Este poema inédito de Karol Wojtyla fue presentado
en exclusiva mundial el pasado mes de noviembre en Madrid, durante el Congreso
Católicos y Vida Pública. La Revista “Alfa y Omega” lo publicó también en su
edición del 24 de noviembre de 2005. A ellos, pues, corresponde el honor de
divulgar este hermoso poema, que ahora, como homenaje al Santo Padre Juan
Pablo II, inserta ECCLESIA DIGITAL.
MAGNIFICAT de JUAN PABLO
Adora, alma mía, la gloria de tu Señor, el Padre
de la gran Poesía, tan lleno de bondad. Él fortificó mi juventud con ritmo
admirado, mi canto, en yunque de roble, ha forjado. Resuena, alma mía, con la
gloria de tu Señor, Hacedor del Saber angelical, benévolo Hacedor. Apuro hasta
los bordes la copa de vino, con gratitud, en Tu fiesta celestial -cual un
siervo orante-,porque embelesaste extrañamente mi juventud, porque de un
tronco de tilo tallaste una forma rozagante.¡Tú eres el Maravilloso, el
Escultor de santos tallados!- Por mi camino hay muchos abedules y robles
numerosos.- Soy como un surco soleado, un campo sembrado, como una arista
joven y brusca de los Tatras rocosos. Bendigo Tu sementera, en Oriente y en
Occidente,¡siembra. Labrador, tu tierra, con generosidad! Que, por la
nostalgia y la vida, la juventud incipiente se vuelva un fecundo trigal, una
luminosa ciudad. Que te adore la felicidad, el misterio grandioso, me
hinchaste tanto el pecho con la voz cantante, permitiste en el azul hundir mi
pobre rostro y mandaste a mis cuerdas melodías incesantes. Porque en esta
melodía, cómo Cristo has aparecido. Mira delante -Eslavo las luces
sanjuaneras...El santo roble no perdió las hojas, tu rey sigue vivo, porque es
amo de su pueblo y sacerdote, y así era. Adora al Señor, alma mía, por la
corazonada sigilosa, por la primavera que entona los sentimientos góticos, por
la juventud ardiente, la copa de alegrías gozosas, por el otoño similar a
rastrojos y brezos melancólicos.¡Adóralo por la poesía; por la alegría y el
dolor! La alegría de dominar el azul y el oro, la eterna morada, porque en
palabras se encarne el gozo, el gran ardor, porque recoges esta madurez, esta
cosecha segada. El dolor es la tristeza vespertina de expresiones inefables,
cuando con el éxtasis ondeante nos abraza la Belleza, Dios se inclina hacia el
arpa -mas el rayo se quiebra en la vertiente rocosa-, las palabras no tienen
fuerza. Faltan las palabras. Soy como un Ángel caído, una figura en un
pedregal, en un pedestal de mármol; Tú le insuflaste nostalgia a la figura y
brazos esculpidos, por eso se alza, desea.
De estos ángeles soy. Y aún Te adoraré, porque en Ti está la hospitalidad,
premio por cada canto, el día de la idea santa y la alegría—vuelta canto del
himno a la maternidad, y la palabra silenciosa de fidelidad-. ¡Elí más cabal!
Sé bendito. Padre, por la tristeza del ángel, por la lucha del canto contra la
mentira, combate inspirado del alma y aniquila en nosotros toda la mezquindad
de la palabra, quebrántala, y la forma, como a un hombre mentecato que se
jacta Ando por tus caminos -yo, el trovador eslavo-.En solsticios toco música
a muchachas y peones, pero el canto de mi oración, con tonos modulados, lo
arrojo a Ti Único, a Ti en el trono de roble.¡Sea bendito el cantar entre los
cantares!¡De mi alma y de la luz, benditos sean los sembrados!¡Adora, alma
mía, a Él, quien cubrió con creces mi espalda con el terciopelo y el raso de
los potentados! Bendito tallador de santos, eslavo y profeta,-apiádate de mí-
soy recaudador de impuestos inspirado. Adóralo, alma mía, con canto, cercana
es la meta, para que el himno quede sonoro y consumado. Y que el himno sea:
¡Poesía! ¡Poesía! La semilla añora como el alma que sufre brechas, mis caminos
sean sombreados de robles y acacias, para que agraden a Dios las juveniles
cosechas.¡Libro Eslavo de Añoranzas! Al final sigue resonante, como de coros
de Resurrección, la primaveral música, con el canto santo y virgen, con la
poesía prosternante y con el himno de humanidad, el Divino Magníficat.