En la meditación en torno a los Misterios Dolorosos de Cristo, contemplamos a María como Madre de Misericordia.

"María es la que conoce más a fondo el misterio de la Misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la Misericordia" ( Juan Pablo II. Encíclica Dives in Misericordia. Nº 9. 30 de noviembre de 1980).

Reflexionando sobre los misterios dolorosos, Juan Pablo II escribe: "A través de ellos contemplamos, en Cristo, todos los dolores del hombre: en Él, angustiado, traicionado, abandonado, capturado aprisionado; en Él, injustamente procesado y sometido a la flagelación; en Él, mal entendido y escarnecido su misión; en Él, condenado con complicidad del poder político; en Él, conducido públicamente al suplicio y expuesto a la muerte más infamante: en Él, Varón de dolores profetizado por Isaías, queda resumido y santificado todo dolor humano."

"En el camino doloroso y en el Gólgota está la Madre, la primera Mártir. Y nosotros, con el Corazón de la Madre, a la cual desde la Cruz entregó en testamento a cada uno de los discípulos y a cada uno de los hombres, contemplamos conmovidos los padecimientos de Cristo, aprendiendo de Él la obediencia hasta la muerte, y muerte de cruz; aprendiendo de Ella a acoger a cada hombre como hermano, para estar con Ella junto a las innumerables cruces en las que el Señor de la gloria todavía está injustamente enclavado, no en su Cuerpo glorioso, sino en los miembros dolientes de su Cuerpo místico" (Ángelus. 30 de octubre de 1983).

"Los misterios de dolor llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora" (Carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariae". Nº 22. 26 de octubre de 2002).


TEXTO BÍBLICO. San Mateo 26, 36-40

Así llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní y les dijo: "Sentaos aquí mientras yo voy allá a orar". Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a entristecerse y angustiarse. Entonces les dice: "Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad Conmigo". Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: "Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como Yo quiero, sino como quieres Tú". Viene entonces a los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: "¿Con que no habéis podido velar una hora conmigo? "

REFLEXIÓN DE  JUAN PABLO II. María participa en la muerte de su Hijo a través de una fe iluminada.

"Por medio de la fe la Madre participa en la muerte del Hijo, en su muerte redentora; pero a diferencia de la de los discípulos que huían, la suya era una fe mucho más iluminada. Jesús en el Gólgota, a través de la Cruz, ha confirmado definitivamente ser el "signo de contradicción", predicho por Simeón. Al mismo tiempo, se han cumplido las palabras dirigidas por él a María: "¡Y a Ti misma una espada te atravesará el alma!". (Carta Encíclica Redemptoris Mater. Nº 18. 25 de marzo de 1987).

PETICIÓN DE  JUAN PABLO II

"Pido fervientemente a María, Salud de los enfermos, que siga otorgando su protección amorosa a los que se hallan heridos en el cuerpo y en el espíritu, e interceda por los que cuidan de ellos. Que Ella nos ayude a unir nuestros sufrimientos a los de su Hijo, mientras nos encaminamos con gozosa esperanza hacia la seguridad de la casa del Padre" (Mensaje en X Jornada Mundial del Enfermo. Vailankanny. India).

TEXTO BÍBLICO. San Mateo 27, 24-26

"Viendo Pilato que no conseguía nada, sino que el alboroto iba en aumento, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo dijo: "No me hago responsable de esta muerte; allá vosotros". Todo el pueblo respondió: "¡Nosotros y nuestros hijos nos hacemos responsables de esta muerte". Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, se lo entregó para que lo crucificaran."

REFLEXIÓN DE  JUAN PABLO II. María es quien conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina.

"María es la que conoce más a fondo el misterio de la Misericordia Divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la Misericordia: Virgen de la Misericordia o Madre de la Divina Misericordia. En cada uno de estos títulos se encierra un profundo significado teológico, porque expresan la preparación particular de su alma, de toda su personalidad, sabiendo ver primeramente a través de los complicados acontecimientos de Israel, y de la humanidad entera después, aquella Misericordia de la que "por todas las generaciones" nos hacemos partícipes según el eterno designio de la Santísima Trinidad" (Encíclica Dives in Misericordia. Nº 9. 30 de noviembre de 1980).

