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Edición nro. 146
Oh
Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes
de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"
LA VISITACIÓN
DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

31 DE MAYO
Este día
se conmemora la visita que hizo la Santísima Virgen a su prima
Santa Isabel, madre de San Juan Bautista, que residía en Ain-Karim,
en las montañas de Judea. Fue después que el ángel Gabriel
anunciara a María que sería la madre de Jesús, y le revelara al
mismo tiempo que Isabel sería también madre. Es en esta ocasión
que Isabel le dice a María: "bendita eres entre todas las
mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre".


LIBROS
DE VISITAS

Oh
Dios Padre Misericordioso, que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste
a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, la gracia de
ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e
hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena
voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las
exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y
circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de
Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus
Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te
pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del
cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la
historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor
y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
De
conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada
se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta
oración no tiene finalidad alguna de culto público. JuanPabloMagno.org
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«FELIZ
LA QUE HA CREÍDO»
«Cuando
Dios revela hay que prestarle la obediencia de
la fe» (Rom 16, 26; cf. Rom 1, 5; 2 Cor 10,
5-6), por la que el hombre se confía libre y
totalmente a Dios, como enseña el Concilio.
Esta descripción de la fe encontró una
realización perfecta en María. El momento «decisivo» fue la
Anunciación, y las mismas
palabras de Isabel «Feliz la que ha creído»
se refieren en primer lugar a este instante.
En
efecto, en la Anunciación María se ha
abandonado en Dios completamente, manifestando
«la obediencia de la fe» a Aquel que le
hablaba a través de su mensajero y prestando «el
homenaje del entendimiento y de la voluntad».
Ha
respondido, por tanto, con todo su «yo»
humano, femenino, y en esta respuesta de fe
estaban contenidas una cooperación perfecta con
«la gracia de Dios que previene y socorre» y
una disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu
Santo, que, «perfecciona constantemente la fe
por medio de sus dones ».
La
palabra del Dios viviente, anunciada a María
por el Ángel, se refería a Ella misma «vas a
concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo»
(Lc 1, 31). Acogiendo este anuncio, María se
convertiría en la «Madre del Señor» y en
Ella se realizaría el misterio divino de la
Encarnación: «El Padre de las misericordias
quiso que precediera a la Encarnación la
aceptación de parte de la Madre predestinada».
Y María da este consentimiento, después de
haber escuchado todas las palabras del mensajero.
Dice: «He aquí la esclava del Señor; hágase
en mí según tu palabra » (Lc 1, 38). Este
fiat de María —«hágase en mí»— ha
decidido, desde el punto de vista humano, la
realización del misterio divino. Se da una
plena consonancia con las palabras del Hijo que,
según la Carta a los Hebreos, al venir al mundo
dice al Padre: «Sacrificio y oblación no
quisiste; pero me has formado un cuerpo ... He
aquí que vengo ... a hacer, oh Dios, tu
voluntad» (Hb 10, 5-7).
El misterio de la
Encarnación se ha realizado en el momento en el
cual María ha pronunciado su fiat: «hágase
en mí según tu palabra », haciendo posible,
en cuanto concernía a Ella según el designio
divino, el cumplimiento del deseo de su Hijo.
María ha pronunciado este fiat por medio de la
fe. Por medio de la fe se confió a Dios sin
reservas y «se consagró totalmente a sí
misma, cual esclava del Señor, a la persona y a
la obra de su Hijo».
Y este Hijo —como enseñan los Padres— lo ha
