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Edición nro. 128
Oh
Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes
de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
Llévanos
de la mano y acompáñanos durante esta Cuaresma hacia la
Pascua para poder contemplar al Señor Jesucristo Resucitado
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



Jesús resucita a
su amigo Lázaro
En aquel
tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron decir a Jesús:
«Señor, tu amigo está enfermo».
Al oírlo dijo Jesús:
«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá
para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella».
Por eso Jesús, que amaba a Marta, a su hermana María y a
Lázaro, al enterarse de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo
dos días donde se hallaba. Sólo entonces dice a sus
discípulos:
«Vamos otra vez a Judea».
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su
encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a
Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi
hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios,
Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día».
Jesús le dice:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque
haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no
morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó:
«Sí, Señor: creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el
que tenía que venir al mundo».
Jesús, muy conmovido, preguntó:
«¿Dónde lo han enterrado?»
Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».
Jesús se echó a llorar y los judíos comentaban:
«¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron:
«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía
haber impedido que muriera éste?»
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba que era una
cueva cubierta con una losa.
Dijo Jesús:
«Quiten la losa».
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días».
Jesús le dijo:
«¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo
alto, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú
me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea
para que crean que tú me has enviado».
Y dicho esto, gritó con voz potente:
«¡Lázaro, ven afuera!»
Y el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y
la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo:
«Desátenlo y déjenlo andar».
Y muchos judíos que habían ido a casa de Marta y María, al
ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
San Juan 11, 1-45
Domingo de la 5ª semana de Cuaresma
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Jesús
es tu amigo. —El Amigo. —Con corazón de carne, como el tuyo. —Con
ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto como a
Lázaro, te quiere a ti.

¡Ave María, Mujer humilde,
bendecida por el Altísimo!
Virgen de la esperanza, profecía de tiempos nuevos,
nosotros nos unimos a tu cántico de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,para anunciar la venida del Reino
y la plena liberación del hombre.
¡Ave María, humilde sierva del Señor,
gloriosa Madre de Cristo!
Virgen fiel, morada santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
a ser dóciles a la voz del Espíritu Santo,
atentos a sus llamados en la intimidad de la conciencia
y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.
¡Ave María, Mujer del dolor,
Madre de los vivientes!
Virgen Esposa ante la Cruz, Eva nueva,
sed nuestra guía por los caminos del mundo,
enséñanos a vivir y a difundir el amor de Cristo,
a detenernos contigo ante las innumerables cruces
en las que tu Hijo aún está crucificado.
¡Ave María, Mujer de la fe,
primera entre los discípulos!
Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos a dar siempre
razón de la esperanza que habita en nosotros,
confiando en la bondad del hombre y en el Amor del Padre.
Enséñanos a construir el mundo desde adentro:
en la profundidad del silencio y de la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la Cruz.
Santa María, Madre de los creyentes, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros.
(Juan Pablo II, Santuario de Lourdes
el 14 de agosto de 2004..
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EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA

