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Edición nro. 136
Oh
Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes
de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



Oh María, Aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
Mira, Madre, el número
inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se
hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia
inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o
de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a
los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la
alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de dar testimonio con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la
civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios
Creador y amante de la vida.
Juan Pablo II, Oración al concluir la Encícilica "Evangelium Vitae"
Solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de marzo de 1995 ¯¯¯
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PERSEVERAR EN LA ORACIÓN UNIDOS
ESPIRITUALMENTE A MARÍA
Durante la Sede
vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la
elección del Sucesor de Pedro, la Iglesia está
unida de modo particular con los Pastores y
especialmente con los Cardenales electores del Sumo
Pontífice y pide a Dios un nuevo Papa como don de su
bondad y providencia. En efecto, a ejemplo de la
primera comunidad cristiana, de la que se habla en
los Hechos de los Apóstoles (cf. 1, 14), la
Iglesia universal, unida espiritualmente a María, la
Madre de Jesús, debe perseverar unánimemente en la
oración; de esta manera, la elección del nuevo
Pontífice no será un hecho aislado del Pueblo de
Dios que atañe sólo al Colegio de los electores,
sino que en cierto sentido, será una acción de toda
la Iglesia.
Por tanto, establezco que en todas
las ciudades y en otras poblaciones, al menos las
más importantes, conocida la noticia de la vacante
de la Sede Apostólica, y de modo particular de la
muerte del Pontífice, después de la celebración de
solemnes exequias por él, se eleven humildes e
insistentes oraciones al Señor (cf. Mt 21, 22; Mc
11, 24), para que ilumine a los electores y los haga
tan concordes en su cometido que se alcance una
pronta, unánime y fructuosa elección, como requiere
la salvación de las almas y el bien de todo el
Pueblo de Dios.
(Juan Pablo II. Constitución Apostólica, Universi
Dominici Gregis, 84)

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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
El lunes 18 de abril
comenzará el Cónclave de Cardenales que procederá a la elección
del Sucesor de Pedro, que se regirá por las normas de la Constitución Apostólica
Universi Dominici Gregis promulgada el 22 de febrero de
1996. Al concluir la introducción de dicha Constitución,
Juan Pablo II señalaba:
"...Promulgo
la presente Constitución apostólica, que contiene las normas a
las que, cuando tenga lugar la vacante de la Sede Romana, deben
atenerse rigurosamente los Cardenales que tienen el
derecho-deber de elegir al Sucesor de Pedro, Cabeza visible de
toda la Iglesia y Siervo de los siervos de Dios."
Por ello hemos querido encabezar esta
edición con el punto 84 de la Constitución Apostólica
Universi Dominici Gregis. En uno de sus párrafos
nuestro querido Juan Pablo II señalaba:
"...En efecto, a ejemplo de la
primera comunidad cristiana, de la que se habla en
los Hechos de los Apóstoles (cf. 1, 14), la
Iglesia universal, unida espiritualmente a María, la
Madre de Jesús, debe perseverar unánimemente en la
oración; de esta manera, la elección del nuevo
Pontífice no será un hecho aislado del Pueblo de
Dios que atañe sólo al Colegio de los electores,
sino que en cierto sentido, será una acción de toda
la Iglesia..."
Asimismo hemos
decidido enviarles en esta edición el texto de la
Catequesis titulada "María y el Don del Espíritu".
Si meditamos este hermoso texto catequético en compañia de María
podremos experimentar que "...En la comunidad
de los creyentes en oración, María está presente, no sólo en los
orígenes de la fe, sino en todo tiempo. (Juan Pablo II,
Ángelus 13-11-83).
En la meditación
del Ángelus del 10 de agosto de 1979, Juan Pablo II expresaba:
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"HACED
LO QUE MI HIJO OS DIGA"
"MADRE...
En este solemne momento escuchamos con particular
atención tus palabras: "Haced lo que
mi Hijo os diga". Y queremos
responder a ellas con todo nuestro corazón.
Queremos hacer lo que tu Hijo nos dice, porque Él
tiene palabras de vida eterna. Queremos llevar a
cabo y cumplir todo aquello que provenga de Él,
todo aquello que se contiene en la Buena Nueva,
tal como nuestros antepasados lo hicieran durante
tantos siglos.
MADRE...Tu
fidelidad a Cristo y a su Iglesia, han
estampado en cierto modo en nosotros una marca
indeleble que todos compartimos. Esa fidelidad ha
fructificado en el heroísmo cristiano y en una
poderosa tradición de vivir de acuerdo con la Ley
de Dios, en concordancia con el mandamiento más
sagrado del Evangelio: el mandamiento del Amor.
Hemos recibido esta espléndida herencia de tus
manos al principio de una nueva era, al
aproximarnos al cierre del segundo milenio del
nacimiento del Hijo de Dios de Tí, nuestra Alma
Mater, y queremos llevar esta herencia en el
futuro con la misma fidelidad con la que nuestros
antepasados dieron testimonio de ella.
MADRE...Que
nuestros oídos escuchen constantemente con la
adecuada claridad tu voz maternal: "Haced
lo que mi Hijo os diga".
MADRE...Haznos
capaces de perseverar con Cristo. Haznos capaces,
Madre de la Iglesia, de construir su Cuerpo Místico
viviendo con la vida que solo Él puede darnos de
Su plenitud, que es a la vez divina y humana." |
Roguemos
a María,
Reina de los Apóstoles,
que interceda ante el Espíritu Santo
"para que
ilumine a los electores y los haga tan concordes en su cometido que se
alcance una pronta, unánime y fructuosa elección, como requiere la
salvación de las almas y el bien de todo el Pueblo de Dios."
Marisa y Eduardo
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Dios te
salve, María
Bendita
Tú eres...!
Porque
creíste en la Palabra del Señor.
Porque esperaste en sus promesas.
Porque fuiste perfecta en el amor.
Por tu caridad premurosa con Isabel.
Por tu bondad materna en Belén.
Por tu fortaleza en la persecución,
Por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el
Templo.
Por tu vida sencilla en Nazaret.
Por tu intercesión en Caná.
Por tu presencia maternal junto a la Cruz.
Por tu fidelidad en la espera de la Resurrección,
Por tu oración asidua en Pentecostés.
Por la gloria de tu Asunción a los Cielos.
Por tu maternal protección sobre la Iglesia.
Por tu constante intercesión por toda la humanidad.
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