EL CAMINO DE MARÍA

Edición nro. 105

   Oh Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz que también nosotros, en medio de las  dramáticas vicisitudes de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.

 

La versión digitalizada y compilada de esta Newsletter la puede descargar de la Biblioteca Digital "Virgo Fidelis"

 

La versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca Digital "Mater Dei"

 

EN LA ESCUELA DE MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA

María es mi Madre!


Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico que me proporciona.

Ella es mi Madre!

Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y su palabra me instruye. La miro y su belleza me alumbra.

Ella es mi Madre!

Si estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende. Si enfermo me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.

Ella es mi Madre!

 En la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.

Ella es mi Madre!

Cuando voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.Cuando le pido favores, me protege.

Ella es mi Madre!

Si soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la eterna corona.

Ella es mi Madre!

Que buena es María, que dulce y hermosa es!

Ella es mi Madre!

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros
!

 

 

 

 

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¡TOTUS TUUS!

"Hay que realizar las propias acciones con María, es decir, mirar a María como el modelo acabado de toda virtud y perfección, formado por el Espíritu Santo.  Es, pues, necesario que en cada acción mires como la hizo o haría la Santísima Virgen, si estuviera en tu lugar.

Para esto debes examinar y meditar las grandes virtudes que Ella practicó durante toda su vida, y particularmente:

Su fe viva, por lo cual creyó sin vacilar la palabra del ángel y siguió creyendo fiel y constantemente hasta el pie de la cruz en el Calvario.

Su humildad profunda, que la llevó siempre a ocultarse, callarse, someterse en todo y colocarse en el último lugar.

Su pureza totalmente divina, que no ha tenido ni tendrá jamás igual sobre la tierra. Y finalmente todas sus demás virtudes.

Recuerda te lo repito que María es el grandioso y único modelo de Dios, apto para hacer imágenes vivas de Dios, a poco costo y en poco tiempo. Quien halla este molde y se pierde en él, muy pronto se transformará en Jesucristo, a quien este molde representa al natural.  (San Luis María Grigñion de Montfort. Tratado de la Verdadera Devoción, 260)

Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María"

Con  párrafos escritos por San Luis María Grigñión de Montfort iniciamos esta edición de El Camino de María, que hasta el 8 de diciembre, tiene como lema especial "Peregrinando en la Fe con María".

El 8 de noviembre se inició en los países del Hemisferio Sur el mes consagrado a María, que culmina el 8 de diciembre con la celebración de la Fiesta de la Inmaculada Concepción del María. La piedad popular ha visto en este mes una estupenda ocasión para multiplicar las iniciativas de piedad mariana. Por ello,  hemos diseñado un Libro Digital  con meditaciones extraídas de la Catequesis del Papa Juan Pablo II, cuyo lema es:  "PEREGRINANDO EN LA FE CON MARÍA" . En la selección de las meditaciones para el Mes de María, hemos seguido la recomendación de la Iglesia  que nos invita a reflexionar en los principales misterios de la vida de María. Un reflexionar que implique hacer un esfuerzo con la mente, la imaginación y el corazón, para profundizar en las virtudes que la Virgen vivió a lo largo de su vida. 

Le invitamos a descargar a su computadora el libro digital desde la siguiente dirección de nuestro sitio VirgoFidelis

http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=24

Pidamos la bendición y protección de María, Peregrina en la Fe y Estrella del Tercer Milenio, con la Oración introductoria del Mes de María, el "Acordáos".

 

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén.

Marisa y Eduardo Vinante 

Editores de "El Camino de María".  

