAMINO DE MARÍA

Cum Maria contemplemur Christi vultum!

Madre, Oh Maria, Madre mía, Te ruego humildemente, cubre mi alma con Tu manto virginal en este momento tan importante de mi vida, para que así me haga mas agradable a Tu Hijo y pueda glorificar dignamente la Misericordia de Tu Hijo delante del mundo entero y durante toda la eternidad. (Diario, 220)

JESUS, CONFIO EN TI

"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327).


Newsletter 289

TIEMPO PASCUAL

13 de mayo de 2007

Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.

  Soy todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen.

NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

PATRONA DE LA ARGENTINA

8 DE MAYO

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

13 DE MAYO

Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,  la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase).  A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

 NUEVO LIBRO DE VISITAS

JUAN PABLO MAGNO

ESCUELA DE ORACIÓN DE JUAN PABLO II

 

 

 

 

ADORADO SEAS, OH DIOS MISERICORDIOSO!

Adorado seas, oh Dios Misericordioso,
Por haberte dignado descender de los cielos a esta tierra.
Te adoramos en gran humildad,
Por haberte dignado elevar todo el género humano.
 
Insondable en Tu Misericordia, inconcebible,
Por Amor a nosotros has tomado el Cuerpo
De la Virgen Inmaculada, jamás rozada por el pecado,
Porque así lo has establecido desde la eternidad.
 
La Santísima Virgen, esta azucena blanca como la nieve,
Es la primera en adorar la omnipotencia de Tu Misericordia.
Su Corazón puro se abre con amor a la venida del Verbo,
Cree en las palabras del Ángel y se fortalece en la confianza.
 
El Cielo se asombró de que Dios se hubiera hecho hombre,
Que hubiera en la tierra un corazón digno de Dios Mismo.
¿Por qué no Te unes a un Serafín, Señor, sino a un pecador?
Oh, éste es un misterio de Tu Misericordia.
 

Oh misterio de la Divina Misericordia, oh Dios de la piedad,
Que te has dignado abandonar el Trono celestial,
Y has bajado a nuestra miseria, a la debilidad humana,
Porque no son los ángeles sino los hombres los 
Que necesitan Tu Misericordia.

 
Para expresar dignamente la Misericordia del Señor,
Nos unimos a Tu Madre Inmaculada,
Porque así nuestro himno Te será mas agradable
Ya que Ella ha sido elegida entre los ángeles y los hombres
 
 A través de Ella, como a través del cristal puro,
 Ha llegado a nosotros Tu Misericordia,
 Por su merito el hombre se hizo agradable a Dios,
 Por su mérito todos los torrentes de gracias  fluyen sobre nosotros.

Santa Faustina Kowalska . Diario, 1746.

 

Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

En "Memoria e identidad" nuestro querido y recordado Juan Pablo II escribió sobre EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN COMO LÍMITE DIVINO IMPUESTO AL MAL:

"...La Redención es el límite divino impuesto al mal por la simple razón de que con la Redención  el mal es vencido radicalmente por el Bien, el odio por el Amor, la muerte por la Resurrección.

La contienda entre el bien y el mal en que vive el hombre se ilustra a veces con la figura de la balanza. Usando este símbolo, se puede decir que Dios, ofreciendo el sacrificio de su propio Hijo en la Cruz, ha puesto esta expiación de valor infinito en el platillo del Bien, para que, en definitiva, el Bien pueda prevalecer siempre.

La palabra "Redentor" que en latín se dice "Redemptor", cuya etimología se relaciona con el verbo "redimire" (readquirir), nos acerca a la comprensión de la realidad de la Redención. Con ella se relacionan estrechamente los conceptos de "remisión" y "justificación". Ambos términos pertenecen al lenguaje del Evangelio. Cristo perdonaba los pecados haciendo hincapié en que el Hijo del hombre tiene poder para hacerlo. Cuando le trajeron a un hombre paralítico, lo primero que dijo fue: "Hijo, tus pecados quedan perdonados" (Mc 2, 5); después añadió "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa" (Mc 2, 11). Así, aunque de modo indirecto, puso de relieve que el pecado es un mal mayor que la parálisis del cuerpo.

Cristo Crucificado es quien justifica al hombre pecador cada vez que éste, apoyándose en la fe en la Redención de Cristo, se arrepiente de sus pecados, se convierte y regresa a Dios. Para ser justificados ante Dios no bastan los esfuerzos humanos. Es necesario que actúe la gracia que proviene del Sacrificio de Cristo. Porque solamente el Sacrificio de Cristo en la Cruz tiene el poder de conceder al hombre la justificación ante Dios.

Por su Resurrección, Cristo "justificó" la obra de la Creación, y especialmente la creación del hombre, en el sentido de que reveló la "medida apropiada" del bien que Dios concibió en la historia humana. Una medida que no es sólo la prevista por Él en la Creación y empañada después por el hombre con el pecado. Es una medida superabundante, en que el designio original se realiza de una manera aún más plena (cf. Gn 3, 14-15). En Cristo, el hombre está llamado a una vida nueva, la vida del hijo en el Hijo, expresión perfecta de la Gloria de Dios: "Gloria Dei vivens homo": la Gloria de Dios es el hombre viviente." (Memoria e Identidad.  Párrafos extractados de los capítulos 4, 5 y 6)

¯¯¯

Le invitamos a leer y a imprimir meditaciones diarias para el Mes de María bajo el lema "PEREGRINANDO EN LA FE CON MARÍA":  

http://www.mariamediadora.com/Mayo-mes-de-Maria/

¯¯¯

 
Pidamos a María Santísima, en sus advocaciones de Nuestra Señora de Luján y Nuestra Señora de Fátima, cuyas fiestas celebramos esta semana, que nos ayude a todos a caminar "en una vida nueva" y nos haga tomar conciencia que, estando nuestro hombre viejo crucificado con Cristo, debemos considerarnos y comportarnos como hombres nuevos, personas que viven para Dios, en Jesucristo.
 

