EL CAMINO DE MARÍA

Edición nro. 118

   Oh Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz que también nosotros, en medio de las  dramáticas vicisitudes de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.

La versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca Digital "Mater Dei"

 

LA PALABRA DE DIOS

Mientras estaban comiendo, tomo Jesús pan  y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos dijo:
"Tomad, comed, éste es mi cuerpo." Tomo luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados". Mt 26, 26-29

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HIMNO ADÓRO TE DEVOTE

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
 
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vió Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

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EN LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA

María es mi Madre!


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico que me proporciona.

Ella es mi Madre!

Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.

Ella es mi Madre!

Si estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo me Sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.

Ella es mi Madre!

 En la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.

Ella es mi Madre!

Cuando voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le pido favores, me protege.

Ella es mi Madre!

Si soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la eterna corona.

Ella es mi Madre!

Que buena es María, que dulce y hermosa es!

Ella es mi Madre!

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.

Ruega por nosotros !

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EL SANTO PADRE CONCEDE INDULGENCIA PLENARIA EN EL AÑO DE LA EUCARISTÍA
 
"Se concede indulgencia plenaria según las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice, con el alma totalmente desprendida del afecto a cualquier pecado), cada vez que los fieles participen con atención y piedad en una ceremonia sagrada o en un servicio piadoso en honor del Santísimo Sacramento, expuesto solemnemente o conservado en el tabernáculo".
 
"También se concede, con las condiciones citadas anteriormente, la indulgencia plenaria al clero, a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica y a los otros fieles obligados por ley al rezo de la Liturgia de las Horas, además de los que están acostumbrados a rezar el Oficio Divino por pura devoción, siempre, al final de la jornada, recen ante el Señor presente en el sagrario, o en común, o de forma privada, Vísperas y Completas".  

"Los fieles que por enfermedad u otras causas justas no puedan visitar el Santísimo Sacramento de la Eucaristía en una iglesia u oratorio, podrán conseguir la indulgencia plenaria en su propia casa o en cualquier lugar donde se encuentren a causa del impedimento (...) si con la intención de observar (...) las tres condiciones habituales, hacen espiritualmente la visita con el deseo del corazón (...) y rezan el Padre Nuestro y el Credo añadiendo una invocación piadosa a Jesús Sacramentado".
 
"Si ni siquiera pudieran hacerlo, obtendrán la indulgencia plenaria si se unen con deseo interior a los que practican de forma ordinaria la acción prescrita para la indulgencia y si ofrecen a Dios misericordioso la enfermedad y los problemas de su vida".  

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EN EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA SE RESUME TODO EL MISTERIO DE NUESTRA SALVACIÓN 

"Al dar a la Eucaristía todo el relieve que merece, y poniendo todo esmero en no infravalorar ninguna de sus dimensiones o exigencias, somos realmente conscientes de la magnitud de este don. A ello nos invita una tradición incesante que, desde los primeros siglos, ha sido testigo de una comunidad cristiana celosa en custodiar este «tesoro». Impulsada por el amor, la Iglesia se preocupa de transmitir a las siguientes generaciones cristianas, sin perder ni un solo detalle, la fe y la doctrina sobre el Misterio eucarístico. No hay peligro de exagerar en la consideración de este Misterio, porque en este Sacramento se resume todo el misterio de nuestra salvación" . Juan Pablo II , Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia - 61.

Nuestra Señora nos ofrece las mejores lecciones de humildad
 
Beata Madre Teresa de Calcuta
 
María es nuestra Madre, la causa de nuestra alegría. Por ser Madre, yo jamás he tenido dificultad alguna en hablar con María y en sentirme muy cercana a Ella.
 
Nuestra Señora nos ofrece las mejores lecciones de humildad. Aunque estaba llena de gracia, se proclamó esclava del Señor. Aun siendo Madre de Dios, fue a visitar a su prima Isabel para hacer las tareas del hogar.Deberíamos hacer con los pobres lo que hizo María con su prima Isabel: ponernos a su servicio.
 
Sorprende la humildad con que se inició el misterio de la Redención. Porque Dios no envió al arcángel Gabriel a un palacio de gente ilustre y rica, sino a la joven doncella María, que vivía en una humilde casita de Nazaret. Por otra parte, María no hizo más que una pregunta: ¿Cómo puede ser esto?  -El angel le dio una sencilla explicación, y ella, la Llena de Gracia, no pretendió saber más.
 
