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EL CAMINO DE MARÍA

Edición nro. 145

 

Oh Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir, conservar y meditar la Palabra de Dios!:

 Haz que también nosotros, en medio de las  dramáticas vicisitudes de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.

La versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca Digital "Mater Dei"

 SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Domingo de la 9ª semana de Tiempo Ordinario.

Evangelio deSan Juan, 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: -«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo
Disputaban los judíos entre sí: -«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en Mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por Mi. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

MARIA AUXILIUM CHRISTIANORUM
ORA PRO NOBIS
 

MARÍA AUXILIADORA DE LOS CRISTIANOS (*)

24 DE MAYO

¡Oh María! Virgen poderosa, grande e ilustre defensora de la Iglesia... Singular Auxilio de los Cristianos, terrible como un ejército ordenado en batalla...l ¡Oh Madre!, en nuestras angustias, en nuestras luchas, en nuestros apuros, líbranos del enemigo, y en la hora de nuestra muerte, llévanos a la presencia de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 LIBROS DE VISITAS

Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,  la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase).  A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
 

De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público. JuanPabloMagno.org

 

ADORO TE DEVOTE

 
Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas
apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente
al contemplarte.
 
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído
para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es
más verdadero que esta Palabra de verdad.
 
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la
Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió
aquel ladrón arrepentido.
 
No veo las llagas como las vió Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que
yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.
 
¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede
a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.
 
Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que
una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
 
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.
 
Amén.

(Santo Tomás de Aquino, teólogo y cantor apasionado de Cristo Eucarístico)

Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

Comenzamos esta edición dedicada a dar gloria y alabanza al Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo con el himno a Jesús Sacramentado Adoro Te Devote que, en palabras de Juan Pablo II: "...Es un himno que hay que cantar, contemplando a Dios a través de toda la creación, a través de la encarnación del Verbo, a través de nuestra redención mediante la Cruz. Hallamos todo esto en el Adoro te devote..."

El proximo jueves, que es el  jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad, celebraremos junto con toda la Iglesia la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor. La fiesta, extendida en 1269 por el Papa Urbano IV a toda la Iglesia latina, por una parte constituyó una respuesta de fe y de culto a doctrinas heréticas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, por otra parte fue la culminación de un movimiento de ardiente devoción hacia el augusto Sacramento del altar. 

Para meditar en compañia de María, Mujer Eucarística, incluímos en esta edición: "LA EUCARISTÍA FUENTE Y CULMEN DE LA IGLESIA".

A pocos días de comenzar el mes de junio, recordemos que es el mes que se  caracteriza, de modo particular, por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Celebrar el Corazón de Cristo significa dirigirse hacia el centro íntimo de la persona del Salvador, el centro que la Biblia identifica precisamente con su Corazón, sede del amor que ha redimido el mundo. 

En la Solemnidad de Pentecostés del año 2004 hemos digitalizado el libro  número 5 de la Biblioteca Virgo Fidelis dedicado al SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Contiene los siguientes textos catequéticos del Papa  Juan Pablo II:

- EL SAGRADO CORAZÓN ES EL CORAZÓN DE LA IGLESIA

- CONFIAR EN EL CORAZÓN DE JESÚS

- SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
--Alabar y glorificar al Sagrado Corazón de Jesús

- MEMORIA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
--La Humanidad de Cristo es obra del Espíritu Santo y de María

--MEDITACIONES DE CADA LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN

Le invitamos a descargar el libro digital: EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, desde la siguiente dirección de nuestro sitio VirgoFidelis.

http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=5

Nuevamente les invitamos a firmar los libros de visitas que hemos habilitado en los sitios: JuanPabloMagno.orgBenedictumXVI.us . Todos los mensajes que contenga este último sitio hasta el 30 de mayo inclusive, se lo remitiremos al Santo Padre el 31 de Mayo, Fiesta de la Visitación de María.

