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EL CAMINO DE MARÍA

Editores de

"El Camino de María"

Newsletter número 14

 

"...Jesús es nuestro camino. Nos acompaña, como lo hizo con los discípulos de Emaús. Nos muestra el sentido de nuestro caminar. Nos reconduce cuando erramos el camino. Nos levanta cuando nos caemos. Nos espera al final del camino, cuando llegue el momento del reposo y del gozo...."

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Con la imagen de María, Mediadora de todas las Gracias, y las enseñanzas de Juan Pablo II recogidas en el capítulo II del Libro "Orar",   presentamos la Edición N.14 de "El Camino de María", Newsletter Semanal con Textos para hacer oración con la Madre del Redentor, extraídos de la Catequesis del Santo Padre. 

Todas las ediciones del mes de octubre de El Camino de María  están dedicadas a contemplar distintos aspectos del Santo Rosario. En la edición de esta semana:

1- Contemplar a Cristo con María (Rosarium Virginis Mariae, 16,17).

2- Misterios de Gloria (Rosarium Virginis Mariae, 23).

Continuamos publicando  resúmenes de las setenta  Audiencias dedicadas a la "Catequesis Mariana", en el orden en que fueron realizadas por Juan Pablo II, entre el 13 de septiembre de 1995 ("Presencia de María en el origen de la Iglesia")  y el 12 de noviembre de 1997 ("Madre de la unidad y de la esperanza"). Hoy "Influencia de María en la vida de la Iglesia"

El sexto punto de la Carta Encíclica "Redemptoris Mater" que estamos publicando desarrolla el tema: "La Bienaventurada Virgen María sigue precediendo al Pueblo de Dios"

Nos despedimos de Usted hasta la próxima semana, implorando la bendición y protección de la Madre del Redentor, y les invitamos a entonar en su honor este hermoso canto mariano polaco:

 ¡Honor a María, honor y gloria,
honor a la Santísima Virgen! (...)
Aquel que creó el mundo maravilloso
honraba en Ella a la propia Madre (...).
La amaba como madre, vivió obedeciéndola.
Aunque era Dios, respetaba todas sus palabras.

Marisa y Eduardo Vinante  - Editores de "El Camino de María"

JESÚS ES NUESTRO CAMINO - Juan Pablo II 

 

- Jesús es el amigo que nunca os abandona; Jesús os conoce uno por uno, personalmente; sabe vuestro nombre, os sigue, os acompaña, camina con vosotros cada día; participa de vuestras alegrías y os consuela en los momentos de dolor y de tristeza. Jesús es el amigo del que ya no se puede prescindir cuando se le ha encontrado y se ha comprendido que nos ama y quiere nuestro amor.

- ¡Aprended a conocer a Cristo y dejaos conocer por Él! Él conoce a cada uno de vosotros de modo especial.

- Cristo es la respuesta adecuada y verdadera a los interrogantes y a las aspiraciones más profundas del corazón del hombre (...). Cristo da al hombre mucho más de lo que el hombre puede esperar y desear. Sólo Él nos revela el verdadero rostro de Dios y del hombre.

- ¿Quién es Cristo? Cristo es quien sabe dar la respuesta a todos nuestros porqués. Comprenderéis que mil dificultades no tienen la fuerza de engendrar una duda.

- Cada uno se encuentra con Cristo y con su mensaje liberador de una forma absolutamente personal. Yo os animo a ir hacia Él. Dejad que Él os hable. Entrad en diálogo con Él.

-Con Él podéis hablar, hacerle confidencias; podéis dirigiros a Él con afecto y confianza. Jesús murió incluso en una cruz por nuestro amor! ¡Haced un pacto de amistad con Jesús y no lo rompáis jamás!

- Jesús es el amigo que no traiciona, que os ama y quiere vuestro amor.

- Poned vuestra vida en manos de Jesús. Él os aceptará, os bendecirá, y hará un uso tal de vuestra existencia que superará vuestras mayores expectativas. En otras palabras: al igual que los panes y los peces, abandonaos en las poderosas y alentadoras manos de Dios, y os sentiréis transformados en plenitud de vida. «Descarga tu peso sobre el Señor, y él te sostendrá.»

- Cristo os espera; a Él podéis abrir el corazón y asiros a Él con oración sincera y fe indestructible. En esos momentos largos y terribles, Él es vuestra esperanza, es todo, es la solución de vuestras dudas.

- Confiad en Cristo. Abridle vuestro corazón. Abrid vuestro corazón de par en par a Cristo. No tengáis miedo. Sed generosos. Quien da poco cosechará poco. EI que da con generosidad recogerá una cosecha abundante. Podéis contar con la gracia de Dios.

