EL CAMINO DE MARÍA

Edición nro. 110

   Oh Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!: H
az que también nosotros, en medio de las  dramáticas vicisitudes de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.

La versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca Digital "Mater Dei"

 

 

 

 

EN LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA

María es mi Madre!


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico que me proporciona.

Ella es mi Madre!

Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.

Ella es mi Madre!

Si estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.

Ella es mi Madre!

 En la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.

Ella es mi Madre!

Cuando voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le pido favores, me protege.

Ella es mi Madre!

Si soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la eterna corona.

Ella es mi Madre!

Que buena es María, que dulce y hermosa es!

Ella es mi Madre!

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros
!

 

 

 

 

 

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Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!
 
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!
 
Oh Raíz del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!
  
Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ¡ven y libra los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!
 
Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, ¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!
 
Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!
 
Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!
 

Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

Con las antífonas llamadas de la "Oh", en las que la Iglesia se dirige a Aquel que está a punto de venir con títulos muy poéticos, que manifiestan claramente la necesidad de paz y de salvación de los pueblos, necesidad que sólo en Dios hecho hombre queda satisfecha de modo pleno y definitivo, comenzamos esta edición de El Camino de María dedicada a contemplar el misterio de la Navidad.

Hoy comenzamos la Novena de Navidad que  nos impulsa a vivir de modo intenso y profundo la preparación para la gran fiesta, ya cercana, del nacimiento del Salvador. La liturgia traza un sabio itinerario para el encuentro con el Señor que viene, proponiendo cada día puntos para la reflexión y la oración. Nos invita a la conversión y a la acogida dócil del misterio de la Encarnación.

Como un aporte para ayudar a nuestras meditaciones de los días de la Novena de Navidad  y del tiempo de Navidad  hemos preparado un libro digital titulado: EL ESPIRITU SANTO Y LA NAVIDAD: . «En la Navidad del Señor el Espíritu Santo obra el inicio de una nueva creación que tendrá su cumplimiento en la Pascua, con la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. De esta forma, la Navidad marca el principio de la Iglesia, pueblo de la Nueva Alianza, que vemos representado en el pesebre por María, José y los pastores» (Juan Pablo II. Ángelus, 21 de diciembre de 1997).

I - EL ESPÍRITU SANTO Y LA NAVIDAD

EL ESPÍRITU SANTO FUENTE DE LA SANTIDAD DE CRISTO

- EL ESPÍRITU SANTO EN EL ORIGEN DE CRISTO
- LA ENCARNACIÓN OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
- EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA
- EL ESPÍRITU SANTO FUENTE DE LA SANTIDAD DE JESÚS

 

II - NOVENA DE NAVIDAD

 "EL SEÑOR ESTÁ CERCA DE QUIEN LE BUSCA" (Salmo 34)

I -   LA NOVENA DE NAVIDAD
II -  EL SEÑOR ESTÁ CERCA DE QUIEN LE BUSCA
III - DIOS, EL SEÑOR, LLEGA CON PODER 
IV - DIOS CAMINA CON NOSOTROS
V -  SOLO DIOS ES LA RESPUESTA
VI - PREPAREMOS NUESTRO CORAZÓN PARA ACOGER A CRISTO
VII - PREPARÉMONOS CON ALEGRÍA AL MISTERIO DEL NACIMIENTO 
VIII  NAVIDAD, FIESTA DEL AMOR DIVINO
IX-   CRISTO CON SU NACIMIENTO NOS INTRODUCE EN LA DIMENSIÓN DE SU PROPIA DIVINIDAD

 

III - NAVIDAD FIESTA DEL AMOR DIVINO

EL NACIMIENTO DE CRISTO ES EL ACONTECIMIENTO CENTRAL DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

- HUMILDAD, SILENCIO, ESTUPOR Y ALEGRÍA ANTE LA NAVIDAD
- HA NACIDO EL MESÍAS ANUNCIADO POR LOS PROFETAS
- MEDITAR LOS ACONTECIMIENTOS ADMIRABLES Y MISTERIOSOS DE LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
- EL NACIMIENTO DE CRISTO ES EL ACONTECIMIENTO CENTRAL DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

 

Le invitamos a descargar a su computadora el libro digital desde la siguiente dirección de nuestro sitio Virgo Fidelis

http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=27

Pidamos a María, que acogió al Verbo de Dios en su seno virginal y lo estrechó entre sus brazos maternales, nos ayude a vivir con un compromiso más intenso este último tramo del itinerario litúrgico de Adviento. Le invitamos a dirigirle a Ella las siguientes alabanzas :

1.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro purísimo seno, en que por nueve meses hizo su morada el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
2.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros pechos virginales que alimentaron al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
3.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro maternal regazo en que reposó y durmió dulcemente el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
4.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros santísimos brazos, que llevaron, abrazaron y tiernamente estrecharon al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
5.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditas vuestras hermosísimas manos, que acariciaron y cuidadosamente sirvieron al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
6.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros ojos virginales que con tanto deleite se recrearon contemplando el rostro del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
7.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros oídos castísimos, que con tanta frecuencia oyeron el dulce nombre de Madre de la boca del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
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Marisa y Eduardo Vinante 

Editores de "El Camino de María".  