En la Solemnidad de Corpus Christi unamos nuestras voces y nuestros corazones pidiendo a Cristo, Pan de Vida, con las palabras del hermoso canto Eucarístico compuesto por Santo Tomás de Aquino, teólogo y cantor apasionado de Cristo Eucarístico que comienza así: Buen Pastor, Pan verdadero, /  o Jesús, piedad de nosotros.

Bone pastor, panis vere, Iesu, nostri miserere...

Buen pastor, Pan verdadero,
o Jesús, piedad de nosotros:
nútrenos y defiéndenos,
llévanos a los bienes eternos
en la tierra de los vivos.

Tú que todo lo sabes y puedes,
que nos alimentas en la tierra,
conduce a tus hermanos
a la mesa del cielo
a la alegría de tus santos.

CATEQUESIS DE JUAN PABLO II EL GRANDE

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

LA EUCARISTÍA FUENTE Y CULMEN DE LA IGLESIA.

 
Angelus, meditación  del Domingo 5 de junio de 1994

"...Si se vive en profundidad, la Eucaristía irradia todo su valor, incluso social, orientándonos hacia el espíritu de solidaridad y de entrega tan necesario para la construcción de la civilización del amor..."

 LA EUCARISTÍA FUENTE Y CÚLMEN DE LA IGLESIA.

 
 
 
Queridos hermanos y hermanas:
 
1. Mi pensamiento se dirige hoy, como es natural, a Siena, donde después de una semana de encuentros y de ritos litúrgicos, se clausura el Congreso eucarístico nacional, cuyo tema ha sido: De la comunión al servicio. Estaré presente espiritualmente, sobre todo esta tarde, durante la solemne concelebración eucarística.

¡Cuántos momentos de intensa oración y de reflexión ha habido durante esta semana extraordinaria de fe y devoción! Sé que muchas personas han participado en todos ellos, y esto me alegra. Una vez más el Señor nos ha colmado de su misericordia. De Cristo, Pan de vida, tomamos la fuerza para amarnos unos a otros como Él nos ha amado, y para ponernos al servicio los unos de los otros.

Si se vive en profundidad,  la Eucaristía irradia todo su valor, incluso social, orientándonos hacia el espíritu de solidaridad y de entrega tan necesario para la construcción de la civilización del amor.

2. La Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor que se celebra hoy en algunos países, reviste gran importancia en el año litúrgico y en la piedad popular. En efecto, el misterio eucarístico constituye la fuente y el culmen de la vida de la Iglesia. Al celebrar la Eucaristía, la comunidad cristiana se reencuentra plenamente a sí misma, reencuentro su vocación y su misión, que consiste en ser «en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen gentium, 1).

Con la Institución de la Eucaristía, Jesús quiso hacer presente su sacrificio redentor en todos los tiempos y para todas las generaciones. En efecto, la Eucaristía es su «carne» entregada «para la vida del mundo» (Jn 6, 51). Al hacerse nuestro alimento y nuestra bebida, nos asimila a sí, conformándonos con su humanidad santa e insertándonos en el diálogo de su vida trinitaria. Quien se alimenta de Cristo, en cierto modo se transforma en Cristo. Al mismo tiempo la sagrada comunión aparta nuestra existencia del destino de la caducidad, poniendo en nosotros un principio de vida eterna. Cristo mismo nos lo asegura cuando dice: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre» (Jn 6, 51).

3. Sigamos el ejemplo de la Santísima Virgen, cuya vida fue una verdadera existencia eucarística. Se dejó plasmar totalmente por la presencia de su Hijo divino. En efecto, en Ella se realizó un intercambio admirable de dones: mientras en su seno el Hijo de Dios tomaba forma humana, Ella era plasmada interiormente por su perfección divina, transformándose en primicia y modelo de los salvados. Toda la vida de María fue, en cierto sentido, una procesión del Corpus Christi. Ella es la llena de gracia, el tabernáculo vivo del Verbo encarnado. Mientras adoramos a Jesús, Señor presente en la Eucaristía, nos dirigimos con agradecimiento filial a María, que fue la puerta real para su entrada en el mundo.