- Vale la pena seguir a Cristo. Él es el único que no defrauda. A cada uno de vosotros Jesús os dinge una palabra que tenéis que meditar en el corazón, para ponerla luego en práctica. Él os llama y os envía. Respondedle con entusiasmo y decisión.

- ¡No lo olvidéis jamás! Jesús quiere ser nuestro amigo más íntimo, nuestro compañero de camino.

- El conocimiento de Jesús es el que rompe la soledad, supera las tristezas y las incertidumbres, da el significado auténtico a la vida, frena las pasiones, sublima los ideales, expande las energías en la caridad, ilumina en las opciones decisivas. Así se lee en la Imitación a Cristo: «Cuando está presente Jesús, todo es bueno y nada parece difícil; cuando Jesús está ausente, todo resulta gravoso. Cuando Jesús no habla interiormente, el consuelo no vale nada; en cambio, si Jesús dice una palabra tan sólo, se siente un gran consuelo... ¿Qué puede darte el mundo sin Jesús? Estar sin Jesús es un infierno insoportable, y estar con Jesús es un dulce paraíso. Si Jesús está contigo no hay enemigo alguno que te pueda hacer daño. »

-¿Quién es para mí Jesucristo? ¿Quién es realmente para mis pensamientos, para mi corazón, para mi actuación? ¿Cómo conozco yo, que soy cristiano y creo en Él, y cómo trato dé conocer al que confieso? ¿Hablo de Él a los otros? ¿Doy testimonio de Él, al menos ante los que están más cercanos a mí: en la casa paterna, en el ambiente de trabajo, de la universidad o de la escuela, en toda mi vida y en mi conducta?

- Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente invadido por la duda que se transforma en desesperación. Permitid, pues —os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza— permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo Él tiene palabras de vida, sí, de vida eterna!

- ¡Escuchad la voz de Cristo! En vuestra vida está pasando Cristo y os dice: «Seguidme.» No os cerréis a su amor. No paséis de largo. Acoged su palabra. Cada uno ha recibido de Él una llamada. Él conoce el nombre de cada uno. Dejaos guiar por Cristo en la búsqueda de lo que os puede ayudar a realizaros plenamente. Abrid las puertas de vuestro corazón y de vuestra existencia a Jesús.

- Recordad siempre que Cristo es el Hombre nuevo: sólo a imitación suya pueden surgir los hombres nuevos. Él es la piedra fundamental para construir un mundo nuevo. Solamente en Él encontraremos la verdad total sobre el hombre, que le hará libre interna y externamente en una comunidad libre.

- Cristo es vuestro verdadero amigo. No encontraréis un compañero de camino más fiel. No permitáis, por ello, que vuestra respuesta a Él sea mezquina. No le alarguéis sólo vuestro dedo meñique! Abridle ampliamente las puertas de vuestra amistad! Las cosas grandes no se pagan con moneda pcc1ueña. ¡Entregadle vuestro corazón, vuestro entendimiento, vuestras manos! Y si os llama personalmente a su más inmediato seguimiento, no le neguéis vuestra compañía.

- ¡Con Cristo no hay pérdidas! Él os da tan abundantemente que podéis enriquecer a otros aun y con Él transformar el mundo.

- Los amigos siempre tienen algo que contarse; ello les apremia continuamente al diálogo. Lo mismo vale para la amistad con Cristo. En la oración buscamos el diálogo con Él. A Cristo le podemos decir todo lo que nos preocupa; le podemos pedir todo lo que necesitamos. En la oración se mantiene viva nuestra amistad con Cristo.

- Jesús es nuestro camino. Nos acompaña, como lo hizo con los discípulos de Emaús. Nos muestra el sentido de nuestro caminar. Nos reconduce cuando erramos el camino. Nos levanta cuando nos caemos. Nos espera al final del camino, cuando llegue el momento del reposo y del gozo.

Pensamientos de Juan Pablo II, extraídos del Libro "Orar" . Capitulo "Jesucristo".

 CATEQUESIS DEL PAPA JUAN PABLO II

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CONTEMPLAR A CRISTO CON MARÍA

Rogar a Cristo con María

Anunciar a Cristo con María

ROSARIUM VIRGINIS MARIAE, puntos. 16, 17 

MISTERIOS DE GLORIA

 ROSARIUM VIRGINIS MARIAE, punto 23 

INFLUENCIA DE MARÍA EN LA VIDA DE LA IGLESIA

Resumen  de  la sexta de las Audiencias dedicadas a la "Catequesis Mariana". 22 de noviembre de 1995.

