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Editores de
"El Camino de
María"


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Acordaos,
¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando
vuestro socorro, haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

La Santísima Virgen cooperadora en la obra de la
Redención
La
Santísima Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del
Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio
de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre
del Divino Redentor, y en forma singular la generosa
colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del
Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo,
presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo
mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo
singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida
caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas.
por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia (Lumen
Gentium, 61)
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