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Cum
Maria contemplemur Christi vultum!
Salve,
Reina del Cielo
y Señora de los Ángeles;
Salve raíz, salve puerta,
que dió paso a nuestra luz.
Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
Salve, agraciada doncella,
Ruega a Cristo por nosotros.
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Oh Virgen Inmaculada!
Dulce Madre Inmaculada en Ti se refleja para mí el Reino de Dios.
Tú eres
quien, en medio de mis dificultades, me enseña a amar al Señor. Frente al
enemigo, Tú eres mi escudo y protección.
Te suplico, oh Madre, la Madre de los cielos, de encender en mí el fuego
del amor divino, así como arde en tu Inmaculado Corazón desde que el Verbo se
hizo carne.
Oh Virgen, toda pureza y toda humildad, ayúdame a obtener una profunda
humildad. Amén.
Santa Faustina, Diario

"Ofrezco
a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la
Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la
firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327
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LA ORACIÓN DE MARÍA
SANTÍSIMA EN EL MAGNIFICAT
Newsletter 532
5 de septiembre de 2010


Soy todo tuyo y todas mis cosas Te
pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.



Oh Dios Padre
Misericordioso,
que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,
la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia
peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los
hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también
responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana,
convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en
ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que
te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum
Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te
pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del
cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y
de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos.
Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
25
de marzo al 25 de diciembre
VIA MATRIS
Contemplación y meditación de los 7 Dolores de la Virgen
Santísima
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La
Santísima Virgen María manifestó a Santa Brígida que
concedía 7 gracias a quienes diariamente le honrasen
considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete
Avemarías:
1.Pondré paz en sus familias.
2.Serán
iluminados en los Divinos Misterios.
3.Los
consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
4.Les
daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la
voluntad adorable de mi Hijo y a la santificación de sus
almas.
5.Los
defenderé en los combates espirituales con el enemigo
infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.
6.Los
asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán
el rostro de su Madre.
7.He
conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen
esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas
de esta vida terrenal a la felicidad eterna
directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y
mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría.
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En la comunidad cristiana la oración de María reviste
un significado peculiar: favorece la venida del Espíritu,
solicitando su acción en el corazón de los discípulos y en
el mundo. De la misma manera que, en la Encarnación, el
Espíritu había formado en su seno virginal el Cuerpo físico
de Cristo, así ahora en el Cenáculo, el mismo Espíritu viene
para animar su Cuerpo místico. Por tanto, Pentecostés es
fruto también de la incesante oración de la Virgen, que el
Paráclito acoge con favor singular, porque es expresión del
amor materno de Ella hacia los discípulos del Señor.
Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
Esta edición de
"El Camino de María", al
igual que la
anterior, está
dedicada a contemplar la Oración de María
Santísima en el Magníficat, con textos
catequéticos del Siervo de Dios Juan Pablo II y
del Santo Padre Benedicto XVI.
Les recordamos que a partir del 15 de
agosto de 2010, Solemnidad de la
Asunción de María Santísima,
pueden encontrar el detalle de todas las
ediciones de
"El
Camino de María"
del año en curso en nuestra dirección
en
Twitter:
http://twitter.com/MariaMediadora
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"...Durante
la oración en el Cenáculo, en actitud de profunda
comunión con los Apóstoles y con algunas mujeres, la Madre del Señor invoca
el don del Espíritu para Sí misma y para la comunidad.
Era oportuno que
la primera efusión del Espíritu sobre Ella, que tuvo lugar
con miras a su maternidad divina, fuera renovada y
reforzada. En efecto, al pie de la Cruz, María fue revestida
con una nueva maternidad, con respecto a los discípulos de
Jesús. Precisamente esta misión exigía un renovado don del
Espíritu. Por consiguiente, la Virgen lo deseaba con vistas
a la fecundidad de su maternidad espiritual.
Mientras en el
momento de la Encarnación el Espíritu Santo había descendido
sobre Ella, como persona llamada a participar dignamente en
el gran misterio, ahora todo se realiza en función de la
Iglesia, de la que María está llamada a ser ejemplo, modelo
y madre.
En la Iglesia y
para la Iglesia, Ella, recordando la promesa de Jesús,
espera Pentecostés e implora para todos abundantes dones,
según la personalidad y la misión de cada uno.
En la
comunidad cristiana la oración de María reviste un
significado peculiar: favorece la venida del Espíritu,
solicitando su acción en el corazón de los discípulos y en
el mundo. De la misma manera que, en la Encarnación, el
Espíritu había formado en su seno virginal el cuerpo físico
de Cristo, así ahora, en el cenáculo, el mismo Espíritu
viene para animar su Cuerpo místico.
Por tanto,
Pentecostés es fruto también de la incesante oración de
la Virgen, que el Paráclito acoge con favor singular,
porque es expresión del amor materno de Ella hacia los
discípulos del Señor.
Contemplando la
poderosa intercesión de María que espera al Espíritu Santo,
los cristianos de todos los tiempos, en su largo y arduo
camino hacia la salvación, recurren a menudo a su
intercesión para recibir con mayor abundancia los dones del
Paráclito.
Respondiendo a
las plegarias de la Virgen y de la comunidad reunida en el
Cenáculo el día de Pentecostés, el Espíritu Santo colma a
María y a los presentes con la plenitud de sus dones,
obrando en ellos una profunda transformación con vistas a la
difusión de la buena nueva. A la Madre de Cristo y a los
discípulos se les concede una nueva fuerza y un nuevo
dinamismo apostólico para el crecimiento de la Iglesia. En
particular, la efusión del Espíritu lleva a María a ejercer
su maternidad espiritual de modo singular, mediante su
presencia, su caridad y su testimonio de fe.
En la Iglesia que nace, Ella entrega a
los discípulos, como tesoro inestimable, sus recuerdos sobre
la Encarnación, sobre la infancia, sobre la vida oculta y
sobre la misión de su Hijo divino, contribuyendo a darlo a
conocer y a fortalecer la fe de los creyentes..."
(Juan
Pablo II Audiencia General . 28 de mayo de 1997)
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"¡Queridos hijos! Con alegría, también hoy, deseo nuevamente invitarlos: oren, oren, oren. Que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración personal. Durante el día busquen un lugar donde, en recogimiento, puedan orar con alegría. Yo los amo y los bendigo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 25/8/2010
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