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Edición nro. 112
Oh Virgen fiel,
que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3. 12-21
Hermanos: Puesto que
Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su
amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes.
Sopórtense mutuamente y
perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha
perdonado a ustedes. Y sobre todo estas virtudes, tengan amor, que es el
vínculo de la perfecta unión.
Que en sus corazones
reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros
de un solo cuerpo.
Finalmente, sean
agradecidos.
Que la palabra de
Cristo habite en ustedes con toda su riqueza.
Enséñenze y aconséjense
unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben
a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y
todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a
Dios padre, por medio de Cristo.
Mujeres, respeten la
autoridad de sus maridos, cono lo quiere el Señor.
Maridos, amen a
sus esposas y no sean rudos con ellas.
Hijos, obedezcan
en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor.
Padres, no exijan
demasiado a sus hijos, para que no se depriman
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EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico
que me proporciona.
Me
arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y
su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.
Si
estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo
me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
En
la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me
consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Cuando
voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le
pido favores, me protege.
Si
soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la
eterna corona.
Que
buena es María, que dulce y hermosa es!
Nuestra
Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !
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1. «Adoro Te
devote, latens Deitas».
En esta Noche resuenan en mi corazón las primeras palabras del
célebre himno eucarístico, que me acompaña día a día en este año
dedicado particularmente a la Eucaristía.
En el Hijo de la Virgen, «envuelto en pañales» y «acostado en un
pesebre» (cf. Lucas 2,12), reconocemos y adoramos «el pan bajado
del cielo» (Juan 6,41.51), el Redentor venido a la tierra para dar
la vida al mundo.
2. ¡Belén! La ciudad donde según las Escrituras nació Jesús, en
lengua hebrea, significa «casa del pan». Allí, pues, debía nacer
el Mesías, que más tarde diría de sí mismo: «Yo soy el pan
de vida» (Jn 6,35.48).
En Belén nació Aquél que, bajo el signo del pan partido, dejaría
el memorial de la Pascua. Por esto, la adoración del Niño
Jesús, en esta Noche Santa, se convierte en adoración eucarística.
3. Te adoramos, Señor, presente realmente en el Sacramento del
altar, Pan vivo que das vida al hombre. Te reconocemos como
nuestro único Dios, frágil Niño que estás indefenso en el pesebre.
«En la plenitud de los tiempos, te hiciste hombre entre los
hombres para unir el fin con el principio, es decir, al hombre con
Dios» (cf. San Ireneo, «Adversus Haereses», IV,20,4).
Naciste en esta Noche, Divino Redentor nuestro, y, por nosotros,
peregrino por los senderos del tiempo, te hiciste alimento de vida
eterna.
¡Acuérdate de nosotros, Hijo eterno de Dios, que te encarnaste
en el seno de la Virgen María! Te necesita la humanidad
entera, marcada por tantas pruebas y dificultades.
¡Quédate con nosotros, Pan vivo bajado del Cielo para nuestra
salvación! ¡Quédate con nosotros para siempre! Amén.
Homilía
que pronunció Juan Pablo II durante la Misa de Navidad celebrada
en la Nochebuena en la Basílica de San Pedro del Vaticano.
(24 de diciembre de 2004)
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
En este primer
domingo después de Navidad, celebramos con la Iglesia la fiesta
de la Sagrada Familia de Nazaret. Esta fiesta es uno de
los principales puntos luminosos que nos ofrece la liturgia en
nuestro camino terreno porque la Navidad
no es sólo la fiesta de Dios que se hace hombre; es también
la fiesta de la familia y de la vida. El Hijo de Dios,
al venir a habitar entre los hombres, pone de manifiesto el
sentido pleno de todo nacimiento humano. Todo hijo que viene al
mundo trae consigo la alegría: ante todo alegría para sus padres,
luego para la familia y para la humanidad entera.
"El Ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo:
"...levántate y toma al niño y a su madre". La palabra
revelada nos muestra cómo Dios quiere proteger a la familia y
preservarla de todo peligro. Por eso la iglesia, animada e
iluminada por el Espíritu Santo, trata de defender y proponer a
sus hijos y a todos los hombres de buena voluntad, la verdad
sobre los valores fundamentales del matrimonio cristiano y de la
familia. Asimismo, proclama, como deber ineludible, la santidad
de este sacramento y sus exigencias morales, para salvaguardar
la dignidad de toda persona humana.