 

 

Marisa y Eduardo

ORACION DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II 

          

ACTO DE CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

Esta Consagración fue realizada por el Papa Juan Pablo II, en la Misa de Clausura del Jubileo de los Obispos, a los pies de la imagen de la Virgen de Fátima (8 de octubre de 2000).

CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

 

“Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26).

Mientras se acerca el final de este Año Jubilar,
en el que Tú, Madre, nos has ofrecido de nuevo a Jesús,
el fruto bendito de Tu purísimo vientre,
el Verbo hecho carne, el Redentor del mundo,
resuena con especial dulzura para nosotros esta palabra suya
que nos conduce hacia Ti, al hacerte Madre nuestra:

“Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

Al encomendarte al apóstol Juan,
y con él a los hijos de la Iglesia,
más aún a todos los hombres,
Cristo no atenuaba, sino que confirmaba,
Su papel exclusivo como Salvador del mundo.
Tú eres esplendor que no ensombrece la Luz de Cristo,
porque vives en Él y para Él.
Todo en Ti es “fiat”: Tú eres la Inmaculada,
eres transparencia y plenitud de gracia.
Aquí estamos, pues, tus hijos, reunidos en torno a Ti
en el alba del nuevo Milenio.
Hoy la Iglesia, con la voz del Sucesor de Pedro,
a la que se unen tantos Pastores
provenientes de todas las partes del mundo,
busca amparo bajo Tu materna protección
e implora confiada Tu intercesión
ante los desafíos ocultos del futuro.

2. Son muchos los que, en este año de gracia,
han vivido y están viviendo
la alegría desbordante de la Misericordia
que el Padre nos ha dado en Cristo.

En las Iglesias particulares esparcidas por el mundo
y, aún más, en este centro del cristianismo,
muchas personas han acogido este don.
Aquí ha vibrado el entusiasmo de los jóvenes,
aquí se ha elevado la súplica de los enfermos.
Por aquí han pasado sacerdotes y religiosos,
artistas y periodistas,
hombres del trabajo y de la ciencia,
niños y adultos,
y todos ellos han reconocido en Tu amado Hijo
al Verbo de Dios, encarnado en Tu seno.
Haz, Madre, con Tu intercesión,
que los frutos de este Año no se disipen,
y que las semillas de gracia se desarrollen
hasta alcanzar plenamente la santidad,
a la que todos estamos llamados.

3. Hoy queremos confiarte el futuro que nos espera,
rogándote que nos acompañes en nuestro camino.
Somos hombres y mujeres de una época extraordinaria,
tan apasionante como rica de contradicciones.
La humanidad posee hoy instrumentos de potencia inaudita.
Puede hacer de este mundo un jardín
o reducirlo a un cúmulo de escombros.
Ha logrado una extraordinaria capacidad de intervenir
en las fuentes mismas de la vida:
Puede usarlas para el bien, dentro del marco de la ley moral,
o ceder al orgullo miope de una ciencia que no acepta límites,
llegando a pisotear el respeto debido a cada ser humano.
Hoy, como nunca en el pasado,
la humanidad está en una encrucijada.
Y, una vez más, la salvación está sólo y enteramente,
Oh Virgen Santa, en Tu Hijo Jesús.

4. Por esto, Madre, como el apóstol Juan,
nosotros queremos acogerte en nuestra casa (cf. Jn 19, 27),
para aprender de Ti a ser como Tu Hijo.

¡“Mujer, aquí tienes a tus hijos”!.

Estamos aquí, ante Ti,
para confiar a tus cuidados maternos
a nosotros mismos, a la Iglesia y al mundo entero.
Ruega por nosotros a Tu querido Hijo,
para que nos dé con abundancia el Espíritu Santo,
el Espíritu de verdad que es fuente de vida.
Acógelo por nosotros y con nosotros,
como en la primera comunidad de Jerusalén,
reunida en torno a Ti el día de Pentecostés (cf. Hch 1, 14).
Qué el Espíritu abra los corazones a la justicia y al amor,
guíe a las personas del mundo hacia una comprensión recíproca
y hacia un firme deseo de paz.
Te encomendamos a todos los hombres,
comenzando por los más débiles:
a los niños que aún no han visto la luz
y a los que han nacido en medio de la pobreza y el sufrimiento;
a los jóvenes en busca de sentido,
a las personas que no tienen trabajo
y a las que padecen hambre o enfermedad.
Te encomendamos a las familias rotas,
a los ancianos que carecen de asistencia
y a cuantos están solos y sin esperanza.

5. Oh Madre, que conoces los sufrimientos
y las esperanzas de la Iglesia y del mundo,
ayuda a tus hijos en las pruebas cotidianas
que la vida reserva a cada uno
y haz que, por el esfuerzo de todos,
las tinieblas no prevalezcan sobre la luz.
A Ti, Aurora de la salvación, confiamos
nuestro camino en el nuevo Milenio,
para que bajo Tu guía
todos los hombres descubran a Cristo,
Luz del mundo y único Salvador,
que reina con el Padre y el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.

 

© 2003-2007 MariaMediadora™ - All Rights Reserved

Cualquier consulta sírvase dirigirla a : marisayeduardo@santorosario.info