Todos tenemos presente la escena del banquete nupcial descrito en el Evangelio (Jn. 2, 3).    Había mucha gente, pero sólo María se percató de que el vino empezaba a escasear.    Tuvo compasión de aquella joven pareja y quiso evitarle la humillación de no tener vino suficiente para los invitados.    ¿Qué hizo?    -Sin llamar la atención, con serenidad, dejó la sala (porque en las fiestas judías mujeres y hombres estaban separados entre sí) y, acercándose a Jesús, le dijo con total sencillez: -No tienen vino.    Ahí se nota la caridad de María.   Advierte las necesidades de los demás y se las comunica a Jesús con toda delicadeza.
 
A María, nuestra Madre, le demostraremos nuestro amor trabajando por su Hijo Jesús, con Él y para Él.
 
Oigamos a María para que nos enseñe, como hizo con su Hijo Jesús, a ser mansos y humildes de corazón, y de esta manera poder dar gloria a nuestro Padre que está en los cielos.

Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

Con unas hermosas reflexiones sobre Nuestra Señora, escritas por la Beata Madre Teresa de Calcuta comenzamos esta edición de "El Camino de María", dedicada a contemplar la acción del Espíritu Santo en el crecimiento espiritual de Jesús.

Continuamos publicando textos catequéticos del Santo Padre sobre la Eucaristía que podremos meditar en compañia de María, Maestra de Contemplación:

- CONCIENCIA VIVA DE LA PRESENCIA REAL DE CRISTO 

 - MEMORIAL DE LAS MARAVILLAS DE DIOS. 

Conciencia viva de la presencia real de Cristo

"...Hace falta, en concreto, fomentar, tanto en la celebración de la Misa como en el culto eucarístico fuera de ella, la conciencia viva de la presencia real de Cristo, tratando de testimoniarla con el tono de la voz, con los gestos, los movimientos y todo el modo de comportarse. A este respecto, las normas recuerdan —y yo mismo lo he recordado recientemente[15]— el relieve que se debe dar a los momentos de silencio, tanto en la celebración como en la adoración eucarística. En una palabra, es necesario que la manera de tratar la Eucaristía por parte de los ministros y de los fieles exprese el máximo respeto.[16] La presencia de Jesús en el tabernáculo ha de ser como un polo de atracción para un número cada vez mayor de almas enamoradas de Él, capaces de estar largo tiempo como escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón. «¡Gustad y ved qué bueno es el Señor¡» (Sal 33 [34],9).

La adoración eucarística fuera de la Misa debe ser durante este año un objetivo especial para las comunidades religiosas y parroquiales. Postrémonos largo rato ante Jesús presente en la Eucaristía, reparando con nuestra fe y nuestro amor los descuidos, los olvidos e incluso los ultrajes que nuestro Salvador padece en tantas partes del mundo. Profundicemos nuestra contemplación personal y comunitaria en la adoración, con la ayuda de reflexiones y plegarias centradas siempre en la Palabra de Dios y en la experiencia de tantos místicos antiguos y recientes. El Rosario mismo, considerado en su sentido profundo, bíblico y cristocéntrico, que he recomendado en la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, puede ser una ayuda adecuada para la contemplación eucarística, hecha según la Escuela de María y en Su compañía.[17]"

Pidamos al  Espíritu Santo que, apoyados y confortados por la protección de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, podamos contemplar con nuevos ojos el rostro de Cristo durante el año que iniciamos,  poniendo como propósito vivir el Año de la Eucaristía con mucha fe y devoción. 

Marisa y Eduardo

CATEQUESIS DEL PAPA JUAN PABLO II

EL ESPÍRITU SANTO EN EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL DE JESÚS

 Audiencia General del miércoles 27  de junio de 1990

LA EUCARISTÍA, MEMORIAL DE LAS MARAVILLAS DE DIOS 

  Audiencia General del miércoles 4de octubre  de 2000

 EL ESPÍRITU SANTO EN EL CRECIMIENTO  ESPIRITUAL DE JESÚS

 
 
Queridos hermanos y hermanas:
 
