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Edición nro. 100
Oh Virgen
fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!: Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.
La
versión on-line de esta Newsletter la puede leer en la Hemeroteca
Digital "Mater Dei"













LAS QUINCE
PROMESAS
DE LA VIRGEN MARÍA
A QUIENES RECEN EL SANTO ROSARIO (*)
1.-
El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier
gracia que me pida.
2.-
Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que
devotamente recen mi Rosario.
3.-
El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno,
destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
4.-
El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos
obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los
hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las
cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se
santificarán!.
5.-
El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.
6.-
El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se
verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se
convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y
en todo caso será admitido a la vida eterna.
7.-
Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la
Iglesia.
8.-
Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la
luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de
los bienaventurados.
9.-
Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.
10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria
singular.
11.-
Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará
prontamente.
12.-
Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13.-
Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la
muerte a los bienaventurados del cielo.
14.-
Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de
mi Unigénito Jesús.
15.-
La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación
a la gloria.
(*)
La tradición atribuye al beato Alan de la Roche (1428 aprox. - 1475) de
la orden de los dominicos el origen de estas promesas hechas por la
virgen María. Es mérito suyo el haber restablecido la devoción al
santo rosario enseñada por Santo Domingo apenas un siglo antes y
olvidada tras su muerte.
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Al
rezar el Rosario, penetramos en los misterios de la
vida de Jesús, que son, a la vez, los misterios de
su Madre.
Esto se
advierte muy claramente en los misterios gozosos,
comenzando por la anunciación, pasando por la
visitación y el nacimiento en la noche de Belén, y
luego por la presentación del Señor, hasta su
encuentro en el templo, cuando Jesús tenía ya 12 años.
Aunque
pueda parecer que los misterios dolorosos no nos
muestran directamente a la Madre de Jesús -con
excepción de los dos últimos: el vía crucis y la
crucifixión-, sin embargo, ¿podemos pensar que
estuviese espiritualmente ausente la Madre, cuando
su Hijo sufría de modo tan terrible en Getsemaní,
en la flagelación y en la coronación de espinas?
Y
los misterios gloriosos son también misterios de
Cristo, en los que encontramos la presencia
espiritual de María, el primero entre todos el
misterio de la resurrección. Al hablar de la Ascensión,
la Sagrada Escritura no menciona la presencia de María,
pero, ¿pudo no estar ella presente,
si inmediatamente después leemos que se hallaba en
el cenáculo con los mismos Apóstoles, que habían
despedido poco antes a Cristo que subía al cielo?
Con ellos se prepara María a la venida del Espíritu
Santo y participa en la misma el día de Pentecostés.
Los dos últimos misterios gloriosos orientan
nuestro pensamiento directamente a la Madre de Dios,
cuando contemplamos su Asunción y Coronación en la
gloria celeste.
El Rosario es una oración que se
refiere a María unida a Cristo en su misión
salvífica.
Al mismo
tiempo el Rosario es una oración a
María,
nuestra mejor Mediadora ante el Hijo.
También
el
Rosario es una oración que de modo
especial rezamos con María, lo mismo que oraban
juntos con Ella los Apóstoles en el Cenáculo,
preparándose para recibir el Espíritu Santo. (Juan
Pablo II, 28 de octubre de 1981)
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Estimado/a
Suscriptor/a de "El Camino de María"
Con
la imagen de la Nuestra Señora del Rosario (*) que se venera
en Pompeya, presentamos la Edición N.100 de
"El Camino de María", Newsletter Semanal
con Textos
para hacer oración con la Madre del Redentor, extraídos de
la Catequesis del Santo Padre.
Todas
las ediciones del mes de octubre de El Camino de María
estarán dedicadas a contemplar el Santo Rosario. Recordemos,
con palabras del Papa, que "...El Rosario ofrece el 'secreto'
para abrirse más fácilmente a un conocimiento profundo y
comprometido de Cristo. Podríamos llamarlo El Camino de
María...." . Los temas de esta edición son:
1 - El
Rosario, aunque se distingue por su carácter Mariano, es una oración
centrada en la Cristología.
(Rosarium
Virginis Mariae)
2
- La Virgen del Rosario (Rosarium
Virginis Mariae)
3 -
Los Misterios de Gozo (Rosarium
Virginis Mariae)
4 -
Los Misterios de Luz (Rosarium
Virginis Mariae)
5 - Los Misterios de Dolor (Rosarium
Virginis Mariae)
6 - Los Misterios de Gloria (Rosarium
Virginis Mariae)
Pidamos
a Nuestra Señora del Rosario, que nos enseñe a ser dóciles a la
voz del Espíritu Santo, atentos a sus llamados en la
intimidad de la conciencia y a sus manifestaciones en los
acontecimientos de la historia, como lo fue Ella.
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DIOS
TE SALVE, MARÍA
Bendita
Tú eres...!
Porque
creíste en la Palabra del Señor,
Porque esperaste en sus promesas,
Porque fuiste perfecta en el amor.
Por tu caridad premurosa con Isabel,
Por tu bondad materna en Belén,
Por tu fortaleza en la persecución,
Por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el
templo,
Por tu vida sencilla en Nazaret,
Por tu intercesión en Cana,
Por tu presencia maternal junto a la cruz,
Por tu fidelidad en la espera de la Resurrección,
Por tu oración asidua en Pentecostés.
Por la gloria de tu Asunción a los cielos,
Por tu maternal protección sobre la Iglesia,
Por tu constante intercesión por toda la humanidad.
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Marisa
y Eduardo Vinante
Editores
de "El Camino de María".
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(*) La Iglesia celebra a la Virgen bajo esta advocación el 7 de
octubre. Su fiesta fue instituida por San Pío V en
agradecimiento a la Virgen por su ayuda en la victoria sobre los
turcos en Lepanto. En 1716 Clemente XI extendió esta fiesta a
toda la Iglesia. León XIII acrecentó su importancia con la
publicación de 9 encíclicas dedicadas al Rosario.
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