concebido en la mente antes que en el seno:
precisamente por medio de la fe. Justamente, por ello,
Isabel alaba a María:
«¡Feliz la que ha creído que se cumplirían
las cosas que le fueron dichas por parte del Señor!».
María
de Nazaret se presenta en el umbral de la casa
de Isabel y Zacarías como Madre del Hijo de
Dios. Es el descubrimiento gozoso de Isabel: «¿De donde a mí que la Madre de mi Señor
venga a mí?».
(Redemptory
Mater, 13)
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
El
próximo 31 de mayo celebraremos la Visitación
de María a Santa Isabel. Por ello hemos comenzado esta
edición con la transcripción del punto 13 de la
Encíclica Redemptoris
Mater de nuestro queridísimo Papa Juan
Pablo II.
"...
En este acontecimiento, narrado por el evangelista
san Lucas, se refleja una "visitación" más
profunda: la de Dios a su pueblo, saludada por el júbilo
del pequeño Juan, el mayor entre los nacidos de mujer
(cf. Mt 11, 11), ya desde el seno materno. Así, el mes
mariano concluye bajo el signo del gaudium, segundo
misterio "gozoso", es decir, de la alegría, del
júbilo...(Juan Pablo II, 31 de mayo de 2000)
Para meditar este acontecimiento en compañia de María, incluímos en esta edición: "EL
ESPÍRITU SANTO EN LA VISITACIÓN".
Al día
siguiente comenzará
el mes de junio que se caracteriza, de modo particular, por la devoción al
Sagrado Corazón de Jesús. Celebrar el Corazón de Cristo
significa dirigirse hacia el centro íntimo de la persona del
Salvador, el centro que la Biblia identifica precisamente con su
Corazón, sede del amor que ha redimido el mundo.
En la Solemnidad
de Pentecostés del año 2004 hemos digitalizado el libro
número 5 de la Biblioteca Virgo Fidelis dedicado al SAGRADO
CORAZÓN DE JESÚS. Contiene los siguientes textos
catequéticos del Papa Juan Pablo II:
- EL SAGRADO CORAZÓN
ES EL CORAZÓN DE LA IGLESIA
- CONFIAR EN EL CORAZÓN DE JESÚS
-
SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
--Alabar y glorificar al Sagrado Corazón de Jesús
- MEMORIA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
--La Humanidad de Cristo es obra del Espíritu Santo y de María
--MEDITACIONES DE CADA LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN
Le invitamos a
descargar el libro digital: EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, desde la siguiente
dirección de nuestro sitio VirgoFidelis.
http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=5
Nuevamente les
invitamos a firmar los libros de visitas que hemos habilitado en los sitios: JuanPabloMagno.org
y BenedictumXVI.us
En la fiesta de Nuestra Señora de la
Visitación, podemos dirigirnos Ella con
la oración
que Juan Pablo II le dirigió en la Exhortación
Apostolica Postsinodal "Vita Consecrata" del 25 de
marzo de 1996
María,
figura de la Iglesia, Esposa sin arruga y sin
mancha, que imitándote «conserva
virginalmente la fe íntegra, la esperanza
firme y el amor sincero», sostiene a las
personas consagradas en el deseo de llegar a
la eterna y única Bienaventuranza.
Las encomendamos a ti, Virgen de la
Visitación, para que
sepan acudir a las necesidades humanas con el
fin de socorrerlas, pero sobre todo para que
lleven a Jesús. Enséñales a proclamar las
maravillas que el Señor hace en el mundo,
para que todos los pueblos ensalcen su nombre.
Sostenlas en sus obras en favor de los pobres,
de los hambrientos, de los que no tienen
esperanza, de los últimos y de todos aquellos
que buscan a tu Hijo con sincero corazón.
A ti, Madre, que deseas la renovación
espiritual y apostólica de tus hijos e hijas
en la respuesta de amor y de entrega total a
Cristo, elevamos confiados nuestra súplica. Tú
que has hecho la voluntad del Padre,
disponible en la obediencia, intrépida en la
pobreza y acogedora en la virginidad fecunda,
alcanza de tu divino Hijo, que cuantos han
recibido el don de seguirlo en la vida
consagrada, sepan testimoniarlo con una
existencia transfigurada, caminando
gozosamente, junto con todos los otros
hermanos y hermanas, hacia la patria celestial
y la luz que no tiene ocaso.
Te lo pedimos, para que en todos y en todo sea
glorificado, bendito y amado el Sumo Señor de
todas
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