1. San Lucas concluye el “evangelio de la infancia” con dos textos que abarcan todo el arco de la niñez y de la juventud de Jesús. Entre los dos textos se halla la narración del episodio del niño Jesús perdido y hallado durante la peregrinación de la Sagrada Familia al templo. En ninguno de estos dos pasajes se nombra explícitamente al Espíritu Santo, pero quien ha seguido al evangelista en la narración de los acontecimientos de la infancia y lo sigue en el capítulo siguiente, en el que se recoge la predicación de Juan Bautista y el bautismo de Jesús en el Jordán, donde el protagonista invisible es el Espíritu Santo (cf. Lc 3, 16. 22), percibe la continuidad de la concepción y de la narración de Lucas, que comprende bajo la acción del Espíritu Santo también los años juveniles de Jesús, vividos en el silencioso misterio que luego constituirá siempre la dimensión más íntima de la humanidad de Jesús.
 
2. En los dos textos conclusivos del “evangelio de la infancia” el evangelista, después de habernos informado que, cumplido el rito de la presentación en el templo, “volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”, añade: “El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2, 40). Y de nuevo, como conclusión de la narración sobre la peregrinación al templo y la vuelta a Nazaret, anota: “Jesús crecía en sabiduría, es estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52). De estos textos resulta que existió realmente un desarrollo humano de Jesús, Verbo eterno de Dios que asumió la naturaleza humana al ser concebido y nacer de María. La infancia, la niñez, la adolescencia y la juventud son los momentos de su crecimiento físico como se realiza en todos los “nacidos de mujer”, entre los que también él se encuentra con pleno título, como afirma San Pablo (cf. Ga 4, 4).
 
Según el texto de Lucas, se dio también en Jesús un crecimiento espiritual. Como médico atento a todo hombre, Lucas tuvo cuidado de anotar la realidad integral de los hechos humanos, incluido el del desarrollo del niño, en el caso de Jesús así como en el de Juan Bautista, del que también escribe que “el niño crecía y su espíritu se fortalecía” (Lc 1, 80). De Jesús dice aún más específicamente que “crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría”; “crecía en sabiduría... y en gracia ante Dios y ante los hombres”; y también: “la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2, 40. 52).
 
En el lenguaje del evangelista el “estar sobre” una persona elegida por Dios para una misión suele atribuirse al Espíritu Santo, como en el caso de María (Lc 1, 35) y de Simeón (Lc 2, 26). Eso significa trascendencia, señoría, acción íntima de Aquel que proclamamos “Dominum et vivificantem”. La gracia que, siempre según Lucas, estaba “sobre Jesús”, y en la que “crecía”, parece indicar la misteriosa presencia y acción del Espíritu Santo, en el que, según el anuncio del Bautista referido por los cuatro evangelios, Jesús habría de bautizar (cf. Mt 3, 11; Mc 1, 8; Lc 3, 16; Jn 1, 33).   
 
3. La tradición patrística y teológica nos da una mano para interpretar y explicar el texto de Lucas sobre el “crecimiento en gracia y en sabiduría” en relación con el Espíritu Santo. Santo Tomás, hablando de la gracia, la llama repetidamente “gratia Spiritus Sancti” (cf. Summa Theol., I-II, q. 106, a. 1), como don gratuito en el que se expresa y se concreta el favor divino hacia la creatura amada eternamente por el Padre (cf. I, q. 37, a. 2; q. 110, a. 1). Y, hablando de la causa de la gracia, dice expresamente que “la causa principal es el Espíritu Santo” (I-II, q. 112, a. 1 ad 1, 2)..
 
Se trata de la gracia justificante y Santificante, que hace volver al hombre a la amistad con Dios, en el reino de los cielos (cf. I-II, q. 111, a. 1). “Según esta gracia se entiende la misión del Espíritu Santo y su inhabitación en el hombre” (I, q. 43, a. 3). Y en Cristo, por la unión personal de la naturaleza humana con el Verbo de Dios, por la excelsa nobleza de su alma, por su misión Santificadora y salvífica hacia todo el género humano, el Espíritu Santo infundía la plenitud de la gracia. Santo Tomás lo afirma basándose en el texto mesiánico de Isaías: “Reposará sobre él el espíritu de Yahveh” (Is 11, 2): “Espíritu que está en el hombre mediante la gracia habitual (o Santificante)” (III, q. 7, a. 1, sed contra); y basándose en el otro texto de Juan: “Hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14) (Summa Theol., III, q. 7,  aa. 9-10).
 
