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Edición nro. 120
Oh Virgen fiel,
que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



LA PRESENTACIÓN DE JESÚS
EN EL TEMPLO

2 de febrero
San Lucas 2, 22-32
Cuando
llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los
padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor,
de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón
será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la
ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones. »
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y
piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo
moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no
vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el
Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres
para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos
y bendijo a Dios diciendo:
-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en
paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante
todos los pueblos:luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo
Israel.»
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Esta
fiesta, antes llamada "de la Purificación de la Virgen María"
recuerda el cumplimiento, por parte de la Sagrada Familia, de la Ley de
Moisés que mandaba que a los 40 días el niño debía ser presentado en
el templo, y la madre debía realizar el rito de la purificación. La
celebración litúrgica de este día comienza con la ceremonia de la
bendición y subsiguiente procesión de los cirios y candelas, que
simbolizan a Jesús que aparece en el templo "como la luz que ilumina
a todas las naciones" –según la expresión del anciano Simeón
cuando recibe al Niño Jesús en el templo de Jerusalén–. Por esa razón
esta fiesta se conocía antes con el nombre de "Fiesta de las
candelas", o "Nuestra Señora de la Candelaria". Con
este último nombre aún se celebra en muchos lugares
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HIMNO ADÓRO TE DEVOTE
Te
adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas
apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente
al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el
oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la
Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió
aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vió Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz
que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede
a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la
que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto
ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu
gloria. Amén.
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EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico
que me proporciona.
Me
arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y
su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.
Si
estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo
me Sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
En
la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me
consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Cuando
voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le
pido favores, me protege.
Si
soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la
eterna corona.
Que
buena es María, que dulce y hermosa es!
Nuestra
Señora del Santísimo Sacramento.
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EL SANTO PADRE CONCEDE
INDULGENCIA PLENARIA EN EL AÑO DE LA EUCARISTÍA
"Se concede
indulgencia plenaria según las condiciones habituales (confesión
sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del
Sumo Pontífice, con el alma totalmente desprendida del afecto a
cualquier pecado), cada vez que los fieles participen con atención y
piedad en una ceremonia sagrada o en un servicio piadoso en honor del
Santísimo Sacramento, expuesto solemnemente o conservado en el tabernáculo".
"También se
concede, con las condiciones citadas anteriormente, la indulgencia
plenaria al clero, a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada
y de las Sociedades de Vida Apostólica y a los otros fieles obligados
por ley al rezo de la Liturgia de las Horas, además de los que están
acostumbrados a rezar el Oficio Divino por pura devoción, siempre, al
final de la jornada, recen ante el Señor presente en el sagrario, o
en común, o de forma privada, Vísperas y Completas".
"Los fieles que por enfermedad u otras causas justas no puedan
visitar el Santísimo Sacramento de la Eucaristía en una iglesia u
oratorio, podrán conseguir la indulgencia plenaria en su propia casa
o en cualquier lugar donde se encuentren a causa del impedimento (...)
si con la intención de observar (...) las tres condiciones habituales,
hacen espiritualmente la visita con el deseo del corazón (...) y
rezan el Padre Nuestro y el Credo añadiendo una invocación piadosa a
Jesús Sacramentado".
"Si ni
siquiera pudieran hacerlo, obtendrán la indulgencia plenaria si se
unen con deseo interior a los que practican de forma ordinaria la acción
prescrita para la indulgencia y si ofrecen a Dios misericordioso la
enfermedad y los problemas de su vida".
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DEL
AÑO DEL ROSARIO AL AÑO DE LA EUCARISTÍA
Justo
en el corazón del Año del Rosario promulgué
la Encíclica Ecclesia
de Eucharistia,
en
la cual ilustré el misterio de la Eucaristía
en su relación inseparable y vital con la
Iglesia. Exhorté a todos a celebrar el
Sacrificio eucarístico con el esmero que se
merece, dando a Jesús presente en la Eucaristía,
incluso fuera de la Misa, un culto de adoración
digno de un Misterio tan grande. Recordé
sobre todo la exigencia de una espiritualidad
eucarística, presentando el modelo de María
como «mujer eucarística».
El
Año de la Eucaristía tiene,
pues, un trasfondo que se ha ido
enriqueciendo de año en año, si bien
permaneciendo firmemente centrado en el tema
de Cristo y la contemplación de su rostro. En
cierto sentido, se propone como un año de síntesis,
una especie de culminación de todo el
camino recorrido. Podrían decirse muchas
cosas para vivir bien este Año. Me limitaré
a indicar algunas perspectivas que pueden
ayudar a que todos adopten actitudes claras y
fecundas.