CATEQUESIS DEL PAPA JUAN PABLO II

EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA (II)

Audiencia General del miércoles 2 de mayo  de 1990

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LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y MARÍA

ESPIRITUALIDAD TRINITARIA EN COMUNIÓN CON MARÍA

Mensaje del Santo Padre. VIII Coloquio internacional de Mariología (13-octubre- 2000)

 EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA (II)

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. La revelación del Espíritu Santo en la Anunciación está unida al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y de la maternidad divina de María. Vemos así que, en el Evangelio de San Lucas, el Ángel dice a la Virgen: 'El Espíritu Santo vendrá sobre ti' (Lc 1, 35). Es también la acción del Espíritu Santo lo que suscita en Ella la respuesta, en la que se manifiesta un acto consciente de la libertad humana: 'Hágase en mi según tu palabra' (Lc 1, 38). Por eso, en la Anunciación se encuentra el perfecto 'modelo' de lo que es la relación personal Dios-Hombre.
 
Ya en el Antiguo Testamento esta relación presenta una característica particular. Nace en el terreno de la Alianza de Dios con el pueblo elegido (Israel). Y esta alianza en los textos proféticos se expresa con un simbolismo nupcial: es presentada como un vinculo nupcial entre Dios y la humanidad. Es preciso recordar este hecho para comprender en su profundidad y belleza la realidad de la Encarnación del Hijo como una particular plenitud de la acción del Espíritu Santo.
 
2. Según el profeta Jeremías, Dios dice a su pueblo: 'Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti. Volveré a edificarte y serás reedificada, virgen de Israel' (Jer 31, 3-4). Desde el punto de vista histórico, hay que colocar este texto en relación con la derrota de Israel y la deportación siria, que humilla al pueblo elegido, hasta el grado de creerse abandonado por su Dios. Pero Dios lo anima, hablándole como padre o esposo a una joven amada. La analogía esponsal se hace aún más clara y explícita en las palabras del segundo Isaías, dirigidas, durante el tiempo del exilio en Babilonia, a Jerusalén como a una esposa que no se mantenía fiel al Dios de la Alianza: 'Porque tu esposo es tu Hacedor, Yahvéh Sebaot es su nombre... Como a mujer abandonada y de contristado espíritu te llamó Yahvéh; y la mujer de la juventud ¿es repudiada? .dice tu Dios..Por un breve instante te abandoné, pero con gran compasión te recogeré. En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he compadecido .dice Yahvéh tu Redentor' (Is 54, 5.8).
 
3. En los textos citados se subraya que el amor nupcial del Dios de la Alianza es 'eterno'. Frente al pecado de la esposa, frente a la infidelidad del pueblo elegido, Dios permite que se abatan sobre él experiencias dolorosas, pero a pesar de ello le asegura, mediante los profetas, que su amor no cesa. Dios supera el mal del pecado, para dar de nuevo. El profeta Oseas declara con un lenguaje aún más explícito: 'Yo te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión, te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvéh' (Os 2, 21.22).
 
4. Estos textos extraordinarios de los profetas del Antiguo Testamento alcanzan su verdadero cumplimiento en el misterio de la Encarnación. El amor nupcial de Dios hacia Israel, pero también hacia todo hombre, se realiza en la Encarnación de una manera que supera la medida de las expectativas del hombre. Lo descubrimos en la página de la Anunciación, donde la Nueva Alianza se nos presenta como Alianza nupcial de Dios con el hombre, de la Divinidad con la humanidad. En ese cuadro de alianza nupcial, la Virgen de Nazaret, María, es por excelencia la 'virgen de Israel' de la profecía de Jeremías. Sobre Ella se concentra perfecta y definitivamente el amor nupcial de Dios, anunciado por los profetas. Ella es también la Virgen-Esposa a la que se concede concebir y dar a luz al Hijo de Dios: fruto particular del amor nupcial de Dios hacia la humanidad, representada y casi comprendida en María.
 
