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Edición Especial
SANTA MARÍA REINA
22 de agosto de 2006
Salve Reina del Cielo
Salve,
Reina del Cielo
y Señora de los Ángeles;
Salve raíz, salve puerta,
que dió paso a nuestra luz.
Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
Salve, agraciada doncella,
Ruega a Cristo por nosotros.
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Oh Dios Padre Misericordioso
Que nos has dado como Madre y como Reina
a la Madre de tu Hijo, concédenos que, protegidos por Su intercesión,
alcancemos la gloria que tienes preparada a tus hijos en el Reino del
Cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
OFICIO DE LA INMACULADA
CONCEPCIÓN
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TOTUS TUUS
Totus
tuus ego sum et omnia mea Tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi
cor Tuum, Maria.
Soy todo tuyo y todas mis cosas Te
pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.


Totus tuus sum,
Maria,
Mater nostri Redemptoris.
Virgo Dei, Virgo pia,
Mater mundi Salvatoris.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.
Oh Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!: Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.


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Oh Dios Padre
Misericordioso,
que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,
la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia
peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los
hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también
responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana,
convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en
ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que
te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum
Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te
pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del
cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y
de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos.
Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
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Saludo a la
Bienaventurada Virgen María
Salve,
Señora, santa Reina,
Santa Madre de Dios, María,
que eres Virgen hecha Iglesia,
y elegida por el Santísimo Padre del Cielo,
que te consagró con su Santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la que estuvo y está
toda la plenitud de la gracia y todo bien.
Salve, palacio suyo;
Salve, tabernáculo suyo;
Salve, casa suya.
Salve, vestidura suya;
Salve, esclava suya;
Salve, Madre suya;
y vosotras todas, santas virtudes,
que por la gracia e iluminación del Espíritu Santo
sois infundidas en los corazones de los fieles,
para que de los no creyentes hagáis fieles a Dios.
San
Francisco de Asís
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Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
Celebramos el 22 de agosto la
fiesta litúrgica de SANTA MARÍA REINA.
Este título de la
Virgen manifiesta la conexión que existe entre la realeza de
María y su Asunción al Cielo. La doctrina de la Iglesia dice
que si María subió en Cuerpo y Alma al Cielo fue para ser allí
coronada por Su Hijo, Jesús, como Reina y Señora de Cielo y de
la
tierra. La realeza de María es un tema tradicional en la
Iglesia, proclamada por toda la tradición oriental y occidental.
La liturgia la ha llamado Reina en varias antífonas.
El 1º de
noviembre, de 1954, al final del Año Mariano, el Papa Pío
XII colocó una corona enjoyada sobre la pintura de Nuestra
Señora, Protectora de Roma. En ese momento, se levantó un fuerte
clamor de entre la gran multitud congregada en Santa. María la
Mayor: "¡Viva la Reina!". El Papa nombró a la Virgen
Reina del Cielos y de la tierra y decretó que se celebrara una
fiesta especial para honrarla bajo ese título.
En la Constitución Lumen Gentium
leemos: "Como quiera que plugo a Dios no manifestar
solemnemente el sacramento de la salvación humana antes de
derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los Apóstoles
antes del día de Pentecostés "perseverar unánimemente en la
oración con las mujeres, y María la Madre de Jesús y los
hermanos de éste" (Act 1,14); y a María implorando con sus
ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con
su sombra en la Anunciación. Finalmente, la Virgen
Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original,
terminado el curso de la vida terrena, en alma y cuerpo fue
asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como
Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a
Su Hijo, Señor de los que dominan (Ap 19, 16) y vencedor del
pecado y de la muerte."
(Lumen Gentium, 59).
Durante esta semana podemos
saludar a nuestra Madre, Reina del Cielo, con el saludo que
preside esta edición de El Camino de María y que le
escribió San Francisco de Asís.
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