CONTEMPLAR A CRISTO CON MARÍA
 

Rogar a Cristo con María

Cristo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza para ser escuchados: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7, 7). El fundamento de esta eficacia de la oración es la bondad del Padre, pero también la mediación de Cristo ante Él (cf. 1 Jn 2, 1) y la acción del Espíritu Santo, que «intercede por nosotros» (Rm 8, 26-27) según los designios de Dios. En efecto, nosotros «no sabemos cómo pedir» (Rm 8, 26) y a veces no somos escuchados porque pedimos mal (cf. St 4, 2-3).

Para apoyar la oración, que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestro corazón, interviene María con su intercesión materna. «La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María». Efectivamente, si Jesús, único Mediador, es el Camino de nuestra oración, María, pura transparencia de Él, muestra el Camino, y «a partir de esta cooperación singular de María a la acción del Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oración a la santa Madre de Dios, centrándola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios».24 En las bodas de Caná, el Evangelio muestra precisamente la eficacia de la intercesión de María, que se hace portavoz ante Jesús de las necesidades humanas: «No tienen vino» (Jn 2, 3).

El Rosario es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo. Ella es «omnipotente por gracia», como, con audaz expresión que debe entenderse bien, dijo en su Súplica a la Virgen el Beato Bartolomé Longo.25 Basada en el Evangelio, ésta es una certeza que se ha ido consolidando por experiencia propia en el pueblo cristiano. El eminente poeta Dante la interpreta estupendamente, siguiendo a san Bernardo, cuando canta: «Mujer, eres tan grande y tanto vales, que quien desea una gracia y no recurre a ti, quiere que su deseo vuele sin alas».26 En el Rosario, mientras suplicamos a María, templo del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 35), Ella intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de gracia y ante el Hijo nacido de su seno, rogando con nosotros y por nosotros.
RVM, 1
6.  

Anunciar a Cristo con María

El Rosario es también un itinerario de anuncio y de profundización, en el que el misterio de Cristo es presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia cristiana. Es una presentación orante y contemplativa, que trata de modelar al cristiano según el corazón de Cristo. Efectivamente, si en el rezo del Rosario se valoran adecuadamente todos sus elementos para una meditación eficaz, se da, especialmente en la celebración comunitaria en las parroquias y los santuarios, una significativa oportunidad catequética que los Pastores deben saber aprovechar. La Virgen del Rosario continúa también de este modo su obra de anunciar a Cristo. La historia del Rosario muestra cómo esta oración ha sido utilizada especialmente por los Dominicos, en un momento difícil para la Iglesia a causa de la difusión de la herejía. Hoy estamos ante nuevos desafíos. ¿Por qué no volver a tomar en la mano las cuentas del rosario con la fe de quienes nos han precedido? El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador.    
Misterios de gloria 

 

La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado!». El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (cf. 1 Co 15, 14), y revive la alegría no solamente de aquellos a los que Cristo se manifestó –los Apóstoles, la Magdalena, los discípulos de Emaús–, sino también el gozo de María, que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. A esta gloria, que con la Ascensión pone a Cristo a la derecha del Padre, sería elevada Ella misma con la Asunción, anticipando así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrección de la carne. Al fin, coronada de gloria –como aparece en el último misterio glorioso–, María resplandece como Reina de los Ángeles y los Santos, anticipación y culmen de la condición escatológica del Iglesia.

En el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora. La contemplación de éste, como de los otros misterios gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez más viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de la Iglesia; una vida cuyo gran 'icono' es la escena de Pentecostés. De este modo, los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatológica, hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsará necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel «gozoso anuncio» que da sentido a toda su vida.

ROSARIUM VIRGINIS MARIAE, punto 23 

Influencia de María en la vida de la Iglesia

 
Después de haber reflexionado sobre la dimensión mariana de la vida eclesial, nos disponemos ahora a poner de relieve la inmensa riqueza espiritual que María comunica a la Iglesia con su ejemplo y su intercesión.
Ante todo, deseamos considerar brevemente algunos aspectos significativos de la personalidad de María, que a cada uno de los fieles brindan indicaciones valiosas para acoger y realizar plenamente su propia vocación.
María nos ha precedido en el camino de la fe: al creer en el mensaje del ángel, es la primera en acoger, y de modo perfecto, el misterio de la Encarnación. Su itinerario de creyente empieza incluso antes del inicio de su maternidad divina, y se desarrolla y profundiza durante toda su experiencia terrenal. Su fe es una fe audaz que, en la Anunciación, cree lo humanamente imposible, y en Caná impulsa a Jesús a realizar su primer milagro, provocando la manifestación de sus poderes mesiánicos (ver Jn 2,1-5).
María educa a los cristianos para que vivan la fe como un camino que compromete e implica, y que en todas las edades y situaciones de la vida requiere audacia y perseverancia constante.
 