5. El Espíritu Santo, que desciende sobre María en la Anunciación, es quien, en la relación trinitaria, expresa en su Persona el Amor nupcial de Dios, el Amor 'eterno' . En aquel momento Dios Espíritu Santo es, de modo particular, el Dios-Esposo. En el misterio de la Encarnación, en la concepción humana del Hijo de Dios, el Espíritu Santo conserva la trascendencia divina. El texto de Lucas lo expresa de una manera precisa. La naturaleza nupcial del amor de Dios tiene un carácter completamente espiritual y sobrenatural. Lo que dirá Juan a propósito de los creyentes en Cristo vale mucho más para el Hijo de Dios, que no fue concebido en el seno de la Virgen 'ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios' (Jn 1, 13). Pero sobre todo expresa la suprema unión del amor, realizada entre Dios y un ser humano por obra del Espíritu Santo.
 
6. En este esponsalicio divino con la humanidad María responde al anuncio del Ángel con el amor de una esposa, capaz de responder y adaptarse de modo perfecto a la elección divina. Por todo ello, desde el tiempo de San Francisco de Asís, la Iglesia llama a la Virgen 'Esposa del Espíritu Santo'. Sólo este perfecto amor nupcial, profundamente enraizado en su completa donación virginal a Dios, podía hacer que María llegase a ser 'Madre de Dios' de modo consciente y digno, en el misterio de la Encarnación.
 
En la Encíclica Redemptoris Mater, escribí: 'El Espíritu Santo ya ha descendido a Ella, que se ha convertido en su esposa fiel en la a Anunciación acogiendo al Verbo de Dios verdadero prestando el homenaje del entendimiento y de la voluntad, y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por Él, más aún, abandonándose plenamente en Dios por medio de la obediencia de la fe , por la que respondió al Ángel: He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra ' (n. 26).
 
María, con este acto y gesto, totalmente diverso del de Eva, se convierte, en la historia espiritual de la humanidad, en la nueva Esposa, la nueva Eva, la Madre de los vivientes, como dirán con frecuencia los Doctores y Padres de la Iglesia. Ella será el tipo y el modelo, en la Nueva Alianza, de la unión nupcial del Espíritu Santo con los individuos y con toda la comunidad humana, mucho más allá del ámbito del antiguo Israel: todos los individuos y todos los pueblos estarán llamados a recibir el don y a beneficiarse de él en la nueva comunidad de los creyentes que han recibido 'poder de hacerse hijos de Dios' (Jn 1, 12) y en el bautismo han renacido 'del Espíritu' (Jn 3, 3) entrando a formar parte de la familia de Dios.
 
    

   LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y MARÍA

 
 
 

"San Luis María Grignion de Montfort constituye para mí una significativa figura de referencia, que me ha iluminado en momentos importantes de la vida. Cuando trabajaba en la fábrica Solvay de Cracovia siendo seminarista clandestino, mi director espiritual me aconsejó meditar en el "Tratado de la verdadera devoción a la santísima Virgen". Leí y releí muchas veces y con gran provecho espiritual este valioso librito de ascética, cuya portada azul se había manchado con soda cáustica". (Juan Pablo  II)

 

1. Me alegra acogeros hoy, con ocasión del VIII Coloquio internacional de mariología sobre el tema: "San Luis María Grignion de Montfort: espiritualidad trinitaria en comunión con María".

Este encuentro nos trae a la memoria el que tuvo lugar en 1706 aquí en Roma entre mi venerado predecesor Clemente XI y el misionero bretón Grignion de Montfort, que vino a pedir al Sucesor de Pedro luz y fortaleza para el camino apostólico que había emprendido. Pienso también con gratitud en la peregrinación que la Providencia me concedió realizar a la tumba de este gran santo en Saint-Laurent-sur-Sèvre, el 19 de septiembre de 1996.

San Luis María Grignion de Montfort constituye para mí una significativa figura de referencia, que me ha iluminado en momentos importantes de la vida. Cuando trabajaba en la fábrica Solvay de Cracovia siendo seminarista clandestino, mi director espiritual me aconsejó meditar en el "Tratado de la verdadera devoción a la santísima Virgen". Leí y releí muchas veces y con gran provecho espiritual este valioso librito de ascética, cuya portada azul se había manchado con soda cáustica.

