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Edición nro. 114
Oh Virgen fiel,
que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



MARIA, MADRE DEL AMOR
DIVINO

SANTA
MARIA
MADRE
DE DIOS
1 de enero
El culto a
María, como "Madre de Dios", es el culto mariano
más antiguo y universal. El Concilio de Efeso, en el año 431, al
condenar los errores de Nestorio, declaró dogma de fe que la Virgen María
es Madre de Dios, pues su hijo, Jesús, es Dios. En 1969, después de la
reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la Iglesia instituyó esta
fiesta y le asignó el primer día del año para su celebración.
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EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico
que me proporciona.
Me
arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y
su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.
Si
estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo
me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
En
la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me
consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Cuando
voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le
pido favores, me protege.
Si
soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la
eterna corona.
Que
buena es María, que dulce y hermosa es!
Nuestra
Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !



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MADRE DE DIOS DE KAZAN
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ORACIÓN A LA MADRE DE DIOS DE KAZAN
¡Bendita seas, oh gloriosa
Madre de Jesús, que "precedes al pueblo de Dios por los caminos
de la fe, del amor y de la unión con Cristo"! (cf.
Lumen gentium, 63). Te llaman bienaventurada todas las
generaciones, porque "el Poderoso ha hecho obras grandes en
ti y su nombre es santo" (cf. Lc 1, 48-49).
Bendita y alabada seas, ¡oh Madre!, en tu icono de Kazan, en el
que desde siglos estás rodeada por la veneración y el amor de los
fieles ortodoxos, habiéndote convertido en protectora y
testigo de las singulares obras de Dios en la historia del pueblo
ruso, al que todos nosotros apreciamos mucho.
La Providencia divina, que tiene el poder de vencer el mal y
sacar el bien incluso de las maldades de los hombres, ha hecho
que tu santo icono, desaparecido en tiempos lejanos, apareciese de
nuevo en el santuario de Fátima, en Portugal. Posteriormente, por
voluntad de personas devotas tuyas, fue traído a la casa del
Sucesor de Pedro.
Madre del pueblo ortodoxo, la presencia en Roma de tu santa
imagen de Kazan nos habla de una unidad profunda entre Oriente y
Occidente, que perdura en el tiempo a pesar de las divisiones
históricas y de los errores de los hombres. Con especial
intensidad elevamos ahora nuestra plegaria a ti, ¡oh Virgen!, al
mismo tiempo que nos despedimos de esta conmovedora imagen tuya.
Te acompañaremos con el corazón a lo largo del camino que te
conducirá de nuevo a la tierra de Rusia. Acoge la alabanza y el honor
que te tributa el pueblo de Dios que está en Roma.
¡Oh bendita entre todas las mujeres!, al venerar tu icono
en esta ciudad sellada con la sangre de los Apóstoles san Pedro y
san Pablo, el Obispo de Roma se une espiritualmente a su hermano
en el ministerio episcopal, que preside como Patriarca la Iglesia
ortodoxa rusa. Y te ruega, Madre Santa, que intercedas a fin de
que se apresure el tiempo de la plena unidad entre Oriente y
Occidente, de la plena comunión entre todos los cristianos.
¡Oh Virgen
gloriosa y bendita, Señora, Abogada y Consoladora nuestra,
reconcílianos con tu Hijo, encomiéndanos a tu Hijo, preséntanos a
tu Hijo!