(...) La sonrisa materna de la Virgen, reproducida en tantas imágenes de la iconografía mariana, manifiesta una plenitud de gracia y paz que quiere comunicarse. Esta manifestación de serenidad del espíritu contribuye eficazmente a conferir un rostro alegre a la Iglesia.
María, acogiendo en la Anunciación la invitación del ángel a alegrarse (cai~re = alégrate: Lc 1,28), es la primera en participar en la alegría mesiánica, ya anunciada por los profetas para la «hija de Sión» (ver Is 12,6; Sof 3,14-15; Zac 9,8), y la transmite a la humanidad de todos los tiempos.
El pueblo cristiano, que la invoca como causa nostrae laetitiae, descubre en ella la capacidad de comunicar la alegría que nace de la esperanza, incluso en medio de las pruebas de la vida, y de guiar a quien se encomienda a ella hacia la alegría que no tendrá fin.

Resumen Audiencia "Influencia de María en la vida de la Iglesia".  Esta fue la sexta de las Audiencias dedicadas a la "Catequesis Mariana". 22 de noviembre de 1995.

REDEMPTORIS MATER - Punto 6
      
La Bienaventurada Virgen María sigue "precediendo" al Pueblo de Dios  
Todo esto se realiza en un gran proceso histórico y, por así decir, « en un camino ». La peregrinación de la fe indica la historia interior, es decir la historia de las almas. Pero ésta es también la historia de los hombres, sometidos en esta tierra a la transitoriedad y comprendidos en la dimensión de la historia. En las siguientes reflexiones deseamos concentrarnos ante todo en la fase actual, que de por sí no es aún historia, y sin embargo la plasma sin cesar, incluso en el sentido de historia de la salvación. Aquí se abre un amplio espacio, dentro del cual la bienaventurada Virgen María sigue « precediendo » al Pueblo de Dios. Su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia, para los individuos y comunidades, para los pueblos y naciones, y, en cierto modo, para toda la humanidad. De veras es difícil abarcar y medir su radio de acción.

El Concilio subraya que la Madre de Dios es ya el cumplimiento escatológico de la Iglesia: « La Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga (cf. Ef 5, 27) » y al mismo tiempo que « los fieles luchan todavía por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos ».15 La peregrinación de la fe ya no pertenece a la Madre del Hijo de Dios; glorificada junto al Hijo en los cielos, María ha superado ya el umbral entre la fe y la visión « cara a cara » (1 Cor 13, 12). Al mismo tiempo, sin embargo, en este cumplimiento escatológico no deja de ser la « Estrella del mar » (Maris Stella) 16 para todos los que aún siguen el camino de la fe. Si alzan los ojos hacia ella en los diversos lugares de la existencia terrena lo hacen porque ella « dio a luz al Hijo, a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf. Rom 8, 29) »,17 y también porque a la «generación y educación » de estos hermanos y hermanas «coopera con amor materno».18

(Redemptoris Mater, 6)

25 ANIVERSARIO DEL PONTIFICADO 

        ORACIÓN DEL SANTO PADRE AL CONCLUIR LA HOMILÍA DE LA SANTA MISA CELEBRADA EN PLAZA DE SAN PEDRO, EN ACCIÓN DE GRACIAS POR EL 25 ANIVERSARIO DE SU PONTIFICADO.

16 DE OCTUBRE DE 2003

A ti, Señor Jesucristo,
Único Pastor de la Iglesia,
ofrezco los frutos de estos 25 años de ministerio
al servicio del pueblo que me has confiado.
Perdona el mal realizado y multiplica el bien:
Todo es obra tuya y sólo a Ti se debe la gloria.

Con plena confianza en tu misericordia,
Te vuelvo a presentar nuevamente hoy a aquellos que años atrás
has confiado a mis cuidados pastorales.
Consérvalos en el amor, reúnelos en tu rebaño,
toma sobre tus espaldas a los débiles,
cura a los heridos, cuida a los fuertes.

Que Tú seas su Pastor, para que no se dispersen.
Protege a la querida Iglesia que está en Roma
y las Iglesias del mundo entero.
Inunda con la luz y la potencia de tu Espíritu
a cuantos has puesto a la cabeza de tu grey:
que cumplan con arrojo su misión
de guías, maestros y santificador! es,
en la espera de tu retorno glorioso.

Te renuevo, por las manos de María, Madre amada,
el don de mí mismo, del presente y del futuro:
que todo se cumpla según tu voluntad.
Pastor Supremo, quédate en medio de nosotros,
para que podamos contigo avanzar seguros,
hacia la casa del Padre. ¡Amén!

El Camino de María 
 

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