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Libro Digital confeccionado
con el contenido de la Edición número 16 de "El Camino de María"
Oh Virgen
fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!: Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de
la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.


María,
Mediadora de todas las Gracias
7 de
noviembre
La fiesta
de María Mediadora de todas las Gracias la instituyó el Papa
Benedicto XV en 1921; en ella se nos invita a recurrir siempre con
confianza a esta mediación de la Madre del
Redentor..
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Acordaos, ¡oh piadosísima
Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los
que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra
asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido
desamparado. Animado por esta confianza, a Vos también
acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y gimiendo bajo el
peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia
soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes
bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén.
Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés delante del
Señor, de decirle cosas buenas de mí. "Recordare, Virgo Mater Dei,
dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis
bona".
(Oración
de la Misa de María Mediadora de todas de todas las
Gracias)

MARÍA MEDIADORA DE TODAS LAS
GRACIAS
Maternidad
espiritual de María
La Santísima
Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda
la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la Divina
Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino
Redentor, y en forma singular la generosa colaboradora entre todas
las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo,
engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre,
padeciendo con su Hijo mientras El moría en la Cruz, cooperó en
forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la
encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las
almas. por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia.
(Lumen
Gentium, 61)
María,
Mediadora
62. Y esta
maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia,
desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación,
y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación
perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos,
no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su
múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor
materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se
debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta
que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Santísima Virgen
en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora,
Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que
nada quite ni agregue a la dignidad y eficacia de Cristo, único
Mediador.
Porque ninguna
criatura puede compararse jamás con el Verbo Encarnado nuestro
Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de
varias maneras tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y
así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas
distintas en las criaturas, así también la única mediación del
Redentor no excluye, sino que suscita en sus criaturas una múltiple
cooperación que participa de la fuente única. La Iglesia no duda
en atribuir a María un tal oficio subordinado: lo experimenta
continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que,
apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al
Mediador y Salvador. (Lumen Gentium,
62)
MARIA
DISPENSADORA UNIVERSAL DE TODAS LAS GRACIAS
"La Santísima Vírgen es Dispensadora universal
de todas las gracias, tanto por su divina Maternidad: que
las obtiene de su Hijo, como por su Maternidad espiritual:
que las distribuye entre sus otros hijos, los hombres. Esto lo hace
subordinada a Cristo, pero de manera inmediata. Y ello por una
específica y singular determinación de la voluntad de Dios, que ha
querido otorgar a María esta doble función: ser Corredentora y
Dispensadora, con alcance universal y para siempre".
(Pío X, Encíclica
"Ad diem illum laetissimum" 4 de febrero
de 1904)
María es
nuestra mediadora, por ella recibimos, ¡oh Dios mío! tu
misericordia, por ella recibimos al Señor Jesús en nuestras casas.
Porque cada uno de nosotros tiene su casa y su castillo, y la
Sabiduría llama a las puertas de cada uno; si alguna la abre,
entrará y cenará con él (SAN BERNARDO, Homilía. en la Asunción de la
B. Virgen María, 2, 2).
Con todo
lo íntimo de nuestra alma, con todos los afectos de nuestro corazón
y con todos los sentimientos y deseos de nuestra voluntad, veneremos
a María, porque ésta es la voluntad de aquel Señor que quiso que
todo lo recibiéramos por María. Esta es su voluntad para bien
nuestro. Mirando en todo y siempre al bien de los necesitados,
consuela nuestro temor, excita nuestra fe, fortalece nuestra
esperanza, disipa nuestra desconfianza y anima nuestra
pusilanimidad. (S. BERNARDO, Homilía. en la Natividad de la B.
Virgen María, 7).
No le
faltaba a Dios, ciertamente, poder para infundirnos la gracia sin
valerse de este acueducto, sí El hubiera querido, pero quiso
proveerse de ella por este conducto (SAN BERNARDO, Homilía. en la
Natividad de la B. Virgen María, 17).
Aquello
poco que desees ofrecer, procura depositarlo en manos de María,
graciosísimas y dignísimas de todo aprecio, a fin de que sea
ofrecido al Señor, sin sufrir de El repulsa (SAN BERNARDO, Homilía
en la Natividad de la B. Virgen María, 18).
Ya no
parecerá estar de más la mujer bendita entre todas las mujeres, pues
se ve claramente el papel que desempeña en la obra de nuestra
reconciliación, porque necesitamos un mediador cerca de este
Mediador, y nadie puede desempeñar tan provechosamente este oficio
como María (SAN BERNARDO, Homilía para el domingo infraoctava de la
Asunción, 2).
María es
el tesoro de Dios y la tesorera de todas las misericordias que nos
quiere dispensar (SAN ALFONSO María DE LIGORIO, Visitas al Santísimo
Sacramento, 25).
Siempre
que tengamos que pedir una gracia a Dios, dirijámonos a la Virgen
Santa, y con seguridad seremos escuchados (SANTO CURA DE ARS, Sermón
sobre la pureza).
Las
madres no contabilizan los detalles de cariño que sus hijos les
demuestran; no pesan ni miden con criterios mezquinos. Una pequeña
muestra de amor la saborean como miel, y se vuelcan concediendo
mucho más de lo que reciben. Si así reaccionan las madres buenas de
la tierra, imaginaos lo que podremos esperar de nuestra Madre Santa
María (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 280).
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