Agradezcamos también a María, Salus populi romani, la procesión eucarística de Corpus Christi del jueves pasado. Agradezcámosle, una vez más, la elección providencial del Congreso eucarístico nacional italiano de Siena.
 
No debemos olvidar que Siena, mediante santa Catalina, está profundamente unida a la gran tradición dominicana, es decir, a Santo Tomás de Aquino y a sus himnos eucarísticos, a su Adoro te devote, latens Deitas. Es un himno que hay que cantar, contemplando a Dios a través de toda la creación, a través de la encarnación del Verbo, a través de nuestra redención mediante la Cruz. Hallamos todo esto en el Adoro te devote.  

Podemos decir que Catalina de Siena, discípula fiel de santo Tomás expresó eso en sus Diálogos, presentándonos su diálogo con Dios que le dice: "Tú eres la que no es; Yo Soy el que Soy". Esas palabras son un eco de las que dijo en una ocasión a Moisés: Yo Soy el que Soy, y que le dieron la fuerza para liberar a los judíos de la esclavitud en Egipto. Son las mismas palabras que dieron a Jesús la fuerza divina para liberar de la esclavitud del pecado al pueblo de Dios de todos los tiempos.  

 CRISTO SALE A LA CALLE Y ENTRA EN LAS CASAS

 

 

Homilía que pronunció Benedicto XVI en el día del Corpus Christi, al celebrar la Eucaristía en la plaza de la Basílica de San Juan de Letrán. Tras la celebración, presidió la procesión hasta la Basílica de Santa María la Mayor.


¡Oh En la fiesta del Corpus Christi, la Iglesia revive el misterio del Jueves Santo a la luz de la Resurrección. También en el Jueves Santo se tiene una procesión eucarística, con la que la Iglesia repite el éxodo de Jesús del Cenáculo al Monte de los Olivos. En Israel, se celebraba la noche de Pascua en casa, en la intimidad de la familia; se recordaba así la primera Pascua, en Egipto, la noche en la que la sangre del cordero pascual, rociada en los dinteles y en los postes de las casas, protegía contra el exterminador. Jesús, en esa noche, sale y se entrega en las manos del traidor, el exterminador y, de este modo, vence a la noche, vence a las tinieblas del mal. Sólo así el don de la Eucaristía, instituida en el Cenáculo, encuentra su cumplimiento: Jesús entrega realmente su Cuerpo y su Sangre. Atravesando el umbral de la muerte, se convierte en Pan vivo, auténtico maná, alimento inagotable por todos los siglos. La carne se convierte en pan de vida.

En la procesión del Jueves Santo, la Iglesia acompaña a Jesús al monte de los Olivos: la Iglesia orante siente el vivo deseo de velar con Jesús, de no dejarle solo en la noche del mundo, en la noche de la traición, en la noche de la indiferencia de muchos.

En la fiesta del Corpus Christi, reanudamos esta procesión, pero con la alegría de la Resurrección. El Señor ha resucitado y nos precede. En las narraciones de la Resurrección se da un rasgo común y esencial; los ángeles dicen: el Señor «irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis» (Mateo 28, 7). Considerando esto con más atención, podemos decir que este «ir delante» de Jesús implica una doble dirección. La primera es, como hemos escuchado, Galilea. En Israel, Galilea era considerada como la puerta al mundo de los paganos. Y, en realidad, precisamente en Galilea, encima del monte, los discípulos ven a Jesús, el Señor, que les dice: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes» (Mateo 28, 19).

La otra dirección en la que precede el Resucitado aparece en el Evangelio de San Juan, en las palabras de Jesús a Magdalena: «No me toques, que todavía no he subido al Padre…» (Juan 20, 17). Jesús nos precede ante el Padre, sube a la altura de Dios y nos invita a seguirle. Estas dos direcciones del camino del Resucitado no se contradicen, sino que indican juntas el camino del seguimiento de Cristo. La verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios, Dios mismo es la casa de las muchas moradas (Cf. Juan 14, 2 y siguientes). Pero sólo podemos subir a esta morada caminando «hacia Galilea», caminando por los caminos del mundo, llevando el Evangelio a todas las naciones, llevando el don de su amor a los hombres de todos los tiempos. Por ello, el camino de los apóstoles se ha extendido por «los confines de la tierra» (Cf. Hechos 1, 6 y siguientes); de este modo san Pedro y san Pablo llegaron hasta Roma, ciudad que entonces era el centro del mundo conocido, auténtica «caput mundi».

