|

Edición nro. 117
Oh Virgen fiel,
que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"





¯¯¯
EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico
que me proporciona.
Me
arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y
su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.
Si
estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo
me Sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
En
la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me
consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Cuando
voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le
pido favores, me protege.
Si
soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la
eterna corona.
Que
buena es María, que dulce y hermosa es!
Nuestra
Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !

¯¯¯
¯¯¯
|
|

MARÍA VIENE
A VIVIR EN EL ALMA
San Luis María Grignion de
Montfort
"Una
infinidad de óptimos efectos produce en el alma esta devoción practicada
fielmente (darse completamente a Maria y por medio de Ella a Jesús).
El principal de
ellos es que Maria viene a vivir en el alma de modo que ya no es
el alma que vive, sino Maria que vive en ella y que llega a ser, por así
decirlo, el alma de la propia alma.
Y ¿Qué
maravillas no obra Maria cuando por una gracia realmente inefable llega a ser
Reina de un alma?
Obra grandes
maravillas y trabaja sobre todo en los corazones, y muchas veces en la
ignorancia del alma misma, ya que si ésta se diera cuenta de lo que sucede en
ella se expondría al peligro de perder, por causa de la vanidad, esta belleza
suya.
Maria es la
Virgen fecunda, en todas las almas en las que vive hace brotar la pureza
del corazón y del cuerpo, la rectitud en las intenciones y abundantes buenas
obras.
No creáis que
Maria, la más fecunda de las criaturas puras, que llegó al punto de producir
un Dios, permanezca inactiva en un alma fiel.
Será justo
Ella
la que hará que el alma viva incesantemente por Jesucristo, y hará que
Jesús viva en el alma:
“ Hijos
míos, que yo de nuevo doy a luz, hasta que Cristo no se forme en vosotros ”
(cfr.
Gal 2,20).
Como Jesús, que
cuando vino al mundo quiso ser fruto de Maria, así sucede en cada alma; y en
aquellas en las que Maria puede habitar más libremente se ve mejor que es su
fruto y obra maestra. (...)
Habiendo Dios
venido al mundo, la primera vez, en la humildad y en el secreto por medio de
Maria ¿No se podría afirmar que vendrá también la segunda vez por medio
de Maria para reinar en todos, como espera la Iglesia, y para juzgar a vivos y
muertos?
Nadie sabe cómo
y cuándo sucederá; pero sé que Dios, cuyos designios se elevan sobre los
nuestros más que el Cielo sobre la tierra, llegará en el tiempo y en la forma
que los hombres menos se esperan, incluidos los más versados y competentes en
las Sagradas Escrituras, que en este punto permanecen muy oscuras.
A pesar
de esto, creo también que en los últimos tiempos, y quizás antes de lo que se
piensa, Dios suscitará grandes hombres llenos del Espíritu Santo y del espíritu
de María a través de los cuales esta Divina Soberana hará grandes maravillas
sobre la tierra, para destruir el pecado y establecer en el mundo el Reino de
su Hijo Jesucristo.
|
Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
Con
una profunda reflexión de San Luis María Grignion de
Montfort, titulada Maria viene a vivir en el alma, que
hemos extractado de “El Tratado de la Verdadera Devoción a María",
comenzamos esta edición de "El Camino de María",
dedicada a contemplar a Jesús, en el período de la infancia hasta la edad
adulta, y a María ayudando a
su Hijo a crecer, «en sabiduría, en estatura y en
gracia» (Lc 2,52) y
a formarse para su misión.
También
comenzamos a publicar desde hoy una
serie de textos catequéticos del Santo Padre sobre la Eucaristía
que podremos meditar en compañia de María, Maestra de
Contemplación.
Al respecto hemos rescatado una meditación memorable sobre la
Eucaristía del año 1981. Juan Pablo II
expresaba lo siguiente en
la meditación durante el rezo del Ángelus del 19 de julio de
ese año.
La
presencia de Cristo entre nosotros
1. "Yo
estaré con vosotros siempre, hasta la consumación del mundo"
(Mt 28, 20). Esta promesa que, paradójicamente, Jesús
hizo a sus discípulos en el mismo momento en que los estaba
dejando, se realiza de manera particular en el sacramento de
la Eucaristía. Bajo los signos sensibles del pan y del vino,
Jesús se hace presente en un lugar y en un tiempo determinado
consintiendo a todo ser humano cualquiera que sea el sitio en
que se halle y la época histórica a la que pertenezca,
establecer contacto personal con Él. En la Eucaristía, la lógica
de la Encarnación alcanza sus extremas consecuencias. En Ella
encuentra su coronación aquel camino hacia el hombre, que
impulsó a Jesús a despojarse de los privilegios de la
divinidad, para asumir la condición de siervo (cf. Flp 2,
6-7) y ponerse junto a cada uno de nosotros como hermano; para
hacerse por último comida y bebida de nuestra alma en su
camino espiritual.
2. Jesús ha querido permanecer junto a nosotros, no sólo
para consolarnos en las pruebas diarias y ayudarnos a aceptar
la vida con su carga de dificultades, de injusticias y de
abusos. Él está junto a nosotros para sostenernos en la
lucha contra todas las manifestaciones del mal en este mundo y
para estimular nuestro compromiso de hacer avanzar la historia
hacia metas más dignas del hombre.
3. El cristiano no puede, ciertamente, ilusionarse con
encontrar en la Eucaristía sugerencias al alcance de la mano
acerca de la actividad que debe realizar en los diversos
campos de su vida personal, familiar, social o comunitaria,
económica o política. Pero la participación en la
"Mesa del Señor" toca siempre muy de cerca su
conciencia del bien y del mal, y lo pone frente a las propias
responsabilidades en lo que se refiere a las personas cercanas
o lejanas, así como al mundo circundante. Por ello, la comunión
en el "Pan partido" compromete a cada uno a ofrecer
su propia contribución en orden a construir un "mundo
nuevo".
4. ¿Que contribución? Aquella que las circunstancias
requieran en cada momento y que los dones de los que la
Providencia nos ha enriquecido, hacen posible. En la
perspectiva cristiana vemos con igual claridad los diversos
bienes, los dones de actuar y de trabajar, y no menos los de
sufrir y soportar. Trabajar con Cristo y sufrir con Cristo
pertenecen de la misma forma a aquella insistente invitación
que se dirigió a todos al principio de la misión evangélica
de Cristo; la invitación a "hacer penitencia". Es una invitación evangélica y, al mismo
tiempo, eucarística.
"Partir el pan" con Cristo significa construir día
tras día una vida plenamente humana y cristiana -vida de fe,
de esperanza y de amor-, vida ciertamente no desprovista de
dificultades y de cruces, pero llena de sentido, llena
de alegría.
|
Confiemos a
María todos los días de este año que hemos comenzado a vivir para que, apoyados y confortados por
su protección maternal, podamos contemplar
con nuevos ojos el rostro de Cristo y podamos vivir el Año de la Eucaristía con mucha fe y devoción.
Marisa y Eduardo
|
 |
 |
|