PETICIÓN DE  JUAN PABLO II

"A tu Amor de Madre confío a los enfermos, fatigados y desalentados: alivia su sufrimiento y dales capacidad de ofrecerlo en unión con Cristo. Haz que estemos siempre atentos a sus penas y necesidades"  (...)

"Te pido por las personas a quienes la sociedad margina y rechaza. Haz que seamos siempre fraternales con todos y ayúdanos a ver, en ellos, a los pobres en quienes tu Hijo se reconoce"

"Guía a los responsables políticos por los caminos de la justicia para todos. Ayuda a la comunidad humana a progresar solidariamente" 

"Madre de los fieles: ruega por nosotros, pobres pecadores. Enséñanos a vivir en amistad con Dios y en ayuda fraternal mutua. Enséñanos a caminar por las vías del Señor, fuertes en la fe y fortificados con la ayuda de tu Presencia"  (Plegaria y acto de consagración a la Virgen. Santuario de la Inmaculada Concepción. Canadá. 10 de septiembre de 1984).

TEXTO BÍBLICO. San Mateo 27, 27-30

"Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de Él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de Él, se burlaban diciendo: "Salve, rey de los judíos". Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza."

REFLEXIÓN DE  JUAN PABLO II. María, a través de su vida, vivió el "Evangelio del sufrimiento".

"Es ante todo consolador notar que al lado de Cristo está siempre su Madre Santísima, por el testimonio ejemplar que con su vida entera da al Evangelio del sufrimiento. Junto con los acontecimientos de la vida oculta y pública de su Hijo, indudablemente compartidos por Ella con aguda sensibilidad, fue en el Calvario donde su sufrimiento, junto al de Jesús, alcanzó un vértice difícilmente imaginable en su profundidad desde el punto de vista humano, pero ciertamente misterioso y sobrenaturalmente fecundo para los fines de la salvación universal. Su subida al Calvario y su "estar " a los pies de la Cruz junto con el discípulo amado, fueron una participación del todo especial en la muerte redentora del Hijo; y por otra parte, las palabras que pudo escuchar de sus labios fueron como una entrega solemne de este Evangelio que hay que anunciar a toda la comunidad de los creyentes" (Carta Apostólica Salvifici Doloris. Nº 25. 11 de febrero de 1984).

PETICIÓN DE  JUAN PABLO II

"Por los creyentes de todas las religiones, para que en el nombre de Dios Misericordioso y amante de la vida, rechacen con firmeza toda forma de violencia y se comprometan a resolver los conflictos con el diálogo sincero y paciente, respetando las diferentes experiencias históricas, culturales y religiosas" (Catequesis. Audiencia general de los miércoles. 11 de septiembre de 2002).

TEXTO BÍBLICO. San Juan 19, 17.

"Jesús, cargando sobre Sí la Cruz, salió de la ciudad para dirigirse a un lugar llamado calvario o de la calavera, que en hebreo se dice Gólgota.

REFLEXIÓN DE  JUAN PABLO II. María, a pesar de su sufrimiento, vuelve a pronunciar las palabras dichas al Ángel: "He aquí la esclava del Señor.

"Cuando en el camino hacia la Cruz, María encontró a su Hijo, quizás vinieron a su mente precisamente las palabras que había dicho el mensajero celestial: "Reinará... Su reino no tendrá fin". Ahora, al ver que su Hijo, condenado a muerte, lleva la Cruz en la que habría de morir, podría preguntarse, humanamente hablando: "¿Cómo se cumplirán aquellas palabras? ¿De qué modo reinará en la casa de David? ¿Cómo será que su reino no tendrá fin?". Son preguntas humanamente comprensibles. María, sin embargo, recuerda que tiempo atrás, al oír el anuncio del Ángel, había contestado: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Ahora ve que aquellas palabras se están cumpliendo como palabra de la Cruz. Porque es madre, María sufre profundamente. No obstante, responde también ahora como respondió entonces, en la Anunciación: "Hágase en mí según tu palabra". De este modo, maternalmente, abraza la Cruz junto con el divino Condenado. Así, en el camino hacia la Cruz, María se manifiesta como Madre del Redentor del mundo" (Vía Crucis. Viernes Santo 2000)

PETICIÓN DE  JUAN PABLO II

"Oh María, Tú que has recorrido el camino de la Cruz junto con tu Hijo, quebrantada por el dolor en tu Corazón de Madre, pero recordando siempre el fiat e íntimamente confiada en que Aquél para quien nada es imposible cumpliría sus promesas, suplica para nosotros y para los hombres de las generaciones futuras la gracia del abandono en el Amor de Dios. Haz que, ante el sufrimiento, el rechazo y la prueba, por dura y larga que sea, jamás dudemos de su Amor" (Vía Crucis. Viernes Santo 2000)

TEXTO BÍBLICO . San Juan 19, 25

"Junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre, con María, la hermana de su Madre, esposa de Cleofás, y María Magdalena."