La procesión del Jueves Santo acompaña a Jesús en su soledad, hacia el «Vía Crucis». La procesión del Corpus Christi, por el contrario, responde simbólicamente al mandato del Resucitado: os precedo en Galilea. Id hasta los confines del mundo, llevad el Evangelio al mundo. Ciertamente la Eucaristía, para la fe, es un misterio de intimidad. El Señor ha instituido el Sacramento en el Cenáculo, circundado por su nueva familia, por los doce apóstoles, prefiguración y anticipación de la Iglesia de todos los tiempos. Por ello, en la liturgia de la Iglesia antigua, la distribución de la santa comunión se introducía con las palabras: «Sancta sanctis», el don santo está destinado a quienes han permanecido santos. Se respondía así a la advertencia dirigida por san Pablo a los corintios: «Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba del cáliz…» (1 Cor 11, 28). 

Sin embargo, de esta intimidad, que es un don sumamente personal del Señor, la fuerza del sacramento de la Eucaristía va más allá de los muros de nuestras Iglesias. En este sacramento, el Señor se encuentra siempre en camino hacia el mundo. Este aspecto universal de la presencia eucarística se muestra en la procesión de nuestra fiesta.

Llevamos a Cristo, presente en la figura del pan, por las calles de nuestra ciudad. Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida cotidiana, a su bondad.

 ¡Que nuestras calles sean calles de Jesús! ¡Que nuestras casas sean casas para Él y con Él! Que en nuestra vida de cada día penetre su presencia.

Con este gesto, ponemos ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y de los ancianos, las tentaciones, los miedos, toda nuestra vida. La procesión quiere ser una bendición grande y pública para nuestra ciudad: Cristo es, en persona, la bendición divina para el mundo. ¡Que el rayo de su bendición se extienda sobre todos nosotros!

En la procesión del Corpus Christi, acompañamos al Resucitado en su camino por el mundo entero, como hemos dicho. Y, de este modo, respondemos también a su mandato: «Tomad y comed… Bebed todos» (Mateo 26, 26 y siguientes). No se puede «comer» al Resucitado, presente en la forma del pan, como un simple trozo de pan. Comer este pan es comulgar, es entrar en comunión con la persona del Señor vivo. Esta comunión, este acto de «comer», es realmente un encuentro entre dos personas, es un dejarse penetrar por la vida de quien es el Señor, de quien es mi Creador y Redentor. El objetivo de esta comunión es la asimilación de mi vida con la suya, mi transformación y configuración con quien es Amor vivo. Por ello, esta comunión implica la adoración, implica la voluntad de seguir a Cristo, de seguir a quien nos precede. Adoración y procesión forman parte, por tanto, de un único gesto de comunión; responden a su mandato: «Tomad y comed».

Nuestra procesión acaba ante la Basílica de Santa María la Mayor, en el encuentro con la Virgen, llamada por el querido Papa Juan Pablo II «
Mujer Eucarística». María, la Madre del Señor, nos enseña realmente lo que es entrar en comunión con Cristo: María ofreció su propia carne, su propia sangre a Jesús y se convirtió en tienda viva del Verbo, dejándose penetrar en el cuerpo y en el espíritu por su presencia. Pidámosle a Ella, nuestra santa Madre, que nos ayude a abrir cada vez más todo nuestro ser a la presencia de Cristo para que nos ayude a seguirle fielmente, día tras día, por los caminos de nuestra vida. ¡Amén!

Para enviar un mensaje a Marisa y Eduardo Vinante :  marisayeduardo@santorosario.info

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