Con todo, la plenitud de gracia en Jesús era relativa a la edad: había siempre plenitud, pero una plenitud creciente con el crecer de la edad.
 
4. Lo mismo se puede decir de la sabiduría, que Cristo poseía desde el principio en la plenitud consentida por la edad infantil. Al avanzar en años, esa plenitud crecía en él en la medida correspondiente. Se trataba no sólo de una ciencia y sabiduría humana en relación con las cosas divinas, que en Cristo era infundida por Dios gracias a la comunicación del Verbo subsistente en su humanidad, pero también y sobre todo de la sabiduría como don del Espíritu Santo: el más alto de los dones, que “son perfeccionamiento de las facultades del alma, para disponerlas a la moción del Espíritu Santo. Ahora bien, sabemos por el evangelio que el alma de Cristo era movida perfectísimamente por el Espíritu Santo. En efecto, nos dice Lucas que ‘Jesús, lleno de Espíritu Santo, volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto’ (Lc 4, 1). Por consiguiente, se hallaban en Cristo los dones de la manera más excelsa” (III, q. 7, a. 5). La sabiduría sobresalía entre esos dones.   
 
5. Sería conveniente proseguir ilustrando el tema con las admirables páginas de Santo Tomás, así como de otros teólogos que han investigado la sublime grandeza espiritual del alma de Jesús, en la que habitaba y obraba de modo perfecto el Espíritu Santo, ya en su infancia, y luego a lo largo de toda la época de su desarrollo. Aquí sólo podemos señalar el estupendo ideal de Santidad que Jesús, con su vida, ofrece a todos, incluso a los niños y a los jóvenes, llamados a “crecer en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres”, como Lucas escribe del niño de Nazaret, y como el mismo evangelista escribirá en los Hechos de los Apóstoles a propósito de la Iglesia primitiva, que “crecía en el temor del Señor y estaba llena de la consolación del Espíritu Santo” (Hch 9, 31). Es un magnifico paralelismo, más aún, una repetición, no sólo lingüística sino también conceptual, del misterio de la gracia que Lucas veía presente en Cristo y en la Iglesia como continuación de la vida y de la misión del Verbo encarnado en la historia. De este crecimiento de la Iglesia bajo el soplo del Espíritu Santo son partícipes y actores privilegiados los numerosos niños que la historia y la hagiografía nos muestran como particularmente iluminados por sus Santos dones. También en nuestro tiempo la Iglesia se alegra de saludarlos y proponerlos como imágenes límpidas del joven Jesús, lleno de Espíritu Santo.
 
    

LA EUCARISTÍA, MEMORIAL DE LAS MARAVILLAS DE DIOS

 

LA EUCARISTÍA.. Óleo en el Altar mayor

IGLESIA DE SAN JORGE . WALLDURN, ALEMANIA

Queridos hermanos y hermanas:  

1. Entre los múltiples aspectos de la Eucaristía destaca el de "memorial", que guarda relación con un tema bíblico de gran importancia. Por ejemplo, en el libro  del Éxodo  leemos:  "Dios  se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob" (Ex 2, 24). En cambio, en el Deuteronomio se dice:  "Acuérdate del Señor, tu Dios" (Dt 8, 18). "Acuérdate bien de lo que el Señor, tu Dios, hizo..." (Dt 7, 18). En la Biblia el recuerdo de Dios y el recuerdo del hombre se entrecruzan y constituyen un componente fundamental de la vida del pueblo de Dios. Sin embargo, no se trata de la simple conmemoración de un pasado ya concluido, sino de un zikkarón, es decir, un "memorial". Esto "no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres. En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1363). El memorial hace referencia a un vínculo de alianza que nunca desaparece:  "El Señor se acuerda de nosotros y nos bendice" (Sal 115, 12).

Así pues, la fe bíblica implica el recuerdo eficaz de las obras maravillosas de salvación. Esas obras se profesan en el "Gran Hallel", el Salmo 136, que, después de proclamar la creación y la salvación ofrecida a Israel en el Éxodo, concluye:  "En nuestra humillación se acordó de nosotros, porque es eterna su misericordia. (...) Nos libró (...), dio alimento a todo viviente, porque es eterna su misericordia" (Sal 136, 23-25). En el evangelio encontramos palabras semejantes en labios de María y de Zacarías:  "Acogió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia (...). Se acordó de su santa alianza" (Lc 1, 54. 72).