Al poner a la Madre de Cristo en relación con el misterio trinitario, Montfort me ayudó a comprender que la Virgen pertenece al plan de la salvación por voluntad del Padre, como Madre del Verbo encarnado, que concibió por obra del Espíritu Santo. Toda intervención de María en la obra de regeneración de los fieles no está en competición con Cristo, sino que deriva de él y está a su servicio. La acción que María realiza en el plan de la salvación es siempre Cristocéntrica, es decir, hace directamente referencia a una mediación que se lleva a cabo en Cristo. Comprendí entonces que no podía excluir a la Madre del Señor de mi vida sin dejar de cumplir la voluntad de Dios trino, que quiso "comenzar a realizar" los grandes misterios de la historia de la salvación con la colaboración responsable y fiel de la humilde Esclava de Nazaret.

2. San Luis María no propone una teología sin influencia alguna en la vida concreta y tampoco un cristianismo "por encargo", sin asumir personalmente los compromisos que derivan del bautismo. Al contrario, invita a una espiritualidad vivida con intensidad; estimula a entregarse, con una decisión libre y consciente, a Cristo y, por medio de él, al Espíritu Santo y al Padre. Desde esta perspectiva se comprende cómo la referencia a María perfecciona la renovación de las promesas bautismales, puesto que María es precisamente la criatura "más semejante a Cristo" (Tratado de la verdadera devoción a la santísima Virgen, 121).

Sí, toda la espiritualidad Cristocéntrica y Mariana que enseña Montfort deriva de la Trinidad y lleva a ella. A este respecto, impresiona su insistencia en la acción de las tres Personas divinas en relación con María. Dios Padre "dio a su Hijo único al mundo sólo por medio de María" y "quiere tener hijos por medio de María hasta el fin del mundo" (ib., 16 y 29). Dios Hijo "se hizo hombre por nuestra salvación, pero en María y por medio de María" y "quiere formarse y, por decirlo así, encarnarse día a día, por medio de su amada madre, en sus miembros" (ib., 16 y 31). Dios Espíritu Santo "comunicó a María, su Esposa fiel, sus dones inefables" y "quiere formarse, en ella y por medio de ella, a elegidos" (cf. ib., 25 y 34).

3. María aparece, por tanto, como espacio de amor y de acción de las Personas de la Trinidad, y Montfort la presenta en una perspectiva relacional: "María es totalmente relativa a Dios, y yo la llamaría muy bien la relación con Dios, la que sólo existe en relación con Dios" (ib., 225). Por esta razón la Toda Santa lleva hacia la Trinidad. Repitiéndole a diario Totus Ttuus y viviendo en sintonía con Ella, se puede llegar a la experiencia del Padre mediante la confianza y el amor sin límites (cf. ib., 169 y 215), a la docilidad al Espíritu Santo (cf. ib., 258) y a la transformación de sí según la imagen de Cristo (cf. ib., 218-221).

En la visión de Grignion de Montfort la fe trinitaria impregna totalmente las oraciones dirigidas a María: "Te saludo, María, Hija amabilísima del Padre eterno, Madre admirable del Hijo, Esposa fidelísima del Espíritu Santo, templo augusto de la santísima Trinidad" (Métodos para rezar el rosario, 15). De igual modo, en la Oración ardiente, dirigida a las tres Personas divinas y proyectada hacia los últimos tiempos de la Iglesia, se contempla a María como la montaña de Dios (n. 25), ambiente de santidad que eleva hacia Dios y transforma en Cristo.

Ojalá que todo cristiano haga suya la doxología que Montfort pone en los labios de María en el Magníficat: "Adoremos y bendigamos a nuestro único y verdadero Dios. Que resuene el universo y se cante por doquier: Gloria al Padre eterno, gloria al Verbo adorable. La misma gloria al Espíritu Santo, que con su amor los une en un vínculo inefable" (Cántico, 85, 6).

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