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PEREGRINANDO EN LA FE CON  MARÍA

Editores de

"El Camino de María"

Mes de María 

Trigésimo día

Peregrinando en

la Fe con María"

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Fiesta de la

 Inmaculada

 

NUESTRA SEÑORA DE LORETO

Esta fiesta recuerda un hecho prodigioso. Se trata de la casa de Nazaret en la que vivió la Sagrada Familia, que el emperador Constantino y su madre Santa Elena encerraron en el siglo IV dentro de los muros de una amplia basílica. Al caer Palestina en poder de los musulmanes esta casa fue trasladada a países cristianos. Según la leyenda, el transporte fue efectuado por el aire a manos de unos ángeles que la condujeron a Dalmacia primero en 1291, y en 1294 a la ribera opuesta del Adriático, en Italia, entre un bosque de laureles de donde recibe el nombre de Loreto. En el siglo XIV se levantó en ese lugar la basílica que encierra la Santa Casa. Desde entonces Loreto, donde se venera también una imagen antiquísima de la Virgen, se convirtió en uno de los centros de peregrinaciones más extraordinario del mundo cristiano. Benedicto XV proclamó, en 1920, a la Virgen de Loreto "Patrona de la Aviación".
 
..

 

 

 

 

V Señor, ten misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, ten misericordia de nosotros
R. Cristo, ten misericordia de nosotros
V. Señor, ten misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, óyenos
R. Cristo, óyenos
V. Cristo, escúchanos
R. Cristo, escúchanos
V. Dios, Padre celestial
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Hijo Redentor del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Espíritu Santo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Trinidad Santa, un solo Dios
R. Ten misericordia de nosotros

 

 

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando
vuestro socorro, haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

 

Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés delante del Señor, de decirle cosas buenas de mí. "Recordare, Virgo Mater Dei, dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona". (Oración de la Misa de María Mediadora de todas de todas las gracias)

 

 

   MARÍA, SIGNO DE ESPERANZA CIERTA Y CONSUELO
PARA EL PUEBLO DE DIOS PEREGRINANTE

María, signo del pueblo de Dios

Entre tanto, la Madre de Jesús, de la misma manera que ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma es la imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el futuro siglo, así en esta tierra, hasta que llegue el día del Señor (cf., 2 Pe 3,10), antecede con su luz al Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza y de consuelo.(Lumen Gentium, 68)

María intercede por la unión de los cristianos

Ofrece gran gozo y consuelo para este Sacrosanto Sínodo, el hecho de que tampoco falten entre los hermanos separados quienes tributan debido honor a la Madre del Señor y Salvador, especialmente entre los orientales, que corren parejos con nosotros por su impulso fervoroso y ánimo devoto en el culto de la siempre Virgen Madre de Dios. Ofrezcan todos los fieles súplicas insistentes a la Madre de Dios y Madre de los hombres, para que ella, que asistió con sus oraciones a la naciente Iglesia, ahora también, ensalzada en el cielo sobre todos los bienaventurados y los ángeles en la comunión de todos los santos, interceda ante su Hijo para que las familias de todos los pueblos tanto los que se honran con el nombre de cristianos, como los que aún ignoran al Salvador, sean felizmente congregados con paz y concordia en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e indivisible Trinidad. (Lumen Gentium, 69)

 

 

 

El Santuario de la Virgen de Loreto se levantó en el siglo XIV. En su interior se encuentra la Santa Casa. Desde entonces Loreto se ha convertido en un extraordinario centro de peregrinación. Los muros de la Basílica con los años se fueron llenando de títulos y advocaciones a la Virgen, ellos dieron lugar a las "Letanías Lauretanas", que comenzaron a rezarse por primera vez allí y que fueron aprobadas por el Papa Clemente VIII en 1601.

La imagen de Nuestra Sra. de Loreto, se encuentra en el interior de la Casa, tiene una la túnica tradicional decorativa. El color oscuro de la imagen representa a la estatua original de madera, que con los siglos se oscureció con el hollín de las lámparas del aceite que se usaba en la capilla. En 1921 se destruyó la estatua original en un incendio, y otra similar fue colocada en el lugar.