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CATEQUESIS DEL PAPA JUAN PABLO II

 EL SEÑOR ESTÁ CERCA DE QUIEN LE BUSCA

Homilía  durante la Misa de universitarios romanos, 15 de diciembre de 1998

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TÚ ERES CRISTO, EL HIJO DEL DIOS VIVO! 

 Apertura del Gran Jubileo del Año 2000 -  24 de diciembre de 1999

 EL SEÑOR ESTÁ CERCA DE QUIEN LO BUSCA

 

Queridos hermanos y hermanas:

. «El Señor está cerca de quien lo busca».

Las palabras del Salmo responsorial nos recuerdan el sentido del Adviento y subrayan la actitud que debemos tomar para vivir plenamente este tiempo litúrgico. El anuncio resulta particularmente significativo para aquellos a quienes la fe y el compromiso profesional impulsan a hacer de la búsqueda una dimensión importante de su vida.

2. Nuestro encuentro se sitúa en el tiempo litúrgico del Adviento, que brinda mensajes sugestivos y profundos. Ante el Señor ya cercano -«Dominus prope!» (Flp 4, 5)- y el Rey al que debemos adoración -«Regem venturum Dominum, venite adoremus» (Breviario romano)-, tenemos que dejarnos interpelar por las grandes cuestiones de la vida. Se trata de interrogantes siempre actuales, que atañen al origen y al fin del hombre. Son preguntas que ya se planteó el concilio Vaticano II en la constitución Gaudium et spes. Esos interrogantes nos acompañan constantemente; más aun, podríamos decir que existen juntamente con nosotros. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Cuál es el sentido de mi existencia y de ser una criatura humana? ¿Por qué siento esta perenne «inquietud», como solía llamarla san Agustín? ¿Por qué razones debo responder constantemente a las exigencias de la moral, distinguir el bien del mal, hacer el bien y evitar y vencer el mal? Nadie puede dejar de plantearse estas preguntas. La sagrada Escritura, comenzando por el libro del Génesis, les da respuestas exhaustivas. Y esas respuestas constituyen, de algún modo, el contenido del Adviento de la Iglesia, que actualiza el pasado y nos proyecta al futuro.

«El Señor está cerca de quien lo busca», dice la liturgia de hoy, abriéndonos magníficas perspectivas. En efecto, «cerca» y «lejos» son categorías relacionadas con la distancia mensurable en el espacio, con la distancia mensurable en horas, años, siglos y milenios. Sin embargo, el tiempo del Adviento nos invita a considerar sobre todo la dimensión espiritual y profunda de esa distancia, es decir, su referencia a Dios. ¿Qué es y cómo podemos percibir la cercanía o la lejanía de Dios? ¿No es en el «corazón inquieto» del hombre donde se percibe de modo sensible y adecuado la dimensión espiritual de la distancia y de la cercanía de Dios?

3. El hombre es visibilidad y misterio, cercanía y lejanía de Dios, frágil posesión y búsqueda continua. Sólo captando estas coordenadas íntimas del ser humano podemos comprender el Adviento como tiempo de espera del Mesías.

¿Quién es el Mesías, Redentor del mundo? ¿Por qué y en qué consiste su venida? Una vez más, para adentrarnos en este camino, debemos tomar como punto de referencia el libro del Génesis. Nos revela que el pecado y su entrada en la historia es la causa de la distancia entre el hombre y Dios, cuyo símbolo elocuente es la expulsión de nuestros primeros padres del paraíso terrenal.

Dios mismo, a continuación, manifiesta que el alejamiento del hombre a causa del pecado no es irrevocable. Más aún, exhorta a la humanidad a esperar al Mesías, que vendrá con la fuerza del Espíritu Santo, para enfrentarse al mal o, mejor, al príncipe de la mentira. El libro del Génesis anuncia expresamente que es el Hijo de la mujer, e invita a esperarlo y a prepararse para acogerlo dignamente. Los libros sucesivos del Antiguo Testamento, precisando y ampliando este anuncio, hablan del Mesías que nacerá en Israel, el pueblo elegido por Dios entre todas las naciones.

