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Edición nro. 113
Oh Virgen fiel,
que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



LA
FE DE LA VIRGEN MARÍA

MARÍA,
MODELO Y GUÍA DE FE

Ciertamente
la Anunciación representa el momento culminante de la fe de María a la
espera de Cristo, pero es además el punto de partida, de donde inicia todo
su «camino hacia Dios», todo su camino de fe. Y sobre esta vía, de
modo eminente y realmente heroico —es mas, con un heroísmo de fe cada vez
mayor— se efectuará la «obediencia» profesada por ella a la palabra de la
divina revelación. Y esta «obediencia de la fe» por parte de María a lo
largo de todo su camino tendrá analogías sorprendentes con la fe de
Abraham. Como el patriarca del Pueblo de Dios, así también María, a través
del camino de su fiat filial y maternal, «esperando contra esperanza,
creyó». De modo especial a lo largo de algunas etapas de este camino la
bendición concedida a «la que ha creído» se revelará con particular
evidencia. Creer quiere decir «abandonarse» en la verdad misma de la
palabra del Dios viviente, sabiendo y reconociendo humildemente «¡cuan
insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!» (Rom 11,
33). María, que por la eterna voluntad del Altísimo se ha encontrado,
puede decirse, en el centro mismo de aquellos «inescrutables caminos» y de
los «insondables designios» de Dios, se conforma a ellos en la penumbra de
la fe, aceptando plenamente y con corazón abierto todo lo que está
dispuesto en el designio divino.
(Redemptoris Mater, 14)
EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico
que me proporciona.
Me
arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y
su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.
Si
estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo
me Sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
En
la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me
consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Cuando
voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le
pido favores, me protege.
Si
soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la
eterna corona.
Que
buena es María, que dulce y hermosa es!
Nuestra
Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !
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Entremos en el 2005
con confianza en Dios imitando la Fe de María, Madre de Dios
Como Ella, también
nosotros podemos mirar con atención y conservar en el corazón las
maravillas que Dios lleva a cabo cada día en la historia. Así
aprenderemos a reconocer en la trama de la vida diaria la
intervención constante de la divina Providencia, que todo lo guía
con sabiduría y amor.
¡Feliz Año 2005!
Marisa y Eduardo
TE DEUM
Himno
de Acción de Gracias
1.
A Ti, oh Dios, te alabamos; a Ti, Señor,
te reconocemos.
2. A Ti, Eterno Padre, te
venera toda la creación.
3. Los ángeles todos, los
cielos y todas las potestades te honran.
4. Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
5. Santo, Santo, Santo, es el
Señor Dios del Universo.
6. Los cielos y la tierra están
llenos de la majestad de tu gloria.
7. A Ti te ensalza el glorioso
coro de los Apóstoles,
8. A Ti te ensalza la multitud
admirable de los Profetas,
9. A Ti te ensalza el blanco
ejército de los Mártires.
10. A Ti la Iglesia Santa extendida por
toda la tierra, te proclama:
11. Padre de inmensa majestad,
12. Hijo único y verdadero, digno de
adoración,
13. Espíritu Santo Paráclito.
14. Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
15. Tú eres el Hijo único del Padre.
16. Tú, para liberar al hombre, aceptaste
la condición humana,
sin desdeñar el seno de la Virgen.
17. Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino del Cielo.
18. Tú te sientas a la derecha de Dios en
la gloria del Padre.
19. Creemos que un día has de venir como
Juez.
20. Te rogamos, pues, que vengas en ayuda
de tus siervos, a quienes redimiste con tu
preciosa Sangre.
21. Haz que en la gloria eterna nos
asociemos a tus Santos.
22. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice
tu heredad.
23. Sé su Pastor y ensálzalo eternamente.
24. Día tras día te bendecimos.
25. Y alabamos tu Nombre para siempre, por
eternidad de eternidades.
26. Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
27. Ten piedad de nosotros, Señor, ten
piedad de nosotros.
28. Que tu misericordia, Señor, venga
sobre nosotros, como lo esperamos de Ti.
29. En Ti, Señor, confié, no me vea
defraudado para siempre.
V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros
padres.
R. Y digno de alabanza, y glorioso por lo
siglos.
V. Bendigamos al Padre, y al Hijo con el
Espíritu Santo.
R. Alabémosle y ensalcémosle por todos
los siglos.
V. Bendito eres Señor en lo más alto del
Cielo.
R. Y digno de alabanza, y glorioso y
ensalzado por todos los siglos.
V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Y nunca olvides sus muchos beneficios.
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
Oremos.
Oh Dios, cuya misericordia
no tiene número, y los tesoros de tu
bondad son infinitos: damos gracias a tu
piadosísima Majestad por los dones
recibidos, rogando siempre a tu clemencia
que, pues concedes lo pedido en la oración,
no nos desampares, sino que nos hagas
dignos de los premios futuros.
Oh Dios, que instruyes los
corazones de los fieles con la luz del Espíritu
Santo, concédenos según el mismo Espíritu
conocer las cosas rectas y gozar siempre
de sus divinos consuelos.
Oh Dios, que no permites sea
afligido en demasía cualquiera que en Ti
espera, sino que atiendes piadoso a
nuestras súplicas: te damos gracias por
haber aceptado nuestras peticiones y votos,
suplicándote piadosísimamente que
merezcamos vernos libres de toda
adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
R. Amén.
Himno de
alabanza compuesto en Latín al principio
del siglo V D.C. Se ha recitado o cantado
desde el siglo VI como parte del Oficio
Divino y como acción de gracias.
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¡Oh
Clementísima Virgen María
Madre de Dios,
Reina del Cielo,
Señora del mundo,
Júbilo de los santos,
Consuelo de los pecadores!
Atiende los gemidos de los
arrepentidos;
Calma los deseos de los devotos;
Socorre las necesidades de los
enfermos;
Conforta los corazones de los
atribulados;
Asiste a los agonizantes;
Protege contra los ataques del mal a
tus siervos que te imploran;
Guía a los que te aman al premio de
la eterna bienaventuranza,
en donde con tu amantísimo Hijo Jesucristo
reinas felizmente por toda la eternidad.
Amen.
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La
oración que antecede fue escrita por el Beato Tomas de Kempis
(+1471) La
fama mundial de Tomás de Kempis se debe a que él escribió
el libro que más ediciones ha tenido después de la Biblia,
La "Imitación de Cristo". Este
precioso librito, llamado "el consentido de los libros"
porque es el que se ha sacado en ediciones más hermosas y
lujosas, (de bolsillo) ha tenido ya más de 3,100 ediciones en
los más diversos idiomas del mundo. Su primera edición salió
20 años antes del descubrimiento de América (un año después
de la muerte del autor) en 1472, y durante más de 500 años
ha tenido unas 6 ediciones cada año. Caso raro y excepcional.
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