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Edición nro. 124
Oh
Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes
de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
Llévanos
de la mano y acompáñanos durante esta Cuaresma hacia la
Pascua para poder contemplar al Señor Jesucristo Resucitado
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



LA TRANSFIGURACIÓN DE
CRISTO

En aquel tiempo,
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los
llevó aparte a una montaña alta.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol,
y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
-«Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas:
una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su
sombra, y una Voz desde la nube decía:
-«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
-«Levantaos,
no temáis.»
Al alzar los
ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la
montaña, Jesús les mandó:
-«No
contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de
entre los muertos.»
San
Mateo 17, 1-9
Domingo de la 2ª semana de Cuaresma
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San
Efrén (hacia 306-373) diácono en Siria, doctor de la Iglesia . Sermón
sobre la transfiguración 1, 3-4
Los
llevó a la montaña para mostrarles la gloria de su divinidad y darles a
conocer que él era el Salvador de Israel, como lo había anunciado por los
profetas...Le vieron comer y beber, cansarse y tomar descanso, dormir,
experimentar la angustia hasta sudar sangre; todo manifestaciones que no
parecían estar en armonía con su naturaleza divina y no convenir más que a
su humanidad. Por esto los llevó a la montaña para que el Padre le llamara
Hijo y les mostrara que él era verdaderamente su Hijo, que era Dios.
Los llevó a la montaña y les mostró su realeza antes de sufrir, su
poder antes de morir, su gloria antes de ser ultrajado y su honor antes de
sufrir la ignominia. Así, cuando fuera arrestado y crucificado, sus
apóstoles comprendieran que no fue por debilidad sino por consentimiento y
total voluntad de salvar al mundo.
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NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
¡Ave María, Mujer humilde,
bendecida por el Altísimo!
Virgen de la esperanza, profecía de tiempos nuevos,
nosotros nos unimos a tu cántico de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,para anunciar la venida del Reino
y la plena liberación del hombre.
¡Ave María, humilde sierva del Señor,
gloriosa Madre de Cristo!
Virgen fiel, morada santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
a ser dóciles a la voz del Espíritu Santo,
atentos a sus llamados en la intimidad de la conciencia
y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.
¡Ave María, Mujer del dolor,
Madre de los vivientes!
Virgen Esposa ante la Cruz, Eva nueva,
sed nuestra guía por los caminos del mundo,
enséñanos a vivir y a difundir el amor de Cristo,
a detenernos contigo ante las innumerables cruces
en las que tu Hijo aún está crucificado.
¡Ave María, Mujer de la fe,
primera entre los discípulos!
Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos a dar siempre
razón de la esperanza que habita en nosotros,
confiando en la bondad del hombre y en el Amor del Padre.
Enséñanos a construir el mundo desde adentro:
en la profundidad del silencio y de la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la Cruz.
Santa María, Madre de los creyentes, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros.
(Juan Pablo II, Santuario de Lourdes
el 14 de agosto de 2004..
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EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA


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LA EUCARISTÍA MISTERIO DE LUZ
La
Eucaristía es luz, ante todo, porque en
cada Misa la liturgia de la Palabra de Dios
precede a la liturgia eucarística, en
la unidad de las dos «mesas», la de la
Palabra y la del Pan. Esta continuidad
aparece en el discurso eucarístico del
Evangelio de Juan, donde el anuncio de Jesús
pasa de la presentación fundamental de su
misterio a la declaración de la dimensión
propiamente eucarística: «Mi carne
es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida» (Jn 6,55). Sabemos
que esto fue lo que puso en crisis a gran
parte de los oyentes, llevando a Pedro a
hacerse portavoz de la fe de los otros Apóstoles
y de la Iglesia de todos los tiempos: «Señor,
¿a quién vamos a acudir? Tú tienes
palabras de vida eterna» (Jn 6,68).
En la narración de los discípulos de Emaús
Cristo mismo interviene para enseñar, «comenzando
por Moisés y siguiendo por los profetas»,
cómo «toda la Escritura» lleva al
misterio de su Persona (cf. Lc 24,27).
Sus palabras hacen «arder» los corazones
de los discípulos, los sacan de la
oscuridad de la tristeza y desesperación y
suscitan en ellos el deseo de permanecer con
Él: «Quédate con nosotros, Señor»
(cf. Lc24,29).
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
«En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y
subió al monte a orar» (Lc 9, 28). Así comienza el
evangelio de la Transfiguración de Cristo, que caracteriza este
segundo domingo de Cuaresma. El evangelista san Lucas destaca que
Jesús se transfiguró «mientras oraba» en lo alto de un monte,
inmerso en el diálogo íntimo y profundo con Dios Padre. De su
Persona se irradia una luz resplandeciente, anticipación de la
gloria de la Resurrección.
Juan Pablo II
realizó la siguiente meditación al inicio de la Misa en la Fiesta de la
Transfiguración del Señor, el 6 de agosto de 1999.
Hemos sido creados para la eternidad
La
Eucaristía, que nos disponemos a celebrar, nos lleva hoy
espiritualmente al Tabor, junto a los apóstoles Pedro,
Santiago y Juan, para admirar extasiados el resplandor del
Señor transfigurado. En el acontecimiento de la
Transfiguración contemplamos el encuentro misterioso entre
la historia, que se construye diariamente, y la herencia
bienaventurada, que nos espera en el cielo, en la unión
plena con Cristo, alfa y omega, principio y fin.
A nosotros,
peregrinos en la tierra, se nos concede gozar de la compañía
del Señor transfigurado, cuando nos sumergimos en las cosas
del cielo, mediante la oración y la celebración de los
misterios divinos. Pero, como los discípulos, también nosotros
debemos descender del Tabor a la existencia diaria, donde los
acontecimientos de los hombres interpelan nuestra fe. En el
monte hemos visto; en los caminos de la vida se nos pide
proclamar incansablemente el Evangelio, que ilumina los pasos
de los creyentes.
Oremos a fin de
que todos los cristianos obtengan de la contemplación de
Cristo, «resplandor de la gloria del Padre e impronta de su
sustancia» (Hb 1, 3), valentía y constancia para anunciarlo y
testimoniarlo fielmente con palabras y obras. María, Madre
solícita y diligente, nos ayude a ser destello de la luz
salvífica de su Hijo Jesús.
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Hoy publicamos
dos textos catequéticos del Santo Padre para meditar en compañia de María, Maestra de Contemplación:
"LA GLORIA DE LA TRINIDAD EN LA TRANSFIGURACIÓN" y
"LA EUCARISTÍA
RESUME TODAS LAS MARAVILLAS QUE DIOS REALIZÓ POR NUESTRA SALVACIÓN".
Le invitamos a
descargar gratuitamente el libro digital PEREGRINANDO EN CUARESMA CON MARIA,
con meditaciones cuaresmales del Santo Padre, desde la siguiente dirección de uno de nuestros sitios
erigidos en honor a la Santísima Virgen:
Pidamos al Espíritu Santo,
por intercesión de María, Madre del Redentor y de San José, que nos conceda a
todos abrir nuestro corazón al don de su gracia, para que podamos participar con
nueva madurez en el misterio pascual de Cristo, nuestro único Redentor.
Marisa y Eduardo
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