REFLEXIÓN DE  JUAN PABLO II. A pesar del profundo dolor que experimentaba su corazón, María sabía que ese sufrimiento tenía un sentido.

"Aquella que estaba unida al Hijo de Dios por vínculos de sangre y de amor materno, allí, al pie de la Cruz, vivía esa unión en el sufrimiento. Ella sola, a pesar del dolor del Corazón de Madre, sabía que ese sufrimiento tenía un sentido. Tenía confianza en que se estaba cumpliendo la antigua promesa: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje"... Y su confianza fue confirmada cuando el Hijo agonizante se dirigió a ella: "¡Mujer!". En aquel momento, al pie de la Cruz, ¿podía esperar que tres días después la promesa de Dios se cumpliría? Esto será siempre un secreto de su Corazón. Sin embargo, sabemos una cosa: Ella, la primera entre todos los seres humanos, participó en la gloria del Hijo resucitado. Ella -como creemos y profesamos- , fue elevada al Cielo en cuerpo y alma para experimentar la unión en la gloria, para alegrarse junto al Hijo por los frutos de la Misericordia divina y obtenerlos para los que buscan refugio en ella" (Homilía en Santuario Kalwaria Zebrzydowska. Polonia. 19 de agosto de 2002).

"Alcánzanos la gracia de la fe, de la esperanza y de la caridad, para que también nosotros, como Tú, sepamos perseverar bajo la cruz hasta al último suspiro" (Juan Pablo II. Vía Crucis. Viernes Santo 2000)

TEXTO BÍBLICO. San Juan 19, 26-27

Jesús, viendo a su Madre y cerca de Ella, al discípulo a quien amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento la recibió en su casa."

REFLEXIÓN DE  JUAN PABLO II . Acoger a María en nuestra casa; aceptarla como Madre y Modelo.

"He aquí a tu Madre". El Papa os repite la palabra de Jesús. Acogedla en vuestra casa; aceptadla como Madre y Modelo. Ella os enseñará los senderos del Evangelio. Os hará conocer a Cristo y amar a la Iglesia; os mostrará el camino de la vida, os alentará en vuestras dificultades. En Ella encuentra siempre la Iglesia y el cristiano un motivo de consuelo y de esperanza, porque Ella precede con su luz al Pueblo de Dios peregrino en esta tierra, como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor" (Homilía en Belem. Brasil. 8 de julio de 1980).

PETICIÓN DE  JUAN PABLO II

"Desde la Cruz del Gólgota, Jesucristo nos entregó a su Madre para que fuera nuestra Madre. A Ella, la Santísima Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, le pedimos que nos ayude a mantener siempre esa unidad propia de los buenos hermanos, hijos de un mismo Padre que está en el Cielo" (Saludo a los fieles y campesinos de la zona central. Santuario Nacional de Maipú. Chile. 3 de abril de 1987).

TEXTO BÍBLICO. San Juan 16, 22

"También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os podrá quitar vuestra alegría".

REFLEXIÓN DE  JUAN PABLO II . María es la que mantiene la llama viva de la fe.

"Después de que Jesús es colocado en el Sepulcro, María es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección. La espera que vive la Madre del Señor el Sábado Santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en la oscuridad que envuelve el universo, Ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas" (Catequesis. Audiencia general de los miércoles. 21 de mayo de 1997).

PETICIÓN DE  JUAN PABLO II

"Salud de los enfermos y Consoladora de los afligidos, sed consuelo de los que sufren en el cuerpo o en el alma; sed luz de los que buscan a Cristo, Redentor del hombre; a todos los hombres, mostradles que sois la Madre de nuestra confianza" (Juan Pablo II. Homilía. Basílica Nacional de Aparecida. Brasil. 4 de julio de 1980).