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En la raíz de la Eucaristía está la vida
virginal y materna de María
Ave, verum, Corpus natum de Maria
Virgine!
¡Salve, Cuerpo verdadero nacido de María
Virgen!
En la fiesta del Santísimo Cuerpo sube con
gratitud al Padre que nos ha dado el Verbo
Divino, Pan vivo bajado del cielo; y este
agradecimiento se eleva también con alegría a
la Virgen, que ofreció al Señor la Carne
inocente y la Sangre preciosa que recibimos en
el altar. Ave, verum Corpus: Cuerpo verdadero,
concebido realmente por obra del Espíritu
Santo, llevado en el seno con inefable amor,
natum de Maria Virgine:
nacido por nosotros
de María Virgen.
Ese Cuerpo y esa Sangre divinos, que después
de la consagración están presentes en el
altar, y son ofrecidos al Padre, y se
convierten en comunión de amor para todos,
fortaleciéndonos en la unidad del Espíritu
para fundar la Iglesia, conservan la matriz
originaria de María. Ella ha preparado esa
Carne y esa Sangre, antes de ofrecérselos al
Verbo como don de toda la familia humana, para
que Él se revistiese de ellos convirtiéndose
en nuestro Redentor, Sumo Sacerdote y Víctima.
En la raíz de la Eucaristía está, pues, la
vida virginal y materna de María, su
desbordante experiencia de Dios, su camino de
fe y de amor, que hizo, por obra del Espíritu
Santo, de su carne un templo, de su corazón un
altar: puesto que concibió no según la
naturaleza, sino mediante la fe, con acto
libre y consciente: un acto de obediencia. Y
si el Cuerpo que nosotros comemos y la Sangre
que bebemos son el don inestimable del Señor
Resucitado para nosotros viadores, lleva
también consigo, como Pan fragante, el sabor y
el perfume de la Virgen Madre.
"Vere
passum, inmolatum in cruce pro homine". Este
Cuerpo padeció realmente, y fue inmolado en la
cruz por el hombre.
Nacido de la Virgen para ser oblación pura,
santa e inmaculada, Cristo realizó sobre el
altar de la cruz el sacrificio único y
perfecto, que cada Misa renueva y hace actual
de manera incruenta.
En ese único sacrificio
tomó parte activa María, la primera redimida,
la Madre de la Iglesia. Estuvo al lado del
Crucificado, sufriendo profundamente con su
Unigénito: se asoció con espíritu materno a su
sacrificio; consintió con amor a su inmolación
(cf. Lumen gentium, 58; Marialis cultus, 20):
lo ofreció y se ofreció al Padre.
Cada Eucaristía es memorial de ese
Sacrificio y de la Pascua que volvió a dar la
vida al mundo.
Cada Misa nos pone en comunión íntima con
Ella, la Madre, cuyo sacrificio "se vuelve a
hacer presente", como "se vuelve a hacer
presente" el sacrificio del Hijo en las
palabras de la consagración del pan y del vino
pronunciadas por el sacerdote.
Ángelus. Meditación del Domingo 5 de junio
de 1983 .
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
Desde el tercer domingo de
Cuaresma, hemos entrado en el corazón de este particular tiempo de
conversión y de renovación espiritual, que nos llevará hasta
Pascua. El tercer, cuarto y quinto domingo de Cuaresma forman un
estimulante itinerario bautismal que se remonta a los
primeros siglos del cristianismo, cuando por norma se
administraban los Bautismos durante la Vigilia pascual. Los
«catecúmenos», después de unos tres años de catequesis bien
estructurada, en las últimas semanas de Cuaresma recorrían
las etapas finales de su camino, recibiendo simbólicamente
el «Credo», el «Padrenuestro» y el «Evangelio». Por este
motivo todavía hoy la liturgia de estos domingos se
caracteriza por tres textos del Evangelio de Juan, que son
propuestos según un esquema antiquísimo: a) Jesús promete a la
Samaritana el agua viva, b) Jesús vuelve a dar la vista al ciego de
nacimiento, c) Jesús resucita de la tumba a su amigo Lázaro. Queda así
clara la perspectiva del bautismo: a través del agua,
símbolo del Espíritu Santo, el creyente recibe la luz y
renace en la fe a una vida nueva y eterna.
En
el Evangelio del Domingo de la 5ª semana de Cuaresma leemos el
relato de uno de los signos del Amor de Dios: Cristo
con una palabra restituyó la vida física a Lázaro.
Anteriormente lo había hecho con el hijo de la viuda de Naín y
con la hija de Jairo. Otros signos de Su Amor misericordioso
fueron devolver la vida espiritual a Zaqueo, a María Magdalena, a
la adúltera y a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora.
Respecto a la resurrección
de Lázaro, Juan Pablo II expresaba lo siguiente en dos párrafos
de la Audiencia
general del miércoles, 18 de noviembre de 1987:

...Una
atención particular merece la resurrección de Lázaro,
descrita detalladamente por el cuarto Evangelista. Leemos: "Jesús,
alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque
me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas, pero por la
muchedumbre que me rodea lo digo, para que crean que Tú me
has enviado. Diciendo esto, gritó con fuerte voz Lázaro, sal
fuera. Y salió el muerto" (Jn 11, 41-44).
En la descripción
cuidadosa de este episodio se pone de relieve que Jesús
resucitó a su amigo Lázaro con el propio poder y en unión
estrechísima con el Padre. Aquí hallan su confirmación las
palabras de Jesús: "Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso
obro yo también" (Jn 5,17), y tiene una demostración, que se
puede decir preventiva, lo que Jesús dirá en el Cenáculo,
durante la conversación con los Apóstoles en la última Cena,
sobre sus relaciones con el Padre y, más aún, sobre su
identidad sustancial con El.
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También
puede leer on-line
el contenido del libro "EL ESPÍRITU SANTO EN EL MISTERIO DE LA
CRUZ",, en la Hemeroteca digital "Mater Dei"
en la siguiente dirección:
Pidamos al Espíritu Santo,
por intercesión de María, Madre del Redentor y de San José, que nos conceda a
todos abrir nuestro corazón al don de su gracia, para que continuemos
emprendiendo un camino de radical renovación interior, y de esa forma podamos
participar con nueva madurez en el misterio pascual de Cristo, nuestro único
Redentor.
Marisa y Eduardo
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