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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
Celebramos la Solemnidad de Santa María Madre de Dios.
El primer día del año la Iglesia desea que contemplemos y
veneremos la Maternidad de la Virgen María. Su maternidad
está íntimamente ligada al misterio de la Encarnación del Hijo de
Dios, y la Iglesia nos invita a celebrar esta Solemnidad para
coronar la octava del Nacimiento de Jesús. Preside esta edición
de El Camino de María el ícono de la Madre de
Dios de Kazan, y la Oración que Juan Pablo II le dirigió
el 25 agosto del 2004, en el solemne acto de despedida y
veneración de la santa imagen al que asistieron 7000
peregrinos.(*)
En
la meditación durante el rezo del Ángelus del 1 de enero de 1991,
("En Cristo está
la fuente de la paz")
el Santo Padre
expresaba:
"Celebramos a María como "Madre de Dios", Madre siempre Virgen del
Verbo encarnado, según la palabra de la Revelación y la enseñanza
del Magisterio de la Iglesia. De su Maternidad le derivan los
singulares privilegios de la Inmaculada Concepción y de la
Asunción al Cielo. La súplica del pueblo cristiano: "Santa María,
Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores", es un eco del
saludo angélico.
Madre
de Dios y Madre de la humanidad, Madre de la Iglesia y Madre de
cada uno de nosotros: ¡nadie recurre a ti en vano; a nadie dejas
defraudado, olvidado o abandonado! Por eso, te invocamos con
transporte filial y confiado. ¡Permanece a nuestro lado! ¡Tú eres
nuestra Madre!
"Hoy tambien celebramos la Jornada mundial
de la paz. La
Solemnidad de la Maternidad Divina de María nos recuerda también
que Cristo, al encarnarse, se ha hecho luz de las mentes y de las
conciencias de los hombres. Gracias a Él, la persona puede mirar
al futuro con esperanza; gracias a Él, llega a ser capaz de perdón
y de amor. En Cristo, y sólo en Él, el creyente encuentra el
camino que conduce a la reconciliación auténtica con el Padre y
con los hermanos; y aquí está la fuente de la paz."
Pidamos al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen
Santísima, su Templo Inmaculado, que nos otorgue sus dones para
que podamos transitar el nuevo año con confianza en Dios imitando
la Fe de María, porque de esa forma nosotros podremos mirar con
atención y conservar en el corazón las maravillas que Dios lleva a
cabo cada día en la historia. Así aprenderemos a reconocer en la
trama de la vida diaria la intervención constante de la divina
Providencia, que todo lo guía con sabiduría y amor.
Marisa y Eduardo
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Te
Deum laudamus!
Homilía que Juan Pablo II pronunció en la tarde
del 31 de diciembre al presidir las vísperas de la solemnidad de María Santísima
Madre de Dios y el «Te Deum» de acción de gracias al concluir el año 2004
1. Se cierra otro año. Con
viva conciencia de la fugacidad del tiempo, nos
encontramos reunidos esta tarde para dar gracias
a Dios por todos los dones que nos ha ofrecido
durante el año 2004. Lo hacemos con el canto
tradicional del «Te Deum».
2. «Te Deum laudamus!»
Te damos gracias, Padre, porque en la
plenitud de los tiempos, no mandaste a tu Hijo
(Cf. Gálatas 4, 4) para juzgar al mundo, sino
para salvarlo con inmenso amor (Cf. Juan 3, 17).
Te damos gracias, Señor
Jesús, Redentor nuestro, porque has querido
asumir de María, Madre siempre Virgen, nuestra
naturaleza humana. En este Año de la Eucaristía
queremos darte gracias con fervor más intenso
por el don de tu Cuerpo y de tu Sangre en el
Sacramento del Altar.
Te alabamos y damos gracias, Espíritu Santo
Paráclito, porque nos haces conscientes de
nuestra adopción filial (Cf. Romanos 8, 16) y
nos enseñas a dirigirnos a Dios llamándole
Padre, «Abbá» (Cf. Juan 4, 23-24; Gálatas 4, 6).
3. Queridos hermanos y hermanas, demos juntos
gracias a Dios por las manifestaciones de bondad
y de misericordia con las que ha acompañado, en
estos meses, el camino de nuestra ciudad. Que Él
lleve a cumplimiento todo proyecto apostólico y
toda iniciativa de bien.
4. «Salvum fac populum tuum, Domine»,
«Salva a tu pueblo, Señor». Te lo pedimos
esta tarde, por medio de María, celebrando las
primeras vísperas de la fiesta de su Divina
Maternidad.
Santa madre del redentor, acompáñanos en este
paso al nuevo año. Alcanza para Roma y para todo
el mundo el don de la paz. ¡Madre de Dios, reza
por nosotros!

