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Edición nro. 140
Oh
Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes
de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



Oh María, Aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
Mira, Madre, el número
inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se
hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia
inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o
de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a
los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la
alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de dar testimonio con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la
civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios
Creador y amante de la vida.
Juan Pablo II, Oración al concluir la Encícilica "Evangelium Vitae"
Solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de marzo de 1995 ¯¯¯
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LIBROS
DE VISITAS
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"...Deseo
poner mi ministerio al servicio de la
reconciliación..."
Os
acojo con alegría y os dirijo un cordial saludo
a cuantos estáis aquí presentes, así como a
quienes nos siguen a través de la radio y de la
televisión. Como ya dije en el primer encuentro
con los señores cardenales, precisamente el miércoles
de la semana pasada en la Capilla Sixtina,
experimento en mi espíritu sentimientos
contrastantes entre sí en estos días de inicio
de mi ministerio petrino: asombro y gratitud a
Dios, que me ha sorprendido ante todo a mí
mismo al llamarme a suceder al apóstol Pedro;
conmoción interior ante la magnitud de la tarea
y la responsabilidad que me ha confiado. Pero al
mismo tiempo me da serenidad y alegría la
certeza de su ayuda y la de su Madre Santísima,
la Virgen María y de sus santos protectores. Me
siento apoyado además por la cercanía
espiritual de todo el Pueblo de Dios, al que,
como repetí el domingo pasado, pido que me siga
acompañando con su oración insistente.
Tras
el fallecimiento de mi venerado predecesor, Juan
Pablo II, se reanudan hoy las tradicionales
audiencias generales del miércoles. En este
primer encuentro, quisiera ante todo detenerme
en el nombre que he escogido al convertirme en
obispo de Roma y pastor universal de la Iglesia.
He querido llamarme Benedicto XVI para unirme
idealmente con el venerado pontífice Benedicto
XV, que guió a la Iglesia en un periodo difícil
a causa del primer conflicto mundial. Fue
valiente y auténtico profeta de paz y trabajó
con gran valentía para evitar el drama de la
guerra y después para limitar sus nefastas
consecuencias. Siguiendo sus huellas, deseo
poner mi ministerio al servicio de la
reconciliación y armonía entre los hombres y
los pueblos, con el profundo convencimiento de
que el gran bien de la paz es sobre todo un don
de Dios, frágil y precioso, que tenemos que
invocar, defender y construir todos los días
con la colaboración de todos.
El
nombre Benedicto evoca, además, la
extraordinaria figura del gran «patriarca del
monaquismo occidental», San Benito de Nursia
[en latín e italiano Benedicto y Benito es el
mismo nombre, ndt.], patrón de Europa junto con
lo santos Cirilo y Metodio. La progresiva
expansión de la Orden benedictina por él
fundada ha ejercido un influjo enorme en la
difusión del cristianismo en todo el continente.
Por esto, San Benito es sumamente venerado en
Alemania y, en particular, en Baviera, mi tierra
de origen; constituye un punto fundamental de
referencia para la unidad de Europa y un fuerte
recuerdo de las irrenunciables raíces
cristianas de su cultura y de su civilización.
De
este padre del monaquismo occidental conocemos
el consejo dejado a los monjes en su «Regla»:
«no anteponer nada al amor de Cristo» (capítulo
4). Al inicio de mi servicio como sucesor de
Pedro, pido a San Benito que nos ayude a
mantener con firmeza el carácter central de
Cristo en nuestra existencia. ¡Que en nuestros
pensamientos y en todas nuestras actividades
siempre esté en el primer lugar!
Mi
pensamiento vuelve con cariño a mi venerado
predecesor, Juan Pablo II, a quien le debemos
una extraordinaria herencia espiritual. «Nuestras
comunidades cristianas --escribió en la Carta
Apostólica Novo
millennio ineunte
-- tienen que llegar a ser auténticas escuelas de
oración, donde el encuentro con Cristo no se
exprese solamente en petición de ayuda, sino
también en acción de gracias, alabanza,
adoración, contemplación, escucha y viveza de
afecto hasta el arrebato del corazón» (n. 33).
Él mismo trató de aplicar estas indicaciones
dedicando las catequesis del miércoles de los
últimos tiempos al comentario de los Salmos de
los Laudes y de las Vísperas. El próximo miércoles,
retomaré precisamente donde se habían
interrumpido sus catequesis, en la audiencia
general del 26 de enero pasado. (Benedicto
XVI. Primera Audiencia General. Miércoles 27 de
abril de 2005)
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
Comenzamos
esta edición con el texto de la primera audiencia semanal del
Santo Padre, en la cual, entre otros temas, nos explica porqué ha
querido llamarse Benedicto XVI.
El 1 de mayo
comenzará en los países del Hemisferio Norte el mes consagrado a María, que
culminará con la celebración de la Fiesta de la Visitación de María. La
piedad popular ha visto en este mes una estupenda ocasión para multiplicar las
iniciativas de piedad mariana.
Por ello, hemos diseñado un Libro
Digital con meditaciones extraídas de la Catequesis del Papa Juan Pablo
II, cuyo lema es:
"PEREGRINANDO EN LA FE CON MARÍA" .
En la selección de las meditaciones para el Mes de María, hemos seguido la
recomendación de la Iglesia que nos invita a reflexionar en los
principales misterios de la vida de María. Un reflexionar que implique hacer un
esfuerzo con la mente, la imaginación y el corazón, para profundizar en las
virtudes que la Virgen vivió a lo largo de su vida.
Le invitamos a
descargar a su computadora el libro digital desde la siguiente dirección de
nuestro sitio VirgoFidelis
http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=24
Nuevamente les
invitamos a firmar los libros de visitas que hemos habilitado en los sitios: JuanPabloMagno.org
y BenedictumXVI.us
Roguemos a
María, Maestra de Oración,que nos apoye y nos acompañe en la oración
que Cristo y el Espíritu Santo hacen brotar en nuestro corazón,
porque como enseña Juan Pablo II: "...el fundamento de la
eficacia de la oración es la bondad del Padre, pero también la mediación
de Cristo ante Él (cf. 1 Jn 2, 1) y la acción del Espíritu Santo, que
«intercede por nosotros» (Rm 8, 26-27) según los designios de Dios.
En efecto, nosotros «no sabemos cómo pedir» (Rm 8, 26) y a veces no
somos escuchados porque pedimos mal (cf. St 4, 2-3)."
Marisa y Eduardo

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Oh
Virgen Santísima,
Madre de Dios,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo
fidélis, Virgen fiel,
ruega por nosotros.
Enséñanos a creer como has creído Tú.
Haz que nuestra fe
en Dios, en Cristo, en la Iglesia,
sea siempre límpida, serena, valiente, fuerte, generosa.
Mater
amábilis, Madre digna
de amor.
Mater pulchrae dilectiónis, Madre del Amor Hermoso,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos
como les amaste Tú;
haz que nuestro amor a los demás
sea siempre paciente, benigno, respetuoso.
Causa
nostrae laetítiae,
causa de nuestra alegría,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a saber captar, en la fe,
la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor,
en la renuncia,
en la unión con tu Hijo crucificado:
¡haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena
para podérsela comunicar a todos!
Amén.
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