 

CATEQUESIS DEL PAPA JUAN PABLO II

 

HOMILIA DEL SANTO PADRE DURANTE LA

VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE LA VIRGEN DE LORETO

 Domingo "in albis" -  11 deabril de  1999

María, Madre de la unidad y de la esperanza
 
 
Queridos hermanos y hermanas:
 

1. «A los ocho días (...) llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y dijo: "Paz a vosotros"» (Jn 20, 26).

En esta octava de Pascua, resuena el saludo de paz que Jesús dirigió a los Apóstoles el mismo día de su resurrección: «Paz a vosotros». Con su muerte y resurrección, Cristo nos ha reconciliado con el Padre, y a todos los que lo acogen les ha ofrecido el don valioso de la paz. Su gracia redentora los hace testigos de su paz y los compromete a convertirse en artífices de paz, acogiendo este don sobrenatural de Dios y traduciéndolo en gestos concretos de reconciliación y fraternidad.

¡Cuánta necesidad de auténtica paz tiene el mundo en este último tramo del milenio! Afecta a las personas, a las familias y a la vida misma de las naciones. Por desgracia, ¡cuántas situaciones de tensión y guerra perduran en el mundo, tanto en Europa como en otros continentes! Durante estos días, nuestros ojos están llenos de las imágenes de violencia y muerte que provienen de Kosovo y de los Balcanes, donde se libra una guerra con consecuencias dramáticas. A pesar de todo, no queremos perder la esperanza de la paz. Como santo Tomás y los demás Apóstoles, durante este tiempo pascual estamos llamados a renovar nuestra fe en el Señor vencedor del pecado y la muerte, acogiendo su don de la paz y difundiéndolo con todos los medios de que disponemos.

2. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de Santa María de Loreto en Castelverde, me alegra encontrarme finalmente en vuestra comunidad, que no pude visitar al inicio del pasado mes de febrero. Doy gracias al Señor por la oportunidad que me brinda de estar entre vosotros este domingo, llamado tradicionalmente «in albis». Comparto de buen grado con vosotros la alegría del tiempo pascual, expresada repetidamente durante estos días con las palabras del salmista: «Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal 118, 24)

 Dirijo un saludo cordial al cardenal vicario, al monseñor vicegerente, a vuestro querido párroco, don Patrizio Milano, y a sus colaboradores, así como a las religiosas Franciscanas de los Sagrados Corazones, a los miembros del consejo pastoral parroquial y a todos los componentes de los diversos grupos, asociaciones y movimientos presentes en la parroquia. Os saludo con afecto a todos vosotros, queridos feligreses, con un recuerdo particular para los pobres y los enfermos, que constituyen un auténtico «tesoro» de vuestra comunidad.

Sabéis bien que no es la primera vez que vuestra comunidad parroquial recibe la visita del Sucesor de Pedro. En efecto, mi venerado predecesor, el siervo de Dios Papa Pablo VI, de quien concluyó hace pocas semanas la fase diocesana del proceso de beatificación, os visitó el 5 de marzo de 1967: es una circunstancia que merece ser recordada. Su paso dejó una huella profunda en el corazón de las personas, pero también en la misma denominación del territorio, hasta entonces llamado Castellaccio. En efecto, el Papa, al ver la exuberante vegetación de esta zona, exclamó: «¡Debería llamarse Castelverde y no Castellaccio!». Y la administración municipal, acogiendo prontamente su propuesta, cambió el nombre del barrio.

3. Hoy, más de treinta años después de esa fecha, el Papa está nuevamente entre vosotros. Deseo que este encuentro sea una ocasión propicia para que todos intensifiquen su camino hacia Dios, gracias a una existencia cristiana más sólida, animada por la escucha constante de la palabra de Dios, vivificada por la práctica frecuente de los sacramentos y caracterizada por un genuino testimonio evangélico en todos los ambientes y en todas las situaciones.

Queridos hermanos y hermanas, el Señor resucitado os llama como individuos y como parroquia a anunciar su Evangelio con el mismo estilo de la comunidad apostólica descrito en la primera lectura de hoy (cf. Hch 2, 42-43). Así mostraréis el valor de la fe que os anima y la profundidad de vuestro amor a Cristo (cf. 1 P 1, 7-8). Y entonces seréis dichosos, según la promesa de Jesús (cf. Jn 20, 28), puesto que, aunque no tenéis la posibilidad de tocar, como santo Tomás, las señales de la crucifixión en el cuerpo del Resucitado, creéis en él y queréis ser sus apóstoles intrépidos y generosos.