2. En el Antiguo Testamento el "memorial" por excelencia de las obras de Dios en la historia era la liturgia pascual del Éxodo:  cada vez que el pueblo de Israel celebraba la Pascua, Dios le ofrecía de modo eficaz el don de la libertad y de la salvación. Así pues, en el rito pascual se entrecruzaban los dos recuerdos, el divino y el humano, es decir, la gracia salvífica y la fe agradecida:  "Este será  un  día  memorable  para  vosotros, y lo celebraréis como fiesta en honor del Señor (...). Y esto te servirá como señal en tu mano, y como recordatorio ante tus ojos, para que la ley del Señor esté en tu boca; porque con mano fuerte te sacó el Señor de Egipto" (Ex 12, 14; 13, 9). En virtud de este acontecimiento, como afirmaba un filósofo judío, Israel será siempre "una comunidad basada en el recuerdo" (M. Buber).

3. El entrelazamiento del recuerdo de Dios con el del hombre también está en el centro de la Eucaristía, que es el "memorial" por excelencia de la Pascua cristiana. En efecto, la "anámnesis", o sea, el acto de recordar es el corazón de la celebración:  el sacrificio de Cristo, acontecimiento único, realizado ...fÆpaj, es decir, "de una vez para siempre" (Hb 7, 27; 9, 12. 26; 10, 12), difunde su presencia salvífica en el tiempo y en el espacio de la historia humana. Eso se expresa en el imperativo final que san Lucas y san Pablo refieren en la narración de la última Cena:  "Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío (...). Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío" (1 Co 11, 24-25, cf. Lc 22, 19). El pasado del "cuerpo entregado por nosotros" en la cruz se presenta vivo en el hoy y, como declara san Pablo, se abre al futuro de la redención final:  "Cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga" (1 Co 11, 26). Por consiguiente, la Eucaristía es memorial de la muerte de Cristo, pero también es presencia de su sacrificio y anticipación de su venida gloriosa. Es el sacramento de la continua cercanía salvadora del Señor resucitado en la historia. Así se comprende la exhortación de san Pablo a Timoteo:  "Acuérdate de Jesucristo, descendiente de David, resucitado de entre los muertos" (2 Tm 2, 8). Este recuerdo vive y actúa de modo especial en la Eucaristía.

4. El evangelista san Juan nos explica el sentido profundo del "recuerdo" de las palabras y de los acontecimientos de Cristo. Frente al gesto de Jesús que expulsa del templo a los mercaderes y anuncia que será destruido y reconstruido en tres días, anota:  "Cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús" (Jn 2, 22). Esta memoria que engendra y alimenta la fe es obra del Espíritu Santo, "que el Padre mandará en nombre" de Cristo:  "él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn 14, 26). Por consiguiente, hay un recuerdo eficaz:  el interior, que lleva a la comprensión de la palabra de Dios, y el sacramental, que se realiza en la Eucaristía. Son las dos realidades de salvación que san Lucas unió en el espléndido relato de los discípulos de Emaús, marcado por la explicación de las Escrituras y por el "partir del pan" (cf. Lc 24, 13-35).

5. "Recordar" es, por tanto, "volver a llevar al corazón" en la memoria y en el afecto, pero es también celebrar una presencia. "Sólo la Eucaristía, verdadero memorial del misterio pascual de Cristo, es capaz de mantener vivo en nosotros el recuerdo de su amor. De ahí que la Iglesia vigile su celebración; ya que si la divina eficacia de esta vigilancia continua y dulcísima no la fomentara; si no sintiera la fuerza penetrante de la mirada del Esposo fija sobre ella, fácilmente la misma Iglesia se haría olvidadiza, insensible, infiel" (carta apostólica Patres Ecclesiae, III:  Enchiridion Vaticanum 7, 33; L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de enero de 1980, p. 15). Esta exhortación a la vigilancia hace que nuestras liturgias eucarísticas estén abiertas a la venida plena del Señor, a la aparición de la Jerusalén celestial. En la Eucaristía el cristiano alimenta la esperanza del encuentro definitivo con su Señor.

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