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Edición nro. 106
Oh Virgen fiel,
que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"



SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

La fiesta de Cristo
Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.
Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo
sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la
importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el
alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con
su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y
universal, es decir, para siempre y para todos los hombres. Con la
fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un
sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el
universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo
presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil
años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres
hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en
la Parusía.En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede
empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se
lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra
vida.
EN
LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico
que me proporciona.
Me
arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y
su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.
Si
estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo
me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
En
la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me
consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Cuando
voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le
pido favores, me protege.
Si
soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la
eterna corona.
Que
buena es María, que dulce y hermosa es!
Nuestra
Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !





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"A quien Dios quiere hacer muy
santo, lo hace muy
devoto de la Virgen María".
San Luis María Grignon de
Monfort
Saludo a la
Bienaventurada Virgen María
Salve,
Señora, santa Reina,
Santa Madre de Dios, María,
que eres Virgen hecha Iglesia,
y elegida por el Santísimo Padre del Cielo,
que te consagró con su Santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la que estuvo y está
toda la plenitud de la gracia y todo bien.
Salve, palacio suyo;
Salve, tabernáculo suyo;
Salve, casa suya.
Salve, vestidura suya;
Salve, esclava suya;
Salve, Madre suya;
y vosotras todas, santas virtudes,
que por la gracia e iluminación del Espíritu Santo
sois infundidas en los corazones de los fieles,
para que de los infieles hagáis fieles a Dios.
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
El próximo domingo
celebraremos la
Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. En el curso de los
meses le hemos contemplado en todos sus misterios, desde su
Nacimiento hasta la Ascensión al Cielo, poniendo en el centro la
Pascua de su Muerte y Resurrección. Por ello en esta edición de
El Camino de María, hacemos un paréntesis en la Catequesis
sobre el Espíritu Santo Prometido, para incluir una Homilía
de Juan Pablo II
en la
Solemnidad de Cristo, Rey del Universo,
durante la celebración del
Jubileo del Apostolado de los Laicos, el
26 de noviembre del
2000.
Como esta Solemnidad está enclavada
en el Mes de María que se inició el 8 de noviembre en los países del Hemisferio Sur,
creemos conveniente que en esta edición también contemplemos
a MARIA REINA DEL UNIVERSO.
Con respecto al
mes consagrado a María, le recordamos que hemos diseñado un Libro
Digital con meditaciones extraídas de la Catequesis del Papa Juan
Pablo II, cuyo lema es:
"PEREGRINANDO
EN LA FE CON MARÍA". En la selección de las Meditaciones
para el Mes de María, hemos seguido la recomendación de la
Iglesia que nos invita a reflexionar en los principales misterios
de la vida de María. Un reflexionar que implique hacer un esfuerzo
con la mente, la imaginación y el corazón, para profundizar en las
virtudes que la Virgen vivió a lo largo de su vida. Le invitamos a descargar a su computadora el libro digital desde
la siguiente dirección de nuestro sitio
Virgo Fidelis
http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=24
Junto a Jesús, Rey del universo, contemplemos a María, la Madre
del Rey, que por ello invocamos como Reina del Cielo y de la
Tierra. Pidamos a Ella que nos ayude a hacer de nuestra vida un canto
de alabanza y de fidelidad a Dios, Santo y Misericordioso.
Consagración de la humanidad para
el día de Cristo Rey por el Papa Pío XI
Dulcísimo Jesús, Redentor
del género humano! Miradnos humildemente
postrados; vuestros somos y vuestros queremos ser,
y a fin de vivir más estrechamente unidos con vos,
todos y cada uno espontáneamente nos consagramos
en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos,
por desgracia, jamás, os han conocido; muchos,
despreciando vuestros mandamientos, os han
desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadeceos de
los unos y de los otros, y atraedlos a todos a
vuestro Corazón Santísimo.
¡Oh
Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que
jamás se han alejado de Vos, sino también de los
pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan
pronto a la casa paterna, que no perezcan de hambre
y miseria.
Sed Rey
de aquellos que, por seducción del error o por
espíritu de discordia, viven separados de Vos;
devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de
la fe para que en breve se forme un solo rebaño bajo
un solo Pastor.
Sed Rey
de los que permanecen todavía envueltos en las
tinieblas de la idolatría; dignaos atraerlos a todos
a la luz de vuestro reino.
Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura
a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la
tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro
confín de la tierra no resuene sino ésta voz:
¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra
salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria
por los siglos de los siglos. Amén
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Marisa
y Eduardo Vinante
Editores
de "El Camino de María".
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