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
El
próximo 2 de febrero celebraremos junto con toda la Iglesia la
Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo. Por ello les
enviamos en esta edición el texto de la Catequesis del Santo
Padre que lleva por título: El Espíritu Santo en la Presentación de
Jesús en el Templo.
En la
Homilía de la Santa Misa
celebrada el 2 de febrero de 2002, el Santo Padre expresaba:
Somos
invitados también nosotros a entrar en el Templo para meditar
en el misterio de Cristo
1.
"Los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para
presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del
Señor" (Lc 2, 22).
Cuarenta
días después de la Navidad, la Iglesia revive hoy el
misterio de la presentación de Jesús en el templo. Lo revive
con el estupor de la Sagrada Familia de Nazaret, iluminada
por la revelación plena de aquel "niño" que, como
nos acaban de recordar la primera y la segunda lectura, es el
juez escatológico prometido por los profetas (cf. Ml 3, 1-3),
el "sumo sacerdote compasivo y fiel" que vino para
"expiar los pecados del pueblo" (Hb 2, 17).
El
Niño, que María y José llevaron con emoción al templo, es
el Verbo encarnado, el Redentor del hombre y de la historia.
Hoy,
conmemorando lo que sucedió aquel día en Jerusalén, somos
invitados también nosotros a entrar en el Templo para meditar
en el misterio de Cristo, unigénito del Padre que, con su
Encarnación y su Pascua, se ha convertido en el primogénito
de la humanidad redimida.
Así,
en esta fiesta se prolonga el tema de Cristo luz, que
caracteriza las solemnidades de la Navidad y de la Epifanía.
"Luz
para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo
Israel"
(Lc 2, 32). Estas palabras proféticas las pronuncia el
anciano Simeón, inspirado por el Espíritu Santo, cuando toma en brazos al
niño Jesús. Al mismo tiempo, anuncia que el "Mesías
del Señor" cumplirá su misión como "signo de
contradicción" (Lc 2, 34). En cuanto a María, la Madre,
también ella participará personalmente en la pasión de su
Hijo divino (cf. Lc 2, 35).
Por
tanto, en esta fiesta celebramos el misterio de la consagración:
consagración de Cristo, consagración de María, y consagración
de todos lo que siguen a Jesús por amor al Reino.
...El
icono de María, que contemplamos mientras ofrece a Jesús en
el templo, prefigura el de la crucifixión, anticipando también
su clave de lectura: Jesús, Hijo de Dios, signo de
contradicción. En efecto, en el Calvario se realiza la oblación
del Hijo y, junto con ella, la de la Madre. Una misma espada
traspasa a ambos, a la Madre y al Hijo (cf. Lc 2, 35). El
mismo dolor. El mismo amor....
...
A lo largo de este camino, la Mater Jesu se ha
convertido en Mater Ecclesiae. Su peregrinación de fe
y de consagración constituye el arquetipo de la de todo
bautizado. Lo es, de modo singular, para cuantos abrazan la
vida consagrada....
...
Oh María, Madre de Cristo y Madre nuestra, te damos
gracias por la solicitud con que nos acompañas a lo largo del
camino de la vida, y te pedimos: preséntanos hoy
nuevamente a Dios, nuestro único bien, para que nuestra vida,
consumada por el Amor, sea sacrificio vivo, santo y agradable
a él. Así sea.
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Continuamos
publicando textos catequéticos del Santo Padre sobre la Eucaristía que
podremos meditar en compañia de María, Maestra de Contemplación: LA
EUCARISTÍA, SACRIFICIO DE ACCIÓN DE GRACIAS Y DE ALABANZA.
Siguiendo
una antigua tradición y como recuerdo de los principales dolores y gozos de la
vida de San José, la Iglesia dedica los siete domingos anteriores a su
festividad (19 de marzo). Por ello hemos confeccionado un libro digital con meditaciones
para cada domingo extractadas de la Exhortación Apostólica Redemptoris
Custos, en la que Juan Pablo II recoge la tradición patrística y teológica
sobre San José, abriendo horizontes de estudio y meditación sobre la figura de
este santo, que está, en la escala que baja del Cielo, inmediato a María, por
encima de los Ángeles. Le invitamos a descargar gratuitamente en su computadora
el libro digital que lleva por título: LA MISIÓN DE SAN JOSÉ EN LA VIDA DE
CRISTO Y DE LA IGLESIA, desde la siguiente dirección:
http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=28
Pidamos al Espíritu Santo que, apoyados y confortados por
la protección de San José, nuestro Padre y Señor, podamos contemplar
con nuevos ojos el rostro de Cristo durante este año poniendo como propósito vivir el Año de la Eucaristía con mucha fe y devoción.
Marisa y Eduardo
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