En esta ardua tarea os sostiene la misión ciudadana, oportunidad providencial para la nueva evangelización. Sé que en vuestra parroquia habéis continuado laudablemente esa importante iniciativa apostólica también durante este año, visitando a las familias, potenciando los centros de escucha y procurando llevar a cada uno de sus habitantes el anuncio del Evangelio. Estoy convencido de que la misión no terminará con la celebración de la fase conclusiva en la solemne Vigilia de Pentecostés. ¿Cómo se podrían dejar sin respuestas adecuadas las numerosas expectativas que la misión ha despertado en el corazón de la gente? Muchas personas desean una vida cristiana más auténtica, y hay que alentar y sostener este anhelo con iniciativas espirituales y misioneras apropiadas. Os corresponde a vosotros prolongar esta extraordinaria experiencia apostólica, teniendo en cuenta las expectativas y los desafíos relacionados con vuestro barrio, que ha cambiado notablemente durante estos años.

Ya han pasado más de 45 años desde que, en 1953, se puso la primera piedra de la iglesia, bajo la protección de la Virgen de Loreto, tan querida a los habitantes de Las Marcas, región de la que provenía gran parte de los primeros habitantes de Castelverde. Gracias a Dios, con el paso de los años se ha alcanzado cierto bienestar, y muchos han tenido la posibilidad de construir una casa para su familia y sus hijos. Pero, junto con el progreso social, a menudo fruto de grandes sacrificios, han aparecido algunos fenómenos típicos de las sociedades de consumo. A veces se filtra cierta superficialidad en la vivencia de la fe. Existe el riesgo de un aislamiento en sí mismos, sin tener debidamente en cuenta los problemas de los menos favorecidos. Se siente la crisis de la familia, al mismo tiempo que los jóvenes esperan propuestas de vida exigentes, para no caer en una existencia mediocre y superficial.

4. El Señor resucitado nos llama a todos a un renovado esfuerzo apostólico. Id, nos dice a cada uno. Id, anunciad el Evangelio, y no tengáis miedo. Él está con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos. Fortalecidos por esta certeza, amadísimos hermanos y hermanas, no dudéis en ser apóstoles del Resucitado. Cada uno tiene la tarea de dar, en su nombre, un generoso impulso a los valores espirituales, como la fidelidad, la acogida y la defensa de la vida en todas sus fases, el amor al prójimo, y la perseverancia en la fe también en medio de las inevitables dificultades de todos los días. No olvidéis que es necesario redescubrir el gusto de la oración, para que el testimonio cristiano alcance el anhelado y vigoroso despertar. A este propósito, me congratulo con vosotros por la hermosa práctica de la oración nocturna, que tiene lugar en vuestra iglesia los primeros viernes de mes. Con ocasión del ya inminente jubileo, sería bueno que en todas las parroquias se realizaran iniciativas similares, para proponer a los peregrinos que lleguen a Roma una ocasión de auténtica espiritualidad.

Encomendemos a la Virgen de Loreto, protectora de vuestra parroquia, no sólo el éxito de este encuentro, sino también las expectativas y los proyectos de toda vuestra comunidad parroquial. La Virgen os proteja y os inspire pensamientos de paz y reconciliación, para que siempre sepáis dar razón de vuestra esperanza. Ella asista a las personas que viven en el barrio y a la comunidad de los marquesanos residentes en Roma. Virgen de Loreto, ¡ruega por nosotros!

MARÍA ES MI MADRE!
 
 
 
María es mi Madre!
Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico que me proporciona.
Ella es mi Madre!
Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón.
La escucho y su palabra me instruye.
La miro y su belleza me alumbra.
Ella es mi Madre!
Si estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende.
Ella es mi Madre!
Si enfermo me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
Ella es mi Madre!

En la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Ella es mi Madre!
Cuando voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.
Cuando le pido favores, me protege.
Ella es mi Madre!
Si soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la eterna corona.
Ella es mi Madre!
Que buena es María, que dulce y hermosa es!
Ella es mi Madre!

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !

AGNUS DEI
 
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
- Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
- Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
- Ten misericordia de nosotros.

ORACIÓN

 
Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

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