A medida que se acerca la «plenitud de los tiempos» (Ga 4, 4), la espera se va cumpliendo y se comprende cada vez mejor su sentido y su valor. Con Juan el Bautista, esa espera se convierte en una pregunta concreta, la que los discípulos del Precursor hacen a Cristo: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» (Lc 7, 19). Esta misma pregunta se la hicieron otras muchas veces; sabemos que la respuesta de Cristo fue la causa de su crucifixión y de su muerte, pero podemos decir que esa respuesta fue indirectamente la causa de su resurrección, de la manifestación plena de su mesianidad. Eso es lo que se llama historia de la salvación. De este modo admirable, se cumplió la promesa hecha a la humanidad después del pecado original.

4. Amadísimos hermanos y hermanas, el tiempo de Adviento se nos da para que podamos hacer nuestro una vez más el contenido de esa pregunta: ¿Eres tú el Mesías?, ¿eres tú el Hijo de Dios? No se trata simplemente de imitar a los discípulos de Juan el Bautista, o de proponer de nuevo el pasado; al contrario, es preciso vivir intensamente los interrogantes y las esperanzas de nuestros días.

La experiencia diaria y los acontecimientos de cada época muestran que la humanidad y cada persona están en continua espera de esa respuesta de Cristo, que avanza en la historia, viene a nuestro encuentro como el cumplimiento esperado de los eventos humanos. Sólo en él, colmado el horizonte caduco del tiempo y de las realidades terrenas, a veces maravillosas y atrayentes, encontraremos la respuesta definitiva a la pregunta sobre la venida del Mesías que hace vibrar el corazón humano.

Queridos hermanos y hermanas, también para vosotros la espera de Cristo debe traducirse en búsqueda diaria de la verdad que ilumina los senderos de la vida en todas sus expresiones. Además la verdad impulsa a la caridad, testimonio auténtico que transforma la existencia de la persona y las estructuras de la sociedad.

La revelación bíblica pone de relieve el vínculo profundo e intrínseco que existe entre la verdad y la caridad, cuando exhorta a «hacer la verdad en la caridad...» (Ef 4, 15); y, sobre todo, cuando Jesús, el revelador del Padre, afirma: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6).

La cima del conocimiento de Dios se alcanza en el amor: en el amor que ilumina y transforma con la verdad de Cristo el corazón del hombre. El hombre necesita amor, necesita verdad, para no dilapidar el frágil tesoro de la libertad.

5. «Regem venturam, Dominum, venite adoremus!».

El tiempo de Adviento, y especialmente la Novena de Navidad, nos estimula a dirigir nuestra mirada al Señor que viene. Precisamente la certeza de su vuelta gloriosa da sentido a nuestra espera y a nuestro trabajo diario. Al contemplar a Jesús con la actitud interior de María, Virgen de la escucha, se fortifica nuestro compromiso, a veces arduo y fatigoso, y se vuelve fecunda nuestra búsqueda activa. El Señor está cerca de quien lo busca, nos repite la liturgia durante estos días. Dirijamos a él nuestra mirada e invoquémoslo:  ¡Ven, Señor Jesús!  ¡Ven, Redentor del hombre! ¡Ven a salvarnos! El Señor está cerca de quien lo busca.  Venid y adorémoslo. Amén.

    

    TÚ ERES CRISTO, EL HIJO DEL DIOS VIVO! 

 

 ¡Tu eres Cristo, el Hijo del Dios vivo!

¡Tú, Cristo, eres el Hijo unigénito del Dios vivo, venido en la gruta de Belén! Después de dos mil años vivimos de nuevo este misterio como un acontecimiento único e irrepetible. Entre tantos hijos de hombres, entre tantos niños venidos al mundo durante estos siglos, sólo Tú eres el Hijo de Dios: tu nacimiento ha cambiado, de modo inefable, el curso de los acontecimiento humanos.

¡Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo! En el umbral del tercer milenio, la Iglesia te saluda, Hijo de Dios, que viniste al mundo para vencer a la muerte. Viniste para iluminar la vida humana mediante el Evangelio. La Iglesia te saluda y junto contigo quiere entrar en el tercer milenio. Tú eres nuestra esperanza. Sólo Tú tienes palabras de vida eterna.

Tú, que viniste al mundo en la noche de Belén, ¡quédate con nosotros!

Tú, que eres el Camino, la Verdad y la Vida, ¡guíanos!

Tú, que viniste del Padre, llévanos hacia Él en el Espíritu Santo, por el camino que sólo Tú conoces y que nos revelaste para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia.

Tú, Cristo, Hijo del Dios vivo, ¡sé para nosotros la Puerta!

Sé para nosotros la Puerta que nos introduce en el misterio del Padre. ¡Haz que nadie quede excluido de su abrazo de misericordia y de paz!

María, aurora de los nuevos tiempos, quédate junto a nosotros, mientras con confianza recorremos los primeros pasos del Año Jubilar. Amén.

(Juan Pablo II . Apertura del Gran Jubileo del Año 2000 -  24 de diciembre de 1999)

 

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