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Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Como anuncié el domingo pasado, nuestro tradicional
encuentro semanal asume hoy una fisonomía particular. En
efecto, nos hallamos reunidos en oración ante el venerado
icono de la Madre de Dios de Kazan, que
está a punto de emprender el viaje de regreso a Rusia, de
donde partió un día lejano.
Después de atravesar diversos países y de detenerse durante
largo tiempo en el santuario de Fátima, en Portugal, hace más
de diez años llegó providencialmente a la casa del Papa. Desde
entonces ha estado conmigo y ha acompañado con mirada maternal
mi servicio diario a la Iglesia.
¡Cuántas veces, desde aquel día, he invocado a la Madre
de Dios de Kazan, pidiéndole que proteja y guíe al
pueblo ruso, que le tiene tanta devoción, y que apresure
el momento en que todos los discípulos de su Hijo,
reconociéndose hermanos, restablezcan plenamente la unidad
rota!
2. Desde el inicio, deseaba que este santo icono volviera a
la tierra de Rusia, donde -según acreditados testimonios
históricos- durante muchísimos años fue objeto de profunda
veneración por parte de enteras generaciones de fieles. En
torno al icono de la Madre de Dios de Kazan se ha
desarrollado la historia de ese gran pueblo.
Rusia es una nación cristiana desde hace muchos siglos; es la
'Santa Rus'. Incluso cuando fuerzas enemigas se
encarnizaron contra la Iglesia e intentaron borrar de la vida
de los hombres el santo nombre de Dios, ese pueblo permaneció
profundamente cristiano, testimoniando en muchos casos con
la sangre su fidelidad al Evangelio y a los valores que
inspira.
Por eso, juntamente con vosotros, doy gracias con particular
emoción a la divina Providencia, que me concede hoy enviar al
venerado patriarca de Moscú y de todas las Rusias el don de
este santo icono.
3. Esta antigua imagen de la Madre del Señor expresará a Su
Santidad Alexis II y al venerado Sínodo de la Iglesia ortodoxa
rusa el afecto que el Sucesor de Pedro siente por ellos y por
todos los fieles que les han sido encomendados. Expresará su
estima por la gran tradición espiritual que conserva la santa
Iglesia rusa. Expresará el deseo y el firme propósito del Papa
de Roma de avanzar juntamente con ellos por el camino del
conocimiento mutuo y de la reconciliación, para apresurar el
día de la plena unidad de los creyentes por la que nuestro
Señor Jesucristo oró ardientemente (cf. Jn 17, 20-22).
Amadísimos hermanos y hermanas, invocad junto conmigo la
intercesión de la Santísima Virgen María, mientras entrego su
icono a la delegación que, en mi nombre, la llevará a Moscú.
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Santidad:
Le doy
gracias de corazón por haber entregado a la Iglesia ortodoxa
rusa el icono de la Madre de Dios de Kazan, la Theotokos y
siempre Virgen María. El pasado 28 de agosto, fiesta de la
gloriosísima Dormición de la Theotokos, la delegación de
representantes de la Iglesia católica romana, encabezada por
el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo pontificio
para la promoción de la unidad de los cristianos, nos entregó
este icono después de una solemne liturgia divina en la
catedral de la Dormición, en el Kremlin de Moscú, llena de
fieles, que se dieron cita en ese día sagrado para elevar sus
oraciones a la santísima Theotokos.
La entrega de este sagrado icono por parte de sus enviados es
considerada por toda la Iglesia ortodoxa rusa como un acto de
restablecimiento de la justicia y como un acto de buena
voluntad por parte de Su Santidad. Creo que su decisión de
entregar el icono manifiesta el deseo sincero de superar las
dificultades existentes en las relaciones entre nuestras dos
Iglesias. Ojalá que este acontecimiento constituya nuestra
contribución común a superar las consecuencias negativas de la
historia del siglo XX, marcada por una persecución contra la
fe de Cristo de un alcance sin precedentes.
La veneración de la Madre de Dios como "celosa intercesora en
favor del pueblo cristiano" (Akathistos al icono de la Madre
de Dios de Kazan) -veneración común a las Iglesias ortodoxa y
católica- nos remite a los tiempos de la Iglesia primitiva,
cuando no había divisiones entre Oriente y Occidente, tan
visibles, por desgracia, en nuestros días. La Iglesia ortodoxa
rusa, incluso en los momentos más difíciles de sus relaciones
con la Iglesia católica romana, siempre e invariablemente ha
afirmado su voluntad de desarrollar estas relaciones con
espíritu de sincera cooperación. En la entrega del icono de
Kazan vemos un paso en la dirección correcta, convencidos de
que en el futuro se hará todo lo posible para resolver algunos
problemas existentes entre nuestras Iglesias.
Las buenas relaciones entre la Iglesia ortodoxa rusa y la
Iglesia católica romana, que el "Padre sempiterno, Príncipe de
la paz" (Is 9, 6) nos llama a mantener, no con palabras
sino con obras, son sumamente importantes para el futuro de
Europa y del mundo entero. La predicación de los valores
cristianos en la sociedad secularizada sólo tendrá éxito si
todos los cristianos cumplimos el mandamiento del amor del
Salvador: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado" (Jn
13, 34). La apertura en las relaciones entre cristianos de
diversas confesiones implica respeto recíproco, conocimiento
de la historia común y sensibilidad al realizar acciones en
territorios donde otra tradición cristiana está presente desde
hace siglos.
Una vez más, deseo darle las gracias, Santidad, desde lo más
profundo de mi corazón, por este don y expresarle la esperanza
de que la santísima Theotokos, que "cura con generosidad y
solicitud las enfermedades y las divisiones" (Akathistos al
icono de la Madre de Dios de Kazan) derrame su gracia y su
misericordia sobre los fieles de nuestras dos Iglesias. Con
amor en el Señor,
ALEXIS II .Patriarca
de Moscú y de todas las Rusias.
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