El matrimonio, con su carácter de unión exclusiva y
permanente, es sagrado porque tiene su origen en Dios. Los
cristianos al recibir el sacramento del matrimonio, participan
en el plan creador de Dios y reciben la gracia que necesitan
para cumplir su misión, para educar y formar a los hijos y
responder al llamado a la santidad. Es una unión distinta de
cualquier de cualquier otra unión humana, pues se funda en la
entrega y aceptación mutua de los esposos con la finalidad de
llegar a ser "una sola carne", viviendo en una comunidad de
vida, amor, cuya vocación es ser "santuario de la vida". Con su
unión fiel y perseverante, los esposos contribuyen al bien de la
institución familiar y manifiestan que el hombre y la mujer
tienen la capacidad de darse para siempre el uno al otro, sin
que la donación voluntaria y perenne anule la libertad, porque
en el matrimonio cada personalidad debe permanecer inalterada y
desarrollar la gran ley del amor: darse el uno al otro para
entregarse junto a la tarea que Dios le encomienda. Si la
persona humana es el centro de toda institución social, entonces
la familia, primer ámbito de socialización, debe ser una
comunidad de personas libres y responsables que lleven adelante
el matrimonio como un proyecto de amor, siempre perfeccionable,
que aporta vitalidad y dinamismo a la sociedad civil .
En la vida matrimonial el servicio a la vida no se agota en la
concepción, sino que se prolonga en la educación de las nuevas
generaciones. Los padres, al haber dado la vida a los hijos,
tienen la gravísima obligación de educar a la prole y, por
consiguiente, deben ser reconocidos como los primeros y
principales educadores de sus hijos.
Esta tarea de la educación es tan importante que, cuando
falta, difícilmente puede suplirse. Se trata de un deber y
de un derecho insustituible e inalienable. Es verdad que en el
ámbito de la educación a la autoridad pública le competen
derechos y deberes, ya que tiene que servir al bien común; sin
embargo, esto no le da derecho a sustituir a los padres.
Por tanto, los padres, sin esperar que otros los reemplacen en
lo que es su responsabilidad, deben poder escoger para sus
hijos el estilo pedagógico, los contenidos éticos y civiles y
la inspiración religiosa en los que desean formarlos
integralmente.
No esperen que todo le venga dado. Asuman su misión
educativa, buscando y creando los espacios y medios adecuados
en la sociedad civil."
Pidamos a María, Reina de la
Familia, que interceda ante su Hijo, Niño de Belén, Profeta de la
Paz, que derrame la paz sobre nuestros corazones y nuestras
familias en este tiempo de Navidad.
Marisa
y Eduardo Vinante
Editores
de "El Camino de María".
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¡Christus
natus est nobis, venite, adoremus!
Mensaje
de Navidad
"URBI
ET ORBI"
. 25 de diciembre de 2004
1. Christus natus est
nobis, venite, adoremus!
¡Cristo ha nacido por nosotros, venid, a adorarlo!
Vamos hacia Ti, en este día solemne,
dulce Niño de Belén,
que al nacer has escondido tu divinidad
para compartir nuestra frágil naturaleza humana.
Iluminados por la fe, Te reconocemos
como verdadero Dios encarnado por amor nuestro. ¡Tú eres el único Redentor del hombre!
2.
Niño de Belén, Profeta de paz,
Que cesen tantas formas de violencia,
causa de indecibles sufrimientos.
Que se apaguen tantos focos de tensión,
que corren el riesgo de degenerar en conflictos
abiertos.
Que se consolide la voluntad de buscar soluciones
pacíficas,
respetuosas de las legítimas aspiraciones de los
hombres y de los pueblos.
3. Niño de Belén, Profeta de paz,
Alienta las iniciativas de diálogo y de
reconciliación.
Apoya los esfuerzos de paz que, aunque tímidos,
pero llenos de esperanza, se están haciendo
actualmente
por un presente y un futuro más sereno
para tantos hermanos y hermanas nuestros en el
mundo.
Pienso en África, en la tragedia de Darfur en
Sudán,
en Costa de Marfil y en la región de los Grandes
Lagos.
Con gran aprensión sigo los acontecimientos de
Irak.Y ¿cómo no mirar con ansia compartida,
pero también con inquebrantable confianza,
a la tierra de la que Tú eres Hijo?
4. ¡Por doquier se ve la necesidad de paz!
Tú, que eres el Príncipe de la verdadera paz:
Ayúdanos a comprender que la única vía para
construirla
es huir horrorizados del mal
y buscar siempre y con valentía el bien.
¡Hombres de buena voluntad de todos los pueblos de
la tierra,
venid con confianza al pesebre del Salvador!
«No quita los reinos humanos
quien da el Reino de los cielos»
Llegad para encontraros con Aquél
que viene para enseñarnos
el camino de